Quiero creer que somos un destino

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Capítulo dos

Frente a nosotros estaba una pequeña tarima en medio de la cancha principal, seguido de las autoridades del colegio que estaban dando los últimos detalles y comprobando si el sonido del micrófono se escuchaba perfectamente por los grandes y ruidosos parlantes puestos alrededor de la cancha. Tapé mis oídos al pasar alado de ellos mientras que muchos de mis compañeros me empujaban, en busca de su posición para formarse.

Había minuto cívico este día, para dar una breve noticia que parecía importante y conmemorativa. Froté mis manos para dejar de sentir frío y miré a Adriana, que observaba a otra parte en busca del ojiazul. Ni siquiera había preguntado que tal le fue, seguramente estaba molesta conmigo por dejarla sola y no acompañarla.

Todo se aclaró cuando él se acercó y la saludó alegremente con un movimiento de su mano, seguido del empujón de uno de sus compañeros de forma amistosa. Su risa era suave, pero muy atractiva para mi embobada amiga que ni se dignaba en quitarle los ojos de encima. Sonreí.

Tuve que jalarla del brazo para que se posicionara a mi lado y despertó de distracción. —¿Qué? ¿Cuándo? -murmuró, desorientada y negué con la cabeza.

—Tranquila, nadie te lo quitará. -trató de entender mis palabras y bajó la vista, avergonzada. —No conocía ese lado tuyo…

—Es que él… no sé, algo me hace parecer una idiota a su lado.

—Apenas lo conoces. -asintió. —Deberías ser su amiga, podrían llevarse bien.

—Pero yo no quiero ser su amiga, quiero agarrar su rostro y estamparlo contra mis labios y…

—Dios, para. -la callé y rió, divertida.

—Se llama Sebastián, Sebastián Melville. Acaba de llegar a la ciudad y le llamé su atención. -habló completamente emocionada que sus ojos verdes destellaron un brillo muy bonito. Estaba ilusionándose y eso me preocupó. La conocía lo suficiente para saber que imaginaba un futuro a su lado apenas lo conociera y suspiré. Mis dotes de psicología barata no servían mucho en ella.

Terminarnos por formamos, cerca de unos amigos que no paraban de hablar del partido de fútbol u otros de basquet. Ignoramos esos temas centrándonos en las personas de las tarimas y alguien que aún no le permitían salir del departamento de inspección.

Quería decirle a Adriana lo que pasó ayer cuando volví a ver a aquel chico desconocido, sin embargo, lo consideré como algo aburrido que relatar y terminé por guardármelo.

El micrófono hizo un sonido horrible, obligándonos a taparnos los oídos y la voz de la inspectora llamó nuestra atención, saludando y diciendo sus típicas palabras de aliento en este año y cosas por el estilo. A la tarima subió una persona nueva, que su rostro se me hacía familiar, pero no dejaba mostrarse del todo.

Achiqué mis ojos, tratando de identificarlo y cuando quedó de frente, Adriana y yo nos miramos con total asombro, seguido del nombre de él.

“Javier Cuenca, el nuevo rector del colegio.”

La expresión de Adriana no pasó desapercibida de nadie, mucho menos cuando todos los de nuestro salón se les hizo familiar el apellido y su aspecto. Los hermanos Cuenca poseían rasgos similares y la relacionaron con ella de inmediato. Se volvió un tomate viviente. Su hermano sería nuestro nuevo rector en lo que restaba del año.

◘◘◘◘◘

—¿Quién dijo que les haría la vida imposible cuando tengo a mi hermana? -bromeó, soltando una risotada que resonó en su amplia oficina y suspiré, mirándolo divertido mientras que Adriana se cruzaba de brazos.

—Ya está, Javier. ¿Por qué no me dijiste que planeabas trabajar en el colegio?

Su pregunta me resultó interesante. —Porque me indicaron que viniera a este colegio, pasé unas pruebas y, pues, por cosas del azar del destino estoy aquí. -explicó, sin hablar profundamente y entendimos que no podíamos saber todo del otro ahora.

Me dedicó una sonrisa tranquila, notando el verde oscuro en sus ojos al igual que su hermana. Le devolví la sonrisa, hace mucho tiempo que no lo veía por el trabajo y yo por el colegio. Habíamos crecido mucho, nuestra amistad no había cambiado mucho. Lo conocí cuando yo era niña y él un adolescente, nunca imaginé que nuestra amistad duraría a pesar de los obstáculos. Sin pensar que un día lo vi como un amor imposible, pero esa idea fue descartada, creo que lo admiraba y a Adriana por tener un hermano tan honesto como él.

Nos mandó botando, literal, de su oficina para marcharnos al receso y suspiré. Nos encaminamos hasta los puestos y pensamos en lo que iríamos a comer. Toqué mi bolsillo secreto de mi falda y empecé a contar el dinero que había traído, debía alcanzarme para un miserable jugo.

Adriana estaba pensativa, tuve que chasquear mis dedos frente a ella para sacarla de su mente. —¿Estas bien?

Asintió. —Solo que… estoy algo sorprendida. -musitó y acordé con ella. Dirigí mi vista al frente y parecía haber visto a Sebastián, pero Adriana no le dio importancia ahora.  —Siempre bromeó sobre el tema, desde pequeña me burlaba y cuando me enteré que había entrado a estudiar para ser docente, no me lo creí, no hasta después de unos años cuando vino con un título en mano, diciendo “lo logré”.



Kerlly Rodríguez

#3566 at Romance
#1870 at Fantasy

Text includes: juvenil, drama, amistad

Edited: 04.01.2019

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