Quiero creer que somos un destino

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Capítulo seis

Al día siguiente me desesperé por encontrar a Adriana y pedirle miles de disculpas, ¡hasta comprarle lo que sea en el comedor para no sentirme tan mal! Petición que dejó pasar al momento de encontrarla y me perdonó, diciendo que ya era algo típico en mí y que no le importaba, para algo el destino nos convirtió en amigas y temblé.

Donde sea que fuera, esa palabra me perseguiría.

Teníamos hora libre, sin profesores que vigilarnos y Adriana me obligó a seguirle hasta las canchas. Intenté llamar su atención de su perfecta vista de Sebastián que hacía educación física, y dudé si contarle que había vuelto a ver a mi padre. Me acomodé en lo alto de los graderíos junto a ella, bufando.

Quizás estos problemas no eran importantes, pero su promesa que me hizo jurar de decirle cualquiera cosa que me atormentara pasó por mi mente y aclaré mi garganta. —¿Sabes? Volví a ver a mi padre ayer…

—Ahora entiendo tu mal humor. -soltó, sonriendo y giró su rostro hacia a mí, restándole importancia a los sorprendentes goles de Sebastián al arco. —¿Hablaron? ¿Te dijo algo feo?

Bajé la vista, jugando con mi pulsera. —Peor, lo vi junto a su nueva familia, creo que tengo un hermanastro.

Fue suficiente para desencajar su rostro a una mueca de sorpresa, mirándome horrorizada. —Pero ¿qué? ¡Cómo pudo hacerles esto! ¿Le has contado a tu mamá?

—Si le cuento, su corazón de destruirá y recaerá al vicio, no quiero que esté así luego de batallar para salir adelante y estar donde está. Pronto será ascendida en su puesto de trabajo.

»Y además, si puede ya que nos dejó.«

—Lo entiendo, pero deberías decirle pronto. -asentí, sonriendo para restarle importancia a la gravedad.

—¿Y bien? ¿Hay un progreso? -cambié de tema, incordiando mientras señalaba al chico que ella gustaba. Su rostro adquirió un tono rojizo leve y negó un montón de veces, volviendo a mirarlo con sentimientos encontrados en sus ojos verdes.

No me gustaba ver a mi amiga toda ilusionada, vería la forma de hablar con Sebastián a solas y preguntarle sobre sus intenciones en mi amiga. Él se acercó primero mientras que Adriana solo lo admiraba de lejos, eso no se llama una simple coincidencia. Había algo más desde mi punto de vista.

Como si el chico se sintiera observado, —literal, ambas fijamos nuestros ojos en él—volteó a mirarnos y palidecí, escondiéndome tras la pantalla de mi celular mientras que mi amiga no sabía ni dónde mirar, tragándose su vergüenza para alzar su mano y saludarlo. Él hizo lo mismo y yo miré como él esbozaba una sonrisa.

—¡Este gol es para ti! -gritó y abrí la boca, asombrada.

Oh por Dios, alguien va a desfallecer a mi lado.

Adriana no resistió más, zarandeándome de un lado cuando nos dejó de mirar y suspiré. Aquí íbamos de nuevo.

Nuestras compañeras, algunas que nos habían seguido, echaban miradas asesinas a mi mejor amiga y tuve que defenderla con mi vista fija en ellas, diciendo que no se metieran. No fue muy bien aceptado, pero, al menos, dejaron de observarla.

—Esto es la mejor cosa de la semana luego de enterarme que mamá se iría de viaje por trabajo.

—¿De trabajo? ¿Y cuándo pensabas decírmelo? -soltó una risita inocente. —Adriana Cuenca, más te vale que me digas lo que sucede, la promesa es entre ambas.

Más tarde me lo dijo todo, con lujos y detalles y comprendí mejor la situación. Intenté hablarle de Alexander, pero no pude.

No sé si estaba fallándole en ocultarle esto, pero algunos secretos no se podían revelar todavía.

◘◘◘◘◘

—¿Vas a casa? Te acompaño. –Adriana llegó a mi lado y sonreí agradecida. —¿Es por allá? -señaló el otro lado.

—Sí, pero hoy planeaba desviarme por otro lado. Mejor ve a tu casa que tu hermano está observándonos desde la puerta. –murmuré por bajo, ella volteó a su espalda y se exaltó, seguramente tenía más cosas por hacer al verla refutar. —Suerte.

—Odio tener que ayudar a mi hermano. –rodé los ojos divertida, ella se marchó. Mentía, ella amaba pasar tiempo con él.

Así como en la infancia yo los adoraba y adoro verlos juntos. Me recordaba a mí y Gabriela, aunque ella era muy pesada, sin embargo, la apreciaba tanto que no sabría qué haría si le pasara algo, el amor entre hermanos era tan difícil de explicar y solo bastaba con demostrarlo para que sea genuino.

Desvié mi camino, tal cual le dije a Adriana, en dirección al parque. Supongo que quería pensar un rato sobre los acontecimientos pasados y ver el modo de volver a encontrar a Alexander. A esta hora también saldría de su colegio, el cual no he preguntado.

Di un paso atrás, girando y choqué con alguien más que iba a entrar, solté un quejido al pisar mi pie y lo miré. Alexander parecía algo penoso. —¡Lo siento! -gritamos al unisonó y reí.



Kerlly Rodríguez

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Text includes: juvenil, drama, amistad

Edited: 04.01.2019

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