Quiero creer que somos un destino

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Capítulo siete

El calor que hacía parecía derretir un hielo en cuestión de segundos, más fuerte que otras veces. Odiaba el clima tan cambiante de la ciudad y estaba segura que en la noche haría un frío del demonio. Me dirigí a la sala en busca del ventilador y mi hermana lo tenía para ella sola mientras revisaba unos papeles. Gruñí, buscando el refrigerador para sacar la limonada y beber un trago.

Toda mi piel se sentía pegajosa, preferí irme a duchar en vez de refrescarme con el aire artificial. Volví a mi habitación y me desvestí, corriendo al baño para deleitarme un poco del agua fría.

Luego de quince minutos me sentí mejor y más ligera, sentía las gotas de agua de mi cabello mojar mi blusa. Empecé a buscar la secadora en la mesita cerca de la ventana y apenas moví las cortinas cayó una nueva carta. Dejé a un lado la secadora y la agarré.

Giré mi cabeza hacia el escritorio y me encargué de buscar la misma carta, pero esta seguía ahí. Era distinta y comencé a asustarme. ¿Qué significaba que me enviarán esas cartas? Dije que me reservaría esto, pero también quería decírselo a alguien más por si me llegaba a pasar algo malo.

La abrí, rasgando un lado de esta e identifiqué una caligrafía antigua, pero entendible. Me recordaba a la carta de antes. Aclaré mi garganta antes de leerla.

"No te asustes por lo desconocido, suele ser muy sorprendente para alguien curioso como tú, Micaela.

Sus espíritus son muy perspicaces para dejar alado lo que acontecía en sus vidas. ¿Lista para la siguiente pista?

Él estará esperando lo mismo que tú, una respuesta.»

Arrugué la hoja en mi mano, restándole importancia y la junté con la primera. Este juego me estaba cansando y tenía en mente que no debía temer, controlé mi curiosidad durante mucho tiempo. ¿Por qué el destino? ¿No pudo ser una carta de un posible acosador? ¿O lo es?

Un hombre no puede ser, su letra, aunque un poco a lo antigua, parecía muy bonita y cuidadosa. No era que discriminara, sin embargo, todo indicaba que era una mujer detrás de todas estas palabras y que creía en el dichoso destino.

Me senté en mi escritorio y comencé a teclear la palabra “destino” en el buscador. Miles de resultados saltaron ante mis ojos, di clic al primer enlace, leyendo en silencio su significado.

“Es el poder sobrenatural inevitable e ineludible que, según se cree, guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido, de forma necesaria y fatal, en forma opuesta a la del libre albedrío o libertad.”

Odiaba Wikipedia por no darme algo más concreto.

Pasé durante diez minutos buscando más respuestas, busqué los casos de un posible destino. Algunas eran películas, libros u relatos antiguos. Canciones…

Apagué el monitor y sobé mis cienes, ¿por qué me empeñaba en busca sobre esto? Dije que iba a controlar mi curiosidad y lo primero que hice fue romper mis palabras y buscar el maldito significado sin dar con algo que me aliviara.

Escuché el sonido de una alarma y levanté mi cuerpo, girando sobre mi propio eje en busca de mi celular. No recordaba programar nada para esta tarde o alguna salida. Jalé las sabanas de mi cama, no estaba en ella. Busqué por encima de mi cómoda y en el escritorio. Fui a dar con mi mochila hasta vaciarla sobre mi cama y el móvil cayó. Apagué el horrible sonido y revisé lo que tenía que recordar.

“Comprar los materiales de química para mañana”. Contuve mi respiración mirando la hora, las tres y media. ¡Podía ir a comprar a tiempo!

Comprar todo a última hora era mi hobby favorito.

◘◘◘◘

Regresé a casa pasadas las cuatro y media, rendida de andar de un lado a otro para buscar lo de la lista y distrayéndome al ver unos jeans bien bonitos. No podía gastar mi dinero en ellos lamentablemente. Intenté tomar el bus, sin embargo, ya no tenía para mi pasaje y me regresé a pie.

Atravesé el parque para hacer un poco más cómodo mi regreso y por lugares transitados, un par de vecinos me saludaron y solo pedía a mis piernas aguantar un poco más para ir a casa y descansar por fin.

—¡Ten cuidado! -un chico gritó y bajé la mirada, avergonzada. Ni siquiera me percaté que estaba distraída y casi lo hago caer de su bicicleta. Mi rostro cambió al reconocer a uno de mis antiguos vecinos que jugaba de niña.

Parecía estupefacto, al igual que yo. Adelanté mi paso con total indiferencia y me insistí en caminar más rápido, él no me siguió.

Un alivio recorrió mi cuerpo cuando no me reconoció, aunque no hice el ameno de asegurarme de que fuera él.

Los recuerdos se acoplaron en mi mente, sacudí mi cabeza para despejarlos. Ahora no era momento de recordar malos momentos de mi infancia.

—¡Mica! -me detuve de golpe, asustada. Giré mi rostro como loca a todos lados, sin hallar el dueño del grito.

Quizás lo imaginé…

—¡Mica, arriba! -volví a girar mi rostro, hasta mirar al árbol de siempre y sus ramas. Ni siquiera sabía que estaba cerca de la salida ni mucho menos que Alexander estaba trepado, admirando la vista y mirándome a mí fijamente con una sonrisa adornando su rostro. Me acerqué hasta llegar al tronco y alcé mi vista. —Oh, de cerca te ves mucho mejor.



Kerlly Rodríguez

#3526 at Romance
#1855 at Fantasy

Text includes: juvenil, drama, amistad

Edited: 04.01.2019

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