Quiero creer que somos un destino

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Capítulo ocho

—Hoy te tengo un plan. -Adriana llegó a mi banca rápidamente y ni tiempo me dio a sentarme. Acababa de ingresar al salón y me dediqué a observarla con atención. Alternó sus ojos en mí y luego a sus manos, que jugaban sobre su regazo. —¿La aceptas o no?

—Ni siquiera me lo has dicho, ¿de qué trata?

Soltó un exasperado suspiro. —Sebastián y yo vamos a salir hoy, luego de clases.

Parpadeé, riendo pícara. —Está bien, ¿qué pasa con eso?

—Necesito que vengas conmigo. -soltó y negué inmediatamente, perturbándome por imaginarme ahí.

¿Estar con ellos? Sabía dónde llevaba esto y me convertiría en la violinista en su supuesta cita. Miré a mi mejor amiga y solo hizo un mohín, rogando que fuera con ella al juntar sus manos. Hice una mueca con total reproche, no quería ir. Había muchas opciones de que fuera ignorada o, peor, que me dijeran "puedes irte si gustas".

Claro, ya empezaba a estorbar.

—¿Y bien? -miré hacia la puerta, buscando una excusa para no responder. —¡Mica!

—No quiero ir...

—Le dije que, si podía traer a una amiga y dijo que sí, era una salida. -con sus palabras me dijo que no se trataba de una cita, pero no iba a ceder tan fácil. —Por favor. –alagó la "o" y fruncí mis labios.

Accedí luego de pensármelo por dos minutos.

La voz prepotente del profesor de sociales nos hizo acallar cualquier ruido que perturbara su alrededor, hasta nuestras respiraciones y de verdad, yo si temía a ese profesor. Era tan capaz de dominarnos por completo que no pretendía sacarlo jamás de sus casillas, no sabía cómo era enojado. Se paró frente a toda la clase con determinación y nos observó. Adriana y yo nos miramos con temor a que existiera una queja de nuestro curso, él siempre nos corregía.

—Buenos días estudiantes. –todos coreamos un "buenos días". —Esta clase será distinta que otras veces, a decir verdad, unos estudiantes vendrán a dar una breve explicación sobre la materia por formar parte de las sus prácticas. Así que silencio.

Tras la "breve" explicación —ni siquiera sabía si lo era—, miré a Adriana con sospecha de que sería el curso donde estaba Sebastián al observar su reflejo por la puerta, ella lo notó también. Aunque Sebastián estaba muerto de los nervios detrás de su compañero, que parecía más seguro que el resto. Nos miró a ambas y pedía a gritos que no se burlaran. O bueno, a mi amiga le hablaba mentalmente, porque yo no captaba nada de sus miradas.

Al cabo de una hora de clases que expusieron, seguido de varias preguntas que ninguno quiso contestar, el profesor nos dio la siguiente hora libre y se fue. Sentí como el ambiente pesado se alivió y el peso de mis hombros ya no estaba. —Por Dios... ¿cómo puede existir un profesor así?

—Nunca tuvimos uno así en nuestras vidas. –murmuré y Adriana asintió. Me preguntaba si Alexander tenía uno así. Sacudí mi cabeza al acordarme de él.

—Aquí estas. -murmuró alguien a mi espalda y giré, pensando que me hablaba a mí, pero no. Sebastián no me miraba a mí, sino a mi mejor amiga e intenté escapar del salón antes de que recordaran su salida. Todo se terminó cuando sentí un agarre de mi brazo y una mirada incómoda de Adriana, pidiéndome que me quedara.

La maldita salida.

—He quedado con alguien ahora que lo recuerdo. -mentí, con el pretexto de no ir.

—No molestas que salgas con nosotros, tranquila. -apoyó, en sus ojos también estaban los nervios y me quejé internamente. Aparte de que me embobé con sus ojos bonitos, más los de mi amiga, y los míos que eran normalitos, me sentía más quejona que de costumbre.

Asentí lentamente y ambos me agarraron de ambos brazos, sacándome del salón para dirigirnos al... ¿parque? ¿Acaso iban a tener su cita ahí? Bueno, no los culpaba, sin duda alguna hubiese escogido ese lugar como un comienzo.

◘◘◘◘◘

Llevábamos media hora caminando en círculos por el parque, ella dijo que parecía una perfecta idea visitar nuestro antiguo sitio de juegos de niños y más me encorvé. Ambas nos sorprendimos al saber que Sebastián también lo conocía a la perfección y en un instante que pasamos cerca de aquel árbol, su vista fue a él de inmediato, nadie estaba ahí para que lo observara fijamente.

Ni siquiera Alexander, me preguntaba qué le había pasado.

Solté un bostezo que llamó la atención de Adriana. —Mica, ¿quieres comer helado?

Le di una mirada de incredulidad, ¿estaba con ánimos de comer helados cuando me provocaron a venir aquí? Solo quería ir a mi casa y tirarme a mi cama y dormir, repitiéndome nunca más aceptar ir a una cita de dos y ser de violinista. Miré otra parte para intentar tranquilizarme y sentí que unas manitos pequeñas se aferraban a mí con temor y bajé mi vista.



Kerlly Rodríguez

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#1865 at Fantasy

Text includes: juvenil, drama, amistad

Edited: 04.01.2019

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