Quiero creer que somos un destino

Font size: - +

Capítulo once.

Capítulo especial.

Alexander.

Respiré por última vez, mirando el marco de fotos reposar sobre el armario. Ya eran dos años, dos años desde que ya no estaba aquí, conmigo. Su rostro sonriente me recibía diariamente y me conformaba con eso, seguiría viva en mi memoria y corazón. Su partida dolió, pero superé y agradecí porque ella ya no sufría más en este mundo.

Mi sonrisa fue devuelta por alguien más, me gustaría decirle cuánto le agradecía por volver a hacerme sonreír de nuevo. Y contarle a mamá la gran chica que había conocido.

Crucé la sala, topándome con mi padre. Vestía formal como de costumbre, seguramente otra reunión de negocios, ¿acaso no recordaba que día era hoy? ¿No iba a hacerle un espacio en su agenda para ir a visitarla?

Desvié mis ojos de él, dirigiéndome a la salida y escuché su voz, deteniéndome. —¿A dónde vas? -inquirió, su voz molesta empezaba a ser costumbre. No le gustaba que pasara mi día entero fuera.

—Es asunto mío, métete en tus sagrados asuntos.

—¿Vas a visitarla? -mi silencio fue mi respuesta. Sus pasos resonaron en el piso y me apresuré en salir. —Lo siento, yo no podré ir y...

—Basta de excusas baratas. -murmuré, antes de salir y trotar lejos de mi casa.

Mamá estaría molesta por vernos pelear, pero ya nada se podía hacer. Nunca tuvimos una buena relación de padre e hijo, por más que me esforcé en demostrarle orgullo, ni eso ayudó.

Restregué mis manos en mi cara, intentando tranquilizarme y un silbido me quitó de mis pensamientos, me hice a un lado por acto reflejo y una bicicleta, a toda velocidad, se abría paso entre las demás personas que caminaban por la acera. Resté importancia y tomé la ruta que me llevaría al cementerio.

Tardé veinte minutos en caminar para llegar al lugar poco frecuentado, visité a la misma señora que vendía flores y compré una rosa malva* de siempre, la señora me sonrió con un gesto de pena antes de dejarme ir. Desde la primera vez que vine aquí me ofreció este tipo de flor para llevarle a mi madre y creo que empezaba a comprender su significado.

Busqué por todos los senderos el camino que me llevaría hasta su lápida y la encontré. Coloqué la flor en el suelo mientras lo limpiaba y sonreí con cierta tristeza. Deposité la flor sobre su nombre.

—Otro año más. -susurré.

Me senté a un lado, aquella costumbre que siempre tenía al venir y empecé a hablarle de todo lo que he hecho estos días. Me sentía algo mejor hablarle, aunque sea al aire, así descargaba lo que pensaba y sentía.

No me gustaba recordar el motivo de su muerte, solo los buenos momentos que pasamos juntos como una verdadera familia. Cuando mi padre se enorgullecía de mí, sea la mínima cosa. Como le dedicaba canciones a mamá y sus aniversarios. La eterna sonrisa que no se borraría de mi mente cada vez que fracasaba en algo y ella estaba para no dejarme caer.

Eran tantas cosas que hizo por mí y no pude devolverle a tiempo.

Hablé de Micaela, pronunciar su nombre me causó vergüenza y sacudí mi cabeza. Aclaré mi garganta y comencé a relatar la manera en que la conocí y la pena se acentuaba aún más.

¿Qué provocaba esta chica en mí? Me ponía muy nervioso.

Intenté hablar de cosas triviales, pero siempre me desviaba y le contaba sobre la manera en que me hablaba, sus hermoso rasgos, tan simples y tan únicos. Dios, estaba perdiendo la cabeza.

Decidí tomarme un descanso y meditar en silencio, con la brisa fría y el silencio de aquel cementerio que no parecía nada agradable.

Tras una hora y media de estar ahí, decidí irme y prometer que vendría pronto. Salí del cementerio y me di cuenta que la señora de las flores ya no estaba, había cerrado. El cielo estaba oscureciendo, ya era momento de regresar.

Pasé cerca del parque y luego por mi casa, vacilé si entrar y encontrarme completamente solo. Observé la hora en mi reloj y faltaban pocos minutos para las siete. Debatí si ir al parque o entrar.

Hoy haría lo que mis deseos querían, ir al parque.

Atravesé la entrada y observé mi alrededor. Estaba algo desolado, algunas personas paseaban por él con mucha seguridad, así mismo que varios vendedores ambulantes y niños. Observé el área verde con mucha atención, temiendo que desapareciera.

De repente me sentí muy entristecido. ¿Por qué este día tenía que ser así?

Ver a esos niños con sus padres, juntos y alegres, me provocó una tremenda tristeza hasta doler mi pecho. Dirigí mis pies hacia el árbol, asegurándome de que no hubiese nadie cerca y me senté. Mi celular sonó y descolgué.

—¿No vas a venir? -la voz de mi padre me hastío. Rasqué mi barbilla, debía rasurarme ahora que me percataba.

—Después.

—Es tarde, Alexander. No debes estar fuera menos este día.



Kerlly Rodríguez

#3539 at Romance
#1860 at Fantasy

Text includes: juvenil, drama, amistad

Edited: 04.01.2019

Add to Library


Complain