Quisiera Odiarte, Pero Me Empeño en Amarte

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Capítulo 6: Cerrando Ciclos

Natalie

      16 años de edad…

Toda la secundaria está realizando la cuenta regresiva. Estoy en medio de Leila y Adeline, todas con el uniforme formal del instituto; con los ojos cubiertos de lágrimas por los videos de despedida que acabamos de observar. Solo estamos esperando que pasen los minutos para escuchar esa última campanada que nos indicará que todo este trayecto ha llegado a su fin. Dando inicio a una nueva etapa y también despidiéndonos de esta maravillosa etapa.

¡Cinco!

La cuenta regresiva acaba de comenzar. Nuestro grupo, El Team, está amontonado en el centro del instituto. El bromista del salón diciendo por lo bajo bromas para aligerar el ambiente, mientras que los miembros de otros grupos comenzaron a unirse a nosotros para que en el último momento gritemos nuestro cantico significativo. Como la familia que somos.

– Es increíble que hace cinco años éramos solo cinco personas, míranos ahora – Murmura Leila a mi lado sonriendo – Hemos cambiado.

¡Cuatro!

– Éramos cinco personas con un pensamiento en conjunto – Respondo sonriendo – Ahora somos uno con personas que valen verdaderamente la pena.

¡Tres!

– Ustedes son el mejor grupo que pude desear – Dice Adeline entre lágrimas sonriéndonos a todos – No los cambiaría por nada.

¡Dos!

– Somos una familia – Dice Anthon mirándome a los ojos, los suyos están levemente cristalinos – Así que prométanme que no perderemos el contacto. ¡Por El Team!

– Lo prometemos – Decimos todos al unísono con una lágrima corriendo por nuestras mejillas – ¡Por El Team!

¡Uno!

Ese momento.

El instante donde escuchas la última campanada, donde tus amigos comienzan a gritar que lo han logrado. Cuando notas que es momento de cerrar ciclos y no puedes hacer otra cosa que no sea llorar por los buenos recuerdos que te llevas de cada uno. Ese es el momento que estoy viviendo ahora, cuando todos nos fundimos en un gran abrazo y celebramos que ahora somos bachilleres, cuando aceptamos la llegada del ciclo de la universidad.

Ahora es donde comenzamos a vivir realmente.

Amo a mi grupo, lo digo ahora y siempre. Muchos han podido escoger su grupo de la secundaria. Algunos ni tienen, pero yo tengo la fortuna de haber encontrado a estas personas maravillosas. Cuando viví cinco años a su lado cubierto de alegrías y sorpresas. No cambio ningún día por muy malo que sea, y si pudiese viajar al pasado estoy dispuesta a vivir esta experiencia de nuevo.

– ¡Promo! ¡Promo! ¡Promo!

Continúe el canto de nuestra promoción con alegría mientras saltábamos y fue cuando mi mirada se perdió en la de él. Mientras todos sonreíamos y lloramos él parecía estar abstraído del mundo a su alrededor, sonreía de forma suave; el hoyuelo en su mejilla se hacía presente.

Y yo debo estar lo suficientemente enamorada, porque en este momento todo para mí es perfecto. Su cabello está peinado hacia atrás en su tonalidad oscura que me encanta, la piel morena siendo iluminada por la luz de la tarde, y sus ojos. ¡Dios! Esos ojos me miran con un brillo de tristeza que me mantiene hipnotizada, tanto por curiosidad como por miedo ¿Por qué tiene esa mirada?

– ¡Oh mierda!

Desvío mi mirada de la de Daniel para mirar a Leila con confusión y ella solo me mira preocupada.

– ¿Qué…?

Allí es cuando ocurre, señores. Cuando observo como el chico que amo recibe a su pareja con una amplia sonrisa levantándola del suelo, cuando mi mirada se encuentra con la de él en medio del abrazo de ambos, mis ojos se cubren de lágrimas haciéndole saber lo mucho que me duele esta situación y lo peor es el momento en que siento como mi corazón se rompe.

El momento donde ellos se besan, arruinando de esa forma mi último timbre de secundaria.

– Nat…

– No, Leila – Digo con un nudo en la garganta mirando a mi amiga con mis lágrimas cubriendo mis mejillas – No digas nada, por favor.

– Lo lamento, Nat – Dice ella abrazándome de forma consoladora.

– Quisiera odiarlo, Leila – Lloro enterrando mi rostro en su pecho – En serio quiero odiarlo, pero mi terco corazón se empeña en amarlo y no hace más que lastimarme.

– Dale tiempo al tiempo – Murmura ella. Siento una gota de agua en mi mejilla sorprendiéndome, ella estaba llorando también – El tiempo lo cura todo.



Laczuly0711

Editado: 27.06.2019

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