Química Irresistible ©

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1.

 

Capítulo 1: Problemas Administrativos.

 

 

ROSIE.

 

 



 

Ingresar a la CNU ha sido la mejor decisión que he podido escoger en mi vida. Debo admitir que al principio pensé que se me haría complicado estar a tantas millas de mi hogar pero después de todo, ha merecido la pena.

Abandonar la ciudad en la que crecí, abandonar a mis amistades, abandonar a mi familia solo para trasladarme hasta otro continente y poder luchar por mis sueños. Inglaterra siempre me ha parecido esplendorosa, la cultura que la caracteriza además de ese cadencioso acento que le otorgan a las palabras.

Sin arrepentimientos, Rosie.

Termino de doblar la ropa que introduciré en mi maleta antes de organizar mi habitación. Memorizo cada objeto sobre la superficie del peinador. Entre ellos, localizo a la diminuta pero delicada bailarina de arcilla que mi padre me ha obsequiado en mi decimo tercero cumpleaños. Una de las razones por la cual he decidido marcharme es para poder enorgullecerlos. No es una novedad lo complejo que puede resultar ingresar a la CNU y aun así, lo he logrado. Me pregunto qué harán ahora que planeo marcharme. Mi vida ha sido planificada por ellos, al principio solía enfadarme o entristecerme que mi esfuerzo no merecía la pena para ellos, con el tiempo aprendí a sobrellevarlo.

No es sencillo aceptar el golpe después de aplicar tanto empeño y determinación.

Recuerdo las veces en las que me comparaban con Grace, mi prima en Cleveland. Siempre la han coronado en mi presencia opacando todo el esfuerzo que he dado por ser lo que ellos querían.

Sin embargo, me he mantenido en la línea, siguiendo cada una de las instrucciones de mis padres solo para tener la satisfacción de poder llegar a agradarles en algún momento de mi vida.

—¿No has olvidado ningún libro, Rosarie? —pregunta mi madre a medida que avanzamos hasta las taquillas para chequearse en el aeropuerto.

Mis dedos se oprimen alrededor de la empuñadura de la valija. Mi vista se eleva hasta la de ella, sin poder pasar por alto el impoluto aspecto de mis padres. Mi madre se ha vestido con una falda azul marino hasta las rodillas, una marinera de mangas largas en color blanco se ciñe sobre su estilizado abdomen finalizando su apariencia con unos tacones punta fina.

Blando una sonrisa inocente. —No, madre. He empacado todo lo que necesitaré hace más de una semana —ella separa los labios en un intento de refutar—. Lo he revisado ayer para asegurarme —me apresuro en añadir.

La cadenciosa voz de una mujer resuena a través de los altisonantes distribuidos en el establecimiento anunciando la salida del vuelo con destino a Inglaterra.

Es hora de abordar la aeronave. Mi respiración se vuelve superficial.

Mi padre se acerca hasta mí, rodeando mi espalda con su mano. Una sonrisa dulce se desliza en sus labios. Puedo notar la melancolía brillando en sus pupilas oscuras. Tal vez si les vaya a hacer falta después de todo.

—A partir de ahora corres por tu cuenta, Rosie. —papá se detiene frente a las escaleras eléctricas que pronto tendré que tomar. Mi corazón se mueve ansioso adentro de mi cuerpo—. Solo... recuerda avisarnos tan pronto aterrice el avión —su sonrisa se amplía. Le devuelvo el gesto con torpeza—. Naciste para brillar, Rosie. Eres una Hamilton —su sonrisa titubea en sus labios hasta desaparecer. Me parece avistar a los ojos de mi padre humedeciéndose, pero él se gira con apremio para evitar el contacto visual.

La siguiente en acercarse para despedirse es mi madre.

Ella coloca sus manos sobre mis hombros, apretándolos con delicadeza. Asumo que es su forma de mostrar afecto.

—Tienes normas, Rosarie. No las olvides —enfatiza, trasladando sus manos hasta las puntas de mi cabello castaño—. ¿Cuáles son los inconvenientes que evitarás a partir de este preciso segundo?

—Todos los factores que puedan hacerme desviar de mi objetivo: fiestas, drogas, alcohol, asociales, relaciones sexuales, enamoramientos —enumero.

No puedo creer que me esté obligando a decir todo eso. Esas son sus normas, no las mías, pero de igual manera, debo cumplirlas.

Mamá me estrecha entre sus delgados brazos como despedida. Curvo mis dedos alrededor de la empuñadora de la maleta. Sintiendo un nudo de nervios en mí estomago, comienzo a caminar en dirección a las escaleras no sin antes dirigirles un último vistazo a mis padres. Los veo cotillear en voz baja mientras las escaleras eléctricas me ascienden por su cuenta.

Les echaré de menos. Solo espero que ellos también me echen de menos a mí.

Estando en la segunda planta, localizo la fila para abordar el avión. Por primera en mi vida estaré distanciada de mis padres. Por primera vez, seré libre. Viviré en un campus atestado de estudiantes como yo, y haré amigos con intereses similares a los míos. Me libraré de todas aquellas molestias que me martirizaban en la secundaria. Conseguiré olvidarme de todos esos aborrecibles recuerdos que sin darme cuenta cometí...mi primer beso, por ejemplo.

No deseo borrar el recuerdo de mi primer beso porque no haya cumplido mis expectativas de cómo debería ser un primer beso, sino porque por el contrario, se extralimitó de los parámetros establecidos sobre los primeros besos. Deseo olvidarlo por la persona que me lo dio... Micah Janssen.



Luisiana Gonzalez (Dreamerwrote)

Edited: 19.01.2019

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