Radiactiva

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CAPÍTULO 37

Refuerzos

Mientras seguimos avanzando no puedo dejar de pensar que necesitamos ayuda para esta pelea, solo vamos en camino tres camionetas, en una estamos Terry y yo, en otra los doctores y un pueblerino, y en la tercera hay tres pueblerinos más, solo somos ocho personas contra lo que quede de la AVM, y estoy segura que no son pocos.

Por ahora no sabemos hacía donde van, solo seguimos lo que el GPS nos indica, desconozco si existe alguna base secreta o algo así hacia donde dirigen, es una posibilidad, pero sea cual sea el lugar debemos llegar pronto, por desgracia nos llevan una ventaja de un par de horas, la prisa de llegar pronto es obvia, evitar que experimenten con Rebeca, Terry no ha dejado de pisar el acelerador, apenas hemos recorrido una hora de camino pero le llevamos una gran ventaja, es lo bueno de que en estos tiempos no hay tráfico, de vez en cuando debemos esquivar alguna camioneta que esta parada por ahí, pero nada más.

Algo llama mi atención por el retrovisor, la camioneta de los doctores está encendiendo y apagando las luces, se nota mucho al ser de noche, de hecho es de madrugada, faltan unas horas para el amanecer, quizá lleguemos a nuestro destino cuando el sol comience a salir.

—Deja nos alcancen Terry—le digo al seguir observando la señal de atrás, deben querer que nos detengamos o que al menos bajemos la velocidad, evitan tocar la bocina para no llamar la atención de posibles zombies o mutantes cerca.

—Bajare la velocidad entonces—responde Terry, luego comienza a disminuirla de a poco, hasta ir lo suficientemente despacio para que la otra camioneta se ponga a la par con nosotros por el otro carril.

Baje el vidrio de mi ventana, pues Calto queda junto a mí, y trata de decirnos algo.

— ¿Qué pasa?— le pregunte, él está manejando el otro vehículo.

—Nos estamos quedando sin gasolina— Dice, ya me temía esto.

— ¿Qué tanto queda?—le pregunto.

—No mucho, en cualquier momento podríamos detenernos—dice preocupado.

—Está bien no se preocupen—dice Terry al escuchar la mala noticia—Pararemos y tendrán que venir con nosotros—les dice.

De inmediato Terry se hizo a la orilla del camino y se detuvo, los demás hicieron lo mismo y luego todos bajamos de los vehículos, de una vez aprovechamos este pequeño descanso para comer y beber algo, encendimos una pequeña fogata para calentar las latas de comida, nos sentamos en círculo alrededor de la hoguera a comer, aunque todos tenemos algo de sueño no podemos parar a descansar por mucho tiempo, es necesario llegar rápido.

— ¿Tenemos un poco más de gasolina?—pregunta el doctor Adams.

—Me temo que no—dice Terry, dentro de nuestros suministros solo tenemos balas, comida y agua—A nosotros nos queda solo la que tenemos en el tanque, ¿Ustedes aún tienen suficiente?— Les pregunta a los pueblerinos.

—Acabamos de llenar el tanque, teníamos un pequeño galón lleno, quedo un poco en él, pueden usarlo ustedes—dice uno de ellos.

—Gracias—responde Terry.

—Ellos no paran de avanzar—les digo mientras observo el monitor del GPS—Espero que no vayan tan lejos o ya no podremos seguirlos

— ¿Mila no te has quitado el rastreador?—Me pregunta Calto.

—No—lo había olvidado por completo—Probablemente ya se dieron cuenta de que los estamos siguiendo ¡Maldita sea!— No puedo creer que se me olvidara algo tan importante.

—Ya es tarde para lamentarse—dice Terry—Mila tienes que quitártelo ahora, si lo dejamos aquí tal vez piensen que nos rendimos o que ya no los pudimos seguir

—Terry tiene razón, Mila quítatelo antes de irnos—dice Adams.

—Sí, lo hare de una vez, ¿Dónde está el cuchillo?—les pregunto.

—Solo tengo una navaja—Dice uno de los pueblerinos, la saca de su bolsillo y me la da.

—Gracias—la tome y solté un suspiro.

— ¿Quieres que te ayude?—me dice Adams—Creo que es mejor que yo lo haga

—Creo que sí—Le di la navaja, él debe saber mejor que yo como hacer esto.

Volví a palpar mi brazo para encontrar el rastreador, una vez que lo sentí le dije a Adams su ubicación, él corto un trozo de tela y me hizo un torniquete más arriba de donde le indique, dice que así evitara que sangre demasiado, luego tomo mi brazo y puso la punta de la navaja sobre la zona que le había dicho que se encuentra el rastreador. 

— ¿Lista?— Me pregunto.

—Si—dije convencida.

El doctor Adams comenzó a clavar poco a poco la navaja en mi brazo, es un dolor fuerte, pero puedo soportarlo, comenzó a cortar un poco la carne para sacar el rastreador.

—Mira nada más que curioso descubrimiento—dice Adams.

Todos observan mi brazo sangrar, y se sorprenden al igual que Adams y yo pues, mi sangre no es roja, es de color morado, igual al virus.

—Esto no me lo esperaba, pero supongo que es normal según tu condición actual—dice Calto, se acercó y con sus dedos tomo algo de mi sangre, la cual corre por mi brazo y gotea hasta caer al piso, Calto observa la sangre, incluso la huele, yo creí que no podía ser más rara.



Cynthicena

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En el texto hay: zombies

Editado: 29.12.2018

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