Raissa

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6. La huida

Todos celebraron aquel acontecimiento con comida, bebida y bailes. Raissa disfrutó del jolgorio con los allí presentes, quienes estaban encantados de haber asistido a la tercera y última prueba de la princesa de Mághanor. Su gran esfuerzo había tenido su recompensa y podía empezar a disfrutarla. Por fin las cosas estaban yendo bien.

Alanna, en cambio, no estaba nada contenta y hablaba en voz baja con el consejero Cornelius mientras los demás consejeros también disfrutaban de la celebración. Vassie no podía creer aún todo lo que había pasado y no dejaba de pensar en qué consecuencias traería aquella noche.

La fiesta acabó apenas unas horas antes de que amaneciera. Raissa, con una gran sonrisa en la cara, entró en el palacio y recorrió los pasillos atestados de sirvientas que corrían de un lado a otro para limpiar los jardines exteriores. Cuando llegó a su habitación, no pudo evitar suspirar y sonreír como una tonta. Lo había conseguido. Ahora estaba más cerca que nunca de Alanna.

Caminó hasta Lenox y lo acarició con ternura, provocando que el animal ronronease, gustoso. Se había hecho muy amiga de aquel gato y a menudo se convertía en un gran aliado. Le contaba sus penas, sus sueños, sus esperanzas, sus ilusiones... Quizás se abría tanto a él porque sabía que era el único, a parte de Vassie, que no revelaría nada de lo que le contase. Era un animal, al fin y al cabo.

Cuando terminó de jugar con Lenox, se dirigió a su armario para coger su pijama y poder irse a dormir. Había sido un día muy largo y lleno de emociones y necesitaba descansar bien.

Sin embargo, cuando estaba a punto de abrir las puertas, se fijó en una extraña sombra en una de ellas. No se movió, sino que permaneció muy quieta en el mismo lugar durante unos instantes que parecieron eternos. La sombra pertenecía a la cortina que daba a su balcón. Cualquiera podría pensar que no era nada extraño que aquella cortina se moviera ligeramente, produciendo las sombras en la puerta del armario, pero Raissa siempre dejaba aquella puerta cerrada y nadie entraba en su habitación sin su permiso. Por lo tanto, había un intruso en su dormitorio.

Al principio pensó que podía ser Alanna, que había ido a su habitación para felicitarla por su gran logro, pero después desechó la idea. Conocía muy bien a su reina y ella no actuaba de ese modo. Así que lanzó un sondeo mágico imperceptible y descubrió que el extraño se había ocultado detrás de la cortina y que estaba en tensión, como si temiera haber sido descubierto.

Raissa respiró profundamente y abrió el armario con determinación, pero sin dejar de vigilar mediante el sondeo al desconocido. Este, pensando que Raissa no sospechaba nada, se fue acercando sigilosamente, saliendo de su escondite. Pero la bruja fue más rápida.

Se dio la vuelta y tendió el brazo hacia delante, hacia el intruso, abriendo la palma de su mano y estirando muy bien los dedos, tal y como Cornelius le había enseñado hacía ya mucho tiempo.

—¡Retardo!

Un hechizo muy sencillo, pero muy potente y efectivo en las manos y los labios apropiados. El desconocido no pudo hacer nada. Una luz celeste brotó del pecho de Raissa, recorriendo todo su brazo derecho hasta su mano, y alcanzó al individuo en tan solo un segundo. Este sufrió una leve sacudida y se quedó totalmente quieto, petrificado. Era un hechizo paralizador temporal, cuyo fin estaba determinado por el poder del brujo que lo conjurara, es decir, mientras más poder, más tardaba el hechizo en desvanecerse.

Raissa se acercó con paso tranquilo para descubrir quién había intentado dañarla, puesto que estaba más que claro que sus intenciones no eran buenas. Primero advirtió el filo de una espada que reflejaba la luz de la Luna que se colaba por el balcón. Nadie solía usar espadas en el reino, dado que todos los brujos tenían su magia, tanto para herir como para defenderse. Siguió acercándose y dedujo que se trataba de un hombre más o menos joven. Pero lo que más le sorprendió fue la capa roja que portaba sobre sus hombros, símbolo de los Lobos de Mághanor, los betas del reino: los guardias de Alanna.

Raissa abrió mucho los ojos y se tapó la boca con manos temblorosas sin poder creer lo que aquello significaba. Los Lobos eran fieles y jamás actuaban por cuenta propia. Por tanto…

En ese mismo momento, la puerta se abrió a sus espaldas dando un golpe contra la pared. La joven se giró rápidamente, dispuesta a defenderse contra lo que, estaba casi completamente segura, serían los restantes guardias del palacio, pero se relajó al reconocer la melena canosa de Vassie.

—¡Vamos, deprisa! —la bruja fue a su armario y cogió un vestido y una capa larga con capucha de color azul oscuro—. No tenemos mucho tiempo.

Raissa estaba conmocionada, por lo que no era capaz de reaccionar. Vassie tuvo que ayudarla a cambiarse de ropa. Le colocó el vestido de manga larga y color azul oscuro y después le puso la capa del mismo color y le colocó la capucha, pero no le quitó la corona.



La Guardiana

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En el texto hay: misterios, amor y traicion, magia blanca y negra

Editado: 18.07.2018

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