Raissa

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14. La respuesta de la Luna

La intuición de Raissa que le había advertido de que aquella mujer era importante, no había fallado. Estaban ante la bruja más antigua de todas. Isma había sido una integrante del Consejo que sufrió un duro golpe el 20 de julio de hacía ya más de veinte años. Los brujos del Consejo se habían caracterizado siempre por ser los más ancianos y, por tanto, los más sabios de la sociedad. Raissa no pudo evitar preguntarse cuántos años tendría aquella bruja y cómo habían podido sobrevivir allí abajo.

—Sé que tienes muchas preguntas, futura Luna, pero deberemos hablar a solas —le dijo la anciana—. Comprenderás que las dos brujas que te acompañan han hecho méritos para ganarse tu confianza, pero no la mía. No me fío de nadie y creo que eso ha sido crucial para nuestra estancia aquí.

—Lo entendemos perfectamente —intervino Elís con una sonrisa—. Esperaremos aquí.

—Gracias —Isma inclinó la cabeza en señal de agradecimiento.

Después, la más anciana y la más joven se separaron del grupo, pero todas las miradas las siguieron. No obstante, Raissa sabía que ninguna de ellas osaría escuchar la conversación que iban a tener las dos.

Isma se sentó en el suelo e invitó a Raissa a que hiciera lo mismo.

—Mis piernas ya no son tan jóvenes como antes —se excusaba.

—No importa —Raissa le dedicó una suave sonrisa—. Tengo tantas preguntas...

—Que parecen que van a asfixiarte —terminó la anciana—. Sí, sé lo que se siente... Pero algunas respuestas ni siquiera yo puedo dártelas. A veces el único que puede responder todas las preguntas es el tiempo, y de eso tú tienes mucho, mi niña.

—Lo entiendo.

—Estás aquí, al fin. Has recorrido un largo camino y seguro que te has ido fortaleciendo en él. Te has dado cuenta de muchas mentiras y hay compañeros y amigos que se han encargado de abrirte los ojos para que veas la realidad. Eso está muy bien, aunque seguro que has sufrido mucho. No te sería plato de buen gusto saber que Alanna iba a matarte a sangre fría.

—No, no fue fácil. Y aún ahora sigo sin hacerme a la idea del todo. Para mí es como mi madre, era como mi madre… No acabo de comprender qué pasó para que ella no me sintiera como parte de su familia, como una hija para ella.

—Alanna no podía hacer tal cosa. Supongo que ella hubiera querido formar una familia, pero no podía permitirse querer a nadie más que así misma. Lo consideraría una debilidad. Tú fuiste una amenaza desde el momento en que naciste, querida mía, y por eso Alanna tuvo que tenerlo muy presente. No podía encariñarse contigo ni tratarte bien porque ella sabía que vuestra historia iba a terminar así.

—¿Cómo iba a terminar? ¿Con mi muerte? ¿Por qué no me mató cuando era un bebé inocente?  Se habría ahorrado muchos problemas… —aunque Raissa no quisiera admitirlo, hablar así de la reina le dolía.

—Ella sabía que o te mataba a traición o acabaríais en un enfrentamiento —la voz de la bruja seguía siendo suave.

—Tú no la llamas la reina roja —advirtió Raissa.

—Oh, sí que la llamo así —rió—. Pero me resulta más familiar el nombre de la bruja que su apodo. Escucha, Raissa, no tenemos mucho tiempo y hay mucho que contar. Por curiosidad, quiero que pienses en la pregunta que más te preocupa, en la respuesta que más ansías conocer.

—Eso es algo difícil, me temo —suspiró ella.

—Inténtalo.

Raissa lo pensó detenidamente. A Isma no le importaba esperar. Había aguardado allí mucho tiempo a que aquel momento sucediera, a tener a aquella chica frente a sus ojos. Sin duda podía esperar un poco más.

—¿Por qué soy tan especial? —le preguntó ella al final—. ¿Quién soy?

—Haces las preguntas equivocadas, mi niña. Es un error joven que todos aprendemos, no te preocupes —sonrió—. Pero con gusto te contaré lo que quieras. ¿Sabías que eres la primera bruja que nace con el cabello blanco como la misma nieve? ¿Y que nunca he conocido a una bruja con unos ojos tan azules, brillantes y puros como los tuyos?

—Es porque soy una bruja pura —respondió ella.

—No —sacudió la cabeza—. He conocido a dos brujas puras más aparte de ti y ninguna con características así. Eres especial, Raissa, porque tu destino es grande. Naciste de una mujer humana. ¿Sabes cómo pudo suceder eso?

La chica negó con la cabeza.

—Tu nacimiento no fue casual, Raissa, como tampoco lo fue que nacieras en esta misma época, justo cuando te necesitábamos. Tu madre no era una bruja, pero desde hacía generaciones tu familia poseía una magia interior muy fuerte, aunque no se había mostrado aún de forma física.



La Guardiana

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En el texto hay: misterios, amor y traicion, magia blanca y negra

Editado: 18.07.2018

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