Raissa

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15. La muerte del Consejo

Tara se acercó a Raissa y la cubrió con la capa azul que había llevado en su viaje mientras las brujas debatían con Isma qué debían hacer a continuación. Después, la anciana se acercó a la chica.

—Haremos el ritual, pero recuerda que solo tienes siete días —le advirtió—. Siete días.

—Sí, lo recuerdo y lo tendré en cuenta —le aseguró Raissa.

—Eso espero. Necesito tu sangre para realizar el hechizo.

La anciana hizo aparecer un cáliz de piedra y un cuchillo. Deslizó la hoja del cuchillo sobre la muñeca de Raissa y su sangre comenzó a brotar de la herida, cayendo directamente en el cáliz que Isma sujetaba por debajo del brazo de la chica. No quería desperdiciar ni una gota, así que primero sanó la herida de Raissa y luego retiró la copa.

—Con esto será suficiente.

Cogiendo el cáliz con ambas manos, la bruja avanzó hacia las demás. Formaron un círculo y se sentaron, dejando a Isma en el centro, junto a la hoguera. La anciana disminuyó el tamaño de las llamas hasta que estas solo sobrepasaban sus caderas y luego murmuró unas palabras para hacer que el fuego se volviera verde.

Las brujas del círculo comenzaron a entonar un hechizo que Raissa jamás había aprendido mientras ella, Zaira y Elís las miraban con curiosidad. Isma comenzó a murmurar también otras palabras que no eran las mismas que las de las demás. Raissa pudo distinguir algunas como sangre, pura, vínculo y magia, pero no conseguía entender las frases. En el ambiente se palpaba la poderosa magia del hechizo que se estaba llevando a cabo en aquel mismo instante.

La anciana vertió la sangre del cáliz en el fuego y las llamas se volvieron rojas, se agitaron, se enfurecieron. Casi parecía que era la puerta del mismísimo Infierno. Permanecieron unos segundos más así y después volvieron a tomar su color natural. Las voces de las brujas fueron disminuyendo hasta que se apagaron.

—El hechizo está hecho —anunció Isma—. A partir del amanecer, tendréis siete días para acabar con Alanna. Utilizadlos bien.

—¿Algún consejo? —le preguntó Raissa.

—Tienes que lograr que todas las brujas se revelen contra la reina roja —le respondió—. El pueblo debe entender que las reglas las dictan ellos y que deben revelarse contra las injusticias. Son un arma muy poderosa, pero ellos no se valoran a sí mismos. Piensan que son inferiores a los consejeros, a los Lobos, a la reina... Pero no es verdad. Ellos son Mághanor.

—Descansad aquí y alguien os acompañará mañana a la salida del submundo —les recomendó Tara—. Debéis recuperar fuerzas.

—Y esta vez utilizad la magia en vez de ir tanto a caballo —la anciana le guiñó un ojo a Raissa.

La chica sonrió y les agradeció a las brujas su hospitalidad.

Aquella noche hubo una gran cena para celebrar la llegada de Raissa y el apoyo de la Luna a la muchacha. No tardaron mucho en dormirse, sin embargo, ya que al amanecer debían salir de allí. No podían desperdiciar ni un solo segundo de aquellos siete días que se les había concedido.

—¿Pero qué es lo que has hecho exactamente? —le preguntó Raissa a Isma.

—He anulado la red mental por un tiempo limitado —le explicó ella.

—¿Y podría hacerse permanente? —sonrió.

La anciana miró unos segundos a Raissa y luego asintió lentamente. La sonrisa de la chica se ensanchó. Por fin las cosas empezaban a ir bien.

Aquella noche durmió acurrucada a Lenox y también cerca de Zaira y Elís. Al día siguiente, su primer paso sería ir al bosque sin magia para informar a Cornelius y a Zatana. Estaban más cerca que nunca de conseguir el éxito.

 

El sol salió, aunque en el submundo no se apreciaba. Las brujas ya se preparaban para partir e Isma se empeñaba en ser quien las acompañara a la superficie.

—Me sé el camino como la palma de mi mano y así no os desviaréis —les decía a las tres brujas—. No me gustaría que murieseis antes de socorrer a Mághanor.

Ante la insistencia de la anciana, no les quedó más remedio que aceptar. Cogieron sus alforjas y se despidieron de las brujas del submundo antes de emprender el camino por los túneles.

—El sendero está protegido con magia —les iba explicando Isma mientras avanzaban—. Las reseks no pueden entrar en él y así estamos a salvo en la caverna.

Llegaron al primer cruce y tomaron el único camino que tenían enfrente.

—Salir de aquí es muy fácil, lo complicado es entrar —Isma entró en el siguiente túnel.



La Guardiana

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En el texto hay: misterios, amor y traicion, magia blanca y negra

Editado: 18.07.2018

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