Raissa

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18. La llamada de los Lobos

Raissa se despertó muy temprano a la mañana siguiente. El sol ni siquiera había comenzado a salir y los demás aún dormían. Todos menos Zaira, quien contemplaba las últimas llamas de la hoguera.

—Buenos días —la saludó la chica—. Voy a estirar las piernas, no me alejaré mucho.

—De acuerdo. No tardarán en despertarse, así que date prisa.

Cogió su capa blanca y tomó en brazos a Lenox para que el gato también se moviera un poco. Lo dejó en el suelo cuando se alejaron del improvisado campamento y caminaron en silencio.

El sol ya comenzaba a asomar perezoso por el horizonte y los primeros pájaros ya comenzaban a cantar. Los grillos se calmaron y los murciélagos se daban prisa para llegar a sus escondites en las sombras. Todo estaba bien.

—Os habéis levantado pronto, futura Luna.

Raissa se giró para ver a Tara con una sonrisa caminando hacia ella.

—Ya había dormido mucho.

—Entiendo —las dos siguieron andando—. ¿Has hecho algún progreso con respecto a tu magia?

—Creo que sí, pero escaso. No está siendo fácil.

—Ten en cuenta que te llevará años desarrollar todo tu potencial, Raissa. No eres una bruja corriente y debes aprender a dominar esos poderes que la Luna te ha concedido.

—Eso intento, pero me temo que tienes razón: tardaré años. Tendré que vencer a la reina con la magia que poseo ahora mismo.

—Será suficiente para derrotar a la reina roja —sonrió—. El destino es caprichoso, Raissa. Elige para cada uno de nosotros un camino distinto.

—¿Y si te desvías de ese camino? —le preguntó ella.

—No puedes. Pronto entenderás las horribles consecuencias que ello tendría.

Aquello le produjo una enorme curiosidad a Raissa, pero no preguntó. Sabía que Tara le diría lo que debía saber cuando llegara el momento.

Dieron media vuelta y regresaron con los demás, quienes ya estaban a punto de despertarse. Lenox las seguía, jugando con la hierba.

—Hay algo en ella que no me gusta —Tara estaba mirando a Zatana—. ¿Te fías de la consejera?

—La confianza es algo muy delicado —respondió Raissa—. Eso lo sé bien. Solo confío en un puñado de personas, lo que no significa que no vayan a defraudarme algún día. No tengo la verdad absoluta. No me fío completamente de ella, pero tampoco la tengo por mi enemiga.

—Entiendo. Yo tampoco la tengo por enemiga. Es solo que me huele a gato chamuscado. Ten cuidado.

—Siempre.

Tara comenzó a prepararse mientras Raissa se sentaba junto a Zaira. Los demás ya se estaban despertando y no tardarían en volver a cabalgar.

Mientras los demás desayunaban y se preparaban para proseguir su viaje, Raissa volvió a tomar entre sus manos el colgante de la reina. Aquella joya simbolizaba todo lo que Raissa había perdido y por lo que estaba luchando. Cerró los ojos y se concentró todo lo que pudo, sintiendo cómo aquella vez la magia se extendía por sus dos brazos hasta llegar a sus dedos. Y, como la noche anterior, su poder se retiró lentamente hasta volver a su corazón. Entonces Raissa abrió las manos y comprobó con orgullo que el colgante lucía una pequeña fisura, indicio de que su entrenamiento por fin estaba dando frutos.

—Lo has conseguido —observó Zaira.

—Sí, algo es algo, pero consumo mucha energía para hacer tan poca cosa. Es un logro muy pequeño para haber necesitado tanto poder, ¿entiendes?

—Supongo que es debido a que ya estás habituada al cléredem. Puede que ahora te cueste más realizar hechizos sin nuestra lengua que cuando eras pequeña.

—Pues tendré que ir mejorando y aprendiendo. Estoy segura de que con el tiempo lo acabaré consiguiendo.

—Yo también estoy segura.

Lo recogieron todo y montaron sobre los caballos. Tal y como tenían previsto, llegaron a Dika mucho antes del mediodía. Siguieron avanzando por el camino, pararon para comer y siguieron cabalgando. Todos estaban ansiosos por averiguar cómo podía Zaira atraer a los guardias de la reina.

—Creo que aquí está bien —dijo Raissa mientras frenaba a Nílux.

Habían llegado a un cruce. El camino que debían seguir continuaba recto hacia delante mientras que el otro torcía a la izquierda. Era un espacio bastante amplio para atraer a todos los guardias y aquellos caminos no eran especialmente transitados a aquella hora.

Descabalgaron y condujeron a los caballos hacia los árboles que bordeaban los caminos.

—Lo haré justo en el centro, donde el sendero se divide en dos —les explicó Zaira—. Ellos aparecerán justo en la bifurcación, así que nosotros debemos hacer un círculo a su alrededor para que no escapen, ¿de acuerdo?



La Guardiana

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En el texto hay: misterios, amor y traicion, magia blanca y negra

Editado: 18.07.2018

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