Raissa

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22. ¿Cuál es el plan?

—No soy tu hija —replicó la bruja—. Dime, Alanna, ¿tanto miedo doy que no te atreves a enfrentarte a mí en un combate?

—No soy estúpida, cielo —sonrió—. Tu poder es mucho mayor que el mío, lo reconozco, pero la magia no lo es todo. Te dominan los sentimientos y no puedes pensar con claridad. Yo, sin embargo, soy calculadora y fría, como toda buena bruja debería ser. Tendría que haberle pedido a Zatana que te adiestrara. Si lo hubiera sabido, las cosas no serían de este modo. Tú habrías aprendido bien y ahora serías una digna sucesora mía. Pero elegiste mal el camino, Raissa.

—¿Y el tuyo es el bueno?

—El mío es el que debe ser —terció ella—. ¿Y ahora qué? ¿Qué vas a hacer?

—Supongo que querrás algo a cambio de la liberación de los dos prisioneros —dedujo la chica—. ¿Qué es?

—Pues a otros dos prisioneros, naturalmente —Alanna sonreía como si ya hubiera vencido—. Liberaré a Vassie y a Jessed si Cornelius y tú ocupáis sus respectivas celdas mágicas.

—Ni hablar —le advirtió Zaira a Raissa.

Sin embargo, la bruja pidió su silencio con una mano sin desviar los ojos de la reina.

—Quizás debería matarte aquí y ahora y deleitarme viendo cómo tus hechizos se desvanecen, liberándolos —respondió.

—Ya he tomado medidas por si te sentías tentada con esa opción. He aplicado un temporizador mágico. Aunque yo muera, las cárceles no desaparecerán hasta cuatro días después —miró a su hermana—. Dime, Raissa, ¿cuánto tiempo crees que puede aguantar tu cuidadora sin comida ni agua?

Cornelius permaneció impasible, tal y como le había enseñado a su alumna, y ella tomó ejemplo. Pero estaba claro que debían ceder.

Después de echar un rápido vistazo a todo el lugar, Raissa dirigió su mirada a la reina.

—Yo ocuparé el lugar de Vassie. Pero es decisión de Cornelius ocupar o no el lugar de Jessed —dijo.

—Lo haré —intervino el consejero—. Pero debes pronunciar un juramento mágico en el que asegures que serán intocables al ser liberados. No sufrirán daño alguno en ningún momento de sus vidas.

—Trato hecho —respondió la reina.

Así que antes de hacer el intercambio, Alanna pronunció el conjuro del juramento para después exponer lo que iba a prometer. Segundos después, un pergamino de color crema apareció ante ella. La reina lo cogió y después se lo entregó al brujo para que lo leyera él mismo. Tras comprobar que todo era correcto, el hombre se lo devolvió a su dueña. El papel de aquel pergamino era indestructible. Cuando se pronunciaba un juramento, el hechizo realizaba dos copias del pergamino: una para quien lo había conjurado y otra para el registro. En el registro se podía encontrar cualquier juramento realizado desde el principio de los tiempos y estaba muy bien escondido en las mazmorras del palacio. La copia estaba vinculada al registro, por lo que nadie podía sustraerla, modificarla y mucho menos destruirla.

Raissa y Cornelius se dirigieron a las celdas mágicas y la reina y la consejera invirtieron el hechizo para intercambiar a los prisioneros. En unos segundos, el cambio ya se había producido. Raissa se encontró encerrada en la esfera de color rojo y Cornelius en la amarilla. Vassie y Jessed eran libres. El soldado había caminado hacia Zaira, quien lo había abrazado. Vassie, en cambio, se había arrodillado junto a la celda de Raissa.

—No tenías que haberlo hecho —le dijo—. Tu destino no está entre estos barrotes, Raissa.

—Lo sé, pero no podía permitir que te pasara nada malo. Confía en mí, Vassie.

Su cuidadora asintió y se reunió con los demás. Era un momento incómodo, pues ninguno sabía muy bien qué hacer. ¿Se iban sin más?

—Deberíais marcharos —les dijo la reina—. A medianoche será la ejecución de estos dos traidores. Sería conveniente que vinierais.

Zaira apretó los puños, pero Raissa negó lentamente con la cabeza, indicándole que hacer eso sería cometer una terrible imprudencia.

—La Luna está conmigo, lo sabéis —los consoló—. Nos ayudará. No volverá a cometer otro error como con Anacé.

Alanna se puso roja de ira y con sus poderes expulsó a los demás del palacio. Después caminó altanera hasta la puerta.

—Disfrutad de las pocas horas que os quedan por vivir —les dijo—. No volveréis a ver la luz del sol, os lo aseguro.

—Tranquila, Alanna —sonrió la bruja—. Cualquiera podría pensar que te estás dejando llevar por los sentimientos.



La Guardiana

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En el texto hay: misterios, amor y traicion, magia blanca y negra

Editado: 18.07.2018

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