Raissa

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24. Amor

Raissa apareció en los jardines exteriores con la estatua de Alanna frente a todos los presentes, quienes aguardaban con inquietud el desenlace final. Al principio todos se quedaron boquiabiertos, pero luego estallaron en vítores y aplausos. Al observar a su pueblo unido, rodeado de risas y regocijo, la bruja se sintió envuelta en un cálido abrazo. Todo había terminado y la vida en Mághanor podría llegar a ser justo como la había imaginado en sus más bonitos sueños.

—Todo cambiará a partir de ahora —les dijo a los allí presentes—. Vuestras acciones, vuestras ideas, vuestros pensamientos, vuestras dudas, vuestros miedos... son vuestros y de nadie más. A mí no me interesa lo que hagáis o dejéis de hacer mientras seáis felices y no dañéis a vuestros vecinos, amigos y familiares. Por eso os prometo que haré todo lo que esté en mi mano para destruir la red de mentes y haceros libres. Porque antes erais esclavos de la reina sin daros cuenta. Antes de que yo sintiera la magia negra, Alanna utilizaba su poder sobre vuestras mentes para averiguar vuestros secretos y aprovecharse de ellos. ¿Creéis que eso es algo que una buena reina hace? Estoy segura de que Anacé creó este sistema con toda su buena intención, pero se equivocó. Ella pensó que ninguna bruja sería capaz de traicionar a su misma especie, a sus hermanos, solo por poder. Y he aquí la prueba de su error.

»El sistema está mal. ¿Desde cuándo se elige a los consejeros más cercanos por el poder que estos posean? A partir de ahora, la reina nombrará consejeros a aquellos brujos en los que confíe, que hayan demostrado su valía, su bondad, su valentía y su gran corazón. ¿Desde cuándo los soldados son más importantes que los médicos? Ambos son esenciales, por lo que deberían tener el mismo valor y no ser uno inferior al otro. ¿Desde cuándo a los médicos se los proclama por su poder mediocre? La magia de la medicina deben ejercerla aquellos que nazcan predestinados a ello. Y los soldados deberían estar entrenados, tanto en magia de combate como en cuerpo y espada. Deben estar preparados para lo que sea. Y, por último, me gustaría que hubiera un nuevo consejo. Un consejo en el que se encuentren los miembros más sabios y ancianos de Mághanor. Porque una reina siempre puede equivocarse y es lógico que pueda tener a quién recurrir.

Nerviosa y emocionada a partes iguales, Raissa concluyó su discurso, el cual ni siquiera había pensado que daría. Los brujos se miraron entre ellos y a los pocos segundos aclamaron las buenas noticias. Aquella bruja era lo que tanto habían estado esperando: la nueva Luna de Mághanor.

Raissa contempló una vez más la estatua de piedra y después fue a reunirse con los que se habían convertido en sus amigos.  

—Has estado impresionante, mi niña —le dijo Vassie.

—Mághanor será un lugar mejor gracias a ti —le aseguró Elís.

Estuvieron hablando un rato hasta que surgió la duda de qué hacer con la estatua de Alanna.

—No está muerta, por supuesto —dijo Zaira—. Cuando la magia de Raissa se agote, el hechizo desaparecerá. Claro que para entonces ya habrán pasado años, pero aun así...

—Será ejecutada al amanecer —decidió Raissa—. Le cortaremos la cabeza a la estatua y así Alanna jamás regresará. La Luna la castigará por los crímenes que ha cometido.

—Estoy segura de ello —asintió Tara.

—Creo que lo mejor será descansar bien —dijo la bruja de ojos celestes—. Mañana nos espera un día muy ajetreado.

Jessed, Andrei y los otros soldados le dieron las gracias a Raissa y se despidieron para ver por fin a sus familias. Zaira y Elís sonrieron y se besaron, dichosas de que por fin todo hubiera terminado.

—¿Queréis quedaros en mi casa? —les preguntó la pelirroja.

—Creo que debería pasar la noche en el palacio y poner las cosas en orden —le respondió Raissa.

—Muchas gracias por todo —le dijo Zaira—. Sé que al principio dudé de ti, pero has resultado ser todo lo que imaginábamos y más.

—Gracias a vosotras por atreveros a enfrentaros a la reina. Me habéis apoyado cuando ninguno lo hizo y seréis recompensadas.

Zaira y Elís asintieron y se fueron a casa. Solo quedaban Cornelius, Tara, Vassie y Raissa.

—Antes de irnos, tengo que hacer una cosa —les dijo Raissa.

—No hace falta, mi señora —intervino una voz.

Se trataba del joven consejero que había protegido a la consejera del ataque de Alanna. Tenía el cabello castaño muy claro y los ojos de color miel. Lucía una espléndida sonrisa y una túnica del mismo color de sus ojos. Pero el chico no venía solo, sino que lo hacía acompañado de Nílux y de la bolsa de cuero de Raissa que transportaba a Lenox.



La Guardiana

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En el texto hay: misterios, amor y traicion, magia blanca y negra

Editado: 18.07.2018

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