Realidades Difusas

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Capitulo 19

Ante su silencio dejo de pedir una respuesta. Llegando a mi mente todas las veces en que él interactuó con alguien, incluso la pregunta sin responder escrito en un papel, mi hermano lo vio, todos lo vieron.

—Zack no existe, lo siento —exclama mi hermano viéndome como...todos.

Y eso termina por destrozarme en secreto, ¿hasta dónde ha llegado mi locura? ¿qué parte de todo lo que viví es real y que no? ¿Acaso esta horrible enfermedad me ha consumido tanto y yo no me di cuenta? ¿por qué todo ahora parece una realidad difusa? Ninguna emoción pasa por mi rostro, mi mirada está en algún punto fijo del cuarto. Entre las paredes blancas que no transmiten nada. Una señora alta ocupa el lugar de mi hermano, sé quién es pero finjo no prestar atención. No puedo.

—Haru necesitamos hablar, soy la psicóloga que te atendió la última vez ¿me recuerdas?

No contesto, dentro de mí el pánico amenaza con manifestarse entre un grito que sube hasta mi garganta y rompe mis cuerdas vocales. Por un segundo la idea de jamás volver a hablar me reconforta, nadie podría comentar con palabras que nunca dije. No dañarían, no causaría estragos, no más.

— ¿Quieres que te explique, lo que realmente paso? —pregunta pausadamente utilizando un tono calculador, en este momento yo soy la única ignorante.

Tengo miedo de responder un sí o un no. Ninguna respuesta calmara mi desesperación, he perdido en cualquier sentido. De nada valió haber mentido, haberme tragado mis gritos para evitar ser golpeada como una ficha de domino, cambie las secuencias, oculte mi locura pero igual acabe en el sitio que no deseaba.

Asiento como respuesta.

— ¿Recuerdas que te pregunte si veías cosas, qué si veías objetos, personas que nadie más visualizaba? Bueno, como te advertí ese día no habíamos terminado no pude decirte lo que te iba a ocurrir con el paso de tiempo.

Lo recuerdo, las cosas empezaron a cambiar con ese último veredicto pero yo me encargue de que mi padre recibiera otros resultados, que las llamadas insistentes llegaran a mi buzón de voz. Me negué a seguir escuchando.

—Desde que saliste de ese consultorio te encerraste en tu propio mundo, en tu propia realidad. Mesclaste lo que sucedía con aquellos pensamientos, con aquellos temores que sentías latentes. Modificaste los escenarios de tu vida. No solo saco conclusiones por lo que me comentaron, por lo que he notado en ti; te hicieron distintas pruebas.

— ¿Qué pruebas? —cuestiono con dureza, alarmada que no solo se refiera a una sino a varias.

—Sé que quisiste cambiar la prueba de polisomnografía y lo hubieras logrado, pero ya estábamos preparados para ello, hay cámaras en esta habitación Haru —confiesa esperando ver mi reacción, pero me niego a complacerla— ¿Quieres verte por ti misma? —añade al notar que dudo de sus palabras—. Traigan el video por favor —comunica a nadie en particular.

Dewey se dirige hacia la puerta, allí en una silla esta una computadora que trae de inmediato, la mujer a mi lado abre la laptop y de inmediato un video empieza a reproducirse. Soy yo el día en que me internaron, mi padre está cerca de la cama y el dispositivo móvil está entre mis manos. Estoy sonriendo cuando alzo la vista hacia la puerta pero no hay nadie allí, mis labios hacen el gesto de estar pronunciado palabras pero además de mi padre estoy hablándole a la nada, me veo allí levantándome de mi cama y jalando a mi padre al corredor. Luego me quito los aparatos que analizan mi sueño, una mirada entristecida embarga mi rostro.

No levanto la mirada de la pantalla, el pánico vuelve a hacer de la suyas y siento que me ahogo, que recibo un puñetazo en el estómago que me deja sin aire. Niego con mi cabeza una y otra vez con los ojos como platos. Zack estuvo allí, los mensajes...

Busco mi celular visualizando que mis manos están temblando, yo estoy temblando incontrolablemente.

— ¿Dónde está mi celular? —digo con dificultad.

Mi padre es quien sostiene lo que busco, unas lágrimas amenazan con escaparse de sus ojos pero intenta detenerla, intenta ser fuerte. Le arrebato el celular entre sus manos como puedo, no logro calmar mi cuerpo ni mi mente. Voy de inmediato mis conversaciones de WhatsApp, busco el nombre de Zack pero no está, solo descubro algo peor. Hay un chat que contiene todos los mensajes enviados y recibidos de nosotros pero hay un detalle... El número de destinario y remitente son los mismos, yo misma me respondí mis mensajes.

—También te hicimos una combinación de resultados de estudio de sueño y resultados del examen PET scan —agrega sin necesidad de explicar que todos los resultados fueron positivos.

—Tengo insomnio familiar fatal y me ha consumido más deprisa ¿cierto? — confieso escuchando como mi voz se quiebra—. Porqué soy la excepción ¿verdad? — Y una risa sin humor alguno brota de mis labios.



Nana Valentina

Editado: 04.02.2019

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