Realidades Difusas

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Capitulo 2

Entro a mi habitación bostezado, visualizo el cargador de mi celular que extrañamente, nótese el sarcasmo, está debajo de la cama por quinta vez en la semana, siempre salgo apresurada y no le presto mucha atención a donde tiro las cosas en realidad. Me quito las tenis dejándolas al lado de la puerta, que es de color turquesa al igual que toda mi habitación. Me agacho para recogerlo y lo conecto en el enchufe cerca de mi cama, apenas alumbra me aparece un mensaje reciente.

Mikeyla

Hola amiga ¿por qué no has venido a clases? :( ¿Estas bien?

Su mensaje me hace sonreír, esos detalles son los que me alegran aunque sea un poco. Mikeyla es una de mis amigas más cercana que extrañamente ha ignorado todo lo que se dice de mi...o al menos así actúa, es la chica que se sienta en el medio del salón y tiene una forma de ser que produce que siempre estés riendo a su lado, sus ojos color miel brillan como las luces de una ambulancia, es fantástica.

Haru

Tenía que ayudar a mi papa con un asunto, pero estoy bien :)

Y por eso mismo no necesito que encuentre una razón para creerles a los demás. Ella finge que no sabe lo que dicen de mí, y yo me aseguro de que no lo confirme por ningún medio más. Aunque ocultarle cosas me hace sentir culpable, odio las mentiras al igual que las personas deshonestas, pero es más fuerte el deseo de que se quede que el de la culpa que me come.

Mikeyla

Me tenías asustada, en otra avisa señales de vida; llego para la cena amiga ;).

Veo mi librero que se encuentra pegado a mi pared turquesa de la habitación, pego un salto de mi cama para agarrar el libro favorito de mi madre "La lección de August", lo releíamos juntas en las tardes-noches, posee un montón de post-ist de colores, tanto que pareciera que solo fuera de esas pegatinas. Abro el libro y escojo la primera que mis ojos ven, dice así:

"Todos deberíamos recibir una ovación al menos una vez en nuestra vida, porque todos vencemos el mundo"

Mi madre solía recitarnos esa frase en especial, era su favorita, decía que todos teníamos problemas incluso por muy insignificantes que pudiera parecernos podía hacernos cambiar, ya sea de forma buena o mala pero que para ello necesitábamos ser fuertes y valientes. Necesitamos que alguien noté que no es sencillo estar de pie cuando algo amenaza con desplomarnos. Todos vencemos al mundo.

Asiento con la cabeza para mí, conteniendo las lágrimas que han empezado a amenazar con escaparse, cierro el libro apretándolo fuertemente contra mí. Tal vez sea masoquista pero la sensación de volver a recordar esos detalles, me ayudan a no olvidarla. Porque a pesar de que tengo ese pequeñito rencor en mí, por prometerme que yo no heredaría su enfermedad cuando los resultados ahora se ven tan claros; la extraño, la quiero aquí, la necesito aquí, solo esa persona puede ser capaz de entender por lo que yo estoy pasando, solo mi madre, pero si no me empiezo a cuidar por mí misma nadie lo hará por mí, ya va siendo hora que las cosas den un vuelco.

— ¡Hey loca, ya llego tu amiga! —grita desde abajo mi hermano mayor, que él me diga así hace que me duela y odie más ese estúpido apodo. Ruedo los ojos molesta con él y conmigo. Debo de aprender a dejar de lado mis lágrimas.

— ¡Sube Mikeyla! —logro decir gritando mientras vuelvo a guardar el libro en su lugar y me giro hacia la puerta secándome los ojos con la blusa amarilla de tirantes.

Un cabello de mechones ceniza se asoma en mi puerta tan rápido que pego un brinco hacia atrás, una licra negra tubo y una blusa floreada acompañan la presencia de Mikeyla.

— No comprendo porque tengo que anunciar mi llegada en esta casa — exclama en tono de molestia mientras se tira en mi cama como si fuera de ella.

—Aquí la que anuncia su propia llegada eres tú, sabes perfectamente que cuando papa no está, no hace falta.

—Mientras adivino si tu padre está o no está perfectamente puedo estar hablando contigo.

—Pero si no le avisas a mi papa, no va a poder hacer un plato de más en la cena.

Frunce el ceño pensante y estruja mi pobre oso de peluche café entre sus brazos, por las dudas, no, no tiene nombre es solo oso café.

—Entonces voy a venir todos los días a tu casa así no tendré que anunciarme y siempre tendré comida en la cena —explica encantada con su respuesta, sus ojos, aunque parezca imposible brillan emocionados.

— ¿Acaso solo vienes por la comida? —finjo estar ofendida llevando mi mano al corazón de forma dramática.

Me siento encima de mi cama. No soy buena con las conversaciones, así que mi secreto es tomar las cosas en forma divertida y seguir la corriente.

—De hecho, querida amiga esa es la otra razón por la que vengo.

— ¿La comida es tu segunda razón?

—No, tú amiga mía —sonríe angelicalmente.

La golpeo con mi almohada y simplemente se ríe.

—Ya, ya —dice mientras niega con la cabeza, se coloca frente a mi poniéndose seria — ¿Está todo bien Haru? —cuestiona así de pronto y me aterra que se haya enterado de lo sucedido estos días atrás. Las constantes visitas a los psicólogos y la receta de pastillas para tranquilizarme y poder dormir, no es algo que anhelo fervientemente hablar con mi amiga.



Nana Valentina

Editado: 04.02.2019

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