Realidades Difusas

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Capitulo 4

Miro el reloj despertador que está justo en la mesita de noche y noto que pronto tendré que levantarme. Llevo horas dando vueltas en la cama, sin poder realmente dormir y cuando en algún extraño momento siento que me he quedado dormida, no es así, escucho el sonido a mi alrededor y la pequeña luz que se cuela por mi ventana la siento sobre mí.

Fase dos o tres del sueño, creo que le dicen.

Vuelvo a cerrar mis ojos, al menos descansare vagamente mi vista. Los abro de inmediato al sentir de cierto modo algo, escucho unas pisadas suaves y firmes alrededor de mi cama, pero me quedo quieta, estática. Cierro nuevamente mis ojos apretándolos fuertemente, no es real.

Escucho una respiración acelerada.

No es real.

Siento como lentamente mi cobija se arrastra hacia el suelo, poniendo mi piel de gallina por mera impresión.

No es real Haru.

— ¿Es enserio? No tengo cinco años para que me asustes con tales pequeñeces —protesto jalando mi cobija en su lugar—. Y además, no eres real.

—Si eso quieres creer —masculla siniestramente una voz que reconozco perfectamente —. Pero sabes bien que soy real.

—Solo existes en mi mente —protesto quedamente y vuelvo a cerrar mis ojos.

No sé porque, pero cada vez que regreso tengo esa secuela de sentir y escuchar cosas que no están allí, esa voz es recurrente tanto así que ya conozco su nombre.

—Edder, déjame dormir en paz —sentencio sentándome para verlo mejor.

Sale de la oscuridad de la noche, acercándose lo suficiente para que la luz ilumina su silueta. Su piel de color verde sigue asombrándome, es un chico común a pesar de lo que puedo visualizar, pero a la vez sé que por algo está cerca de mí, sin que yo lo sepa en ocasiones.

— Voy a molestarte hasta que te levantes Haru, lo sabes —sonríe mostrando su perfecta dentadura Colgate. Sus ojos negros se iluminan cuando le tiro lo primero que encuentro y para mi mala suerte ni siquiera le toca un mili segundo, cae torpe contra el suelo.

Gruño molesta, Edder ríe a carcajadas, es una ilusión molesta de las mañanas. Algo así como un despertador, pero más molesto.

**

Bostezo dramáticamente.

Instituto Marcady Led.

—Fantástico —murmuro ingresando por las grandes puertas metálicas de la entrada de este instituto de Phoenix.
El piso color pastel se extiende hasta más allá de lo que capta mi vista, mostrándome la gran cantidad de estudiantes que van desde los trece a dieciocho años con sus uniformes, una camiseta por dentro blanca, un chaleco color vino con una corbata del mismo color con rayas blancas y una falda de pliegues gruesos de color beige adorna la figura de cada alumna de una manera personalizada en ciertos casos.

Mi camino no espanta a nadie, ni tampoco los acerca claramente, me dispongo a mirar el horario en mi celular, la primera hora me toca estudios sociales con mi queridísima amiga Mikeyla. Allí me dirijo sin detener el paso, cruzo el pasillo principal para encontrarme con la puerta número cuatro que da la casualidad está ya con algunos compañeros.

Busco mi sitio en la tercera fila del aula un campo vacío en este momento eso es sencillo. Mikeyla entra por la puerta con su gran sonrisa captando la atención de la mayoría de los presentes con su hermoso cabello rubio de mechones ceniza suelto. Sus ojos mieles me encuentran de una vez con mis ojos azules griseados.

Tira su mochila en el sitio vacío a mi derecha dejándome ver lo personalizado que tiene su uniforme.

— ¿Aún no te han dicho nada sobre tus mallas negras y tu enagua dos pulgadas más corta?—comento para nada sorprendida por su elección de hoy miércoles.

—Las ventajas de ser la favorita —afirma encogiéndose de hombros, mientras me guiña el ojo confiada.

Asiento con la cabeza dándole la razón mientras saco mi cuaderno y un lapicero azul.

— ¿Vas a ir hoy a mi casa a hacer ejercicio? —le pregunto mirando la hora, aún nos queda cinco minutos.

—A comer —réplica deprisa.

—E-jer-ci-cio —deletreo despacio mientras visualizo su rostro horrorizado.

—Co-mi-da —Vuelve a replicar, abriendo sus ojos exageradamente—. Tú hermano aún no me logra convencer, tu tampoco lo harás —afirma convencida sacando el espejo.

Vocalizo una respuesta a Mikeyla pero un dolor intenso recorre mi brazo derecho. Extrañada trato de disipar el dolor frotándomelo rápidamente.

El timbre suena ruidosamente, me fijo en mi reloj sorprendida faltaban cinco minutos hace...las agujas del reloj se mueven rápidamente, la grande va hacia la izquierda y la pequeña hacia la derecha, confundida alzó mi vista.

Todo está en silencio, no, paralizado. Mikeyla está mirándose el lápiz labial en el espejo, el profesor Ricardo se quedó a medio paso de la puerta, el grupo de las chicas escandalosas de atrás se encuentran en medio risa mientras se señalan divertidamente, hay un chico mirando un asiento vacío, otro se encuentra rayando la pizarra y yo soy la única que se da cuenta de eso.

Me levanto frustrada apenas viene iniciando el día y ya imagino cosas, ayer tuve suficiente con mi hermano, estar allí, despertándome desorientada sin saber dónde estaba, intentando recordar que sucedió en esa realidad, pero no podía tenía un dolor punzante en la cabeza. Logré ubicarme unos segundos más tarde y vi que mi hermano estaba a mi lado con un semblante de póker y por un momento temí que se lo dijera a papá pero no fue así, simplemente se limitó a decirme que desayunara mejor en las mañanas.



Nana Valentina

Editado: 04.02.2019

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