Realidades Difusas

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Capitulo 7

— ¿Qué has hecho hoy en el insti? —pregunta Dewey mi hermano, quien esta acostado a mi lado en su cama de agua.

— No vas a creérmelo pero mi vida hermano, se ha vuelto nada interesante —respondo bostezando mientras vuelvo a acomodarme en el colchón que por ahora es genial pero entre un rato me aburrirá de nuevo.

— ¿No viste a Mikeyla? —pregunta extrañado.

— No, pensé que estaba contigo.

— Y yo que estaba contigo, por eso no la llamé —responde encogiéndose de hombros.

— Sabes querido hermano mío —empiezo melosa tratando de ocultar mi sonrisa —. Aún tengo esperanza que tú y Mikeyla, ya sabes... — agrego con voz soñadora.

Mi hermano despedaza mis ilusiones estallando en carcajadas. Le pego molesta en el brazo produciendo que aumente su risa.

— Ella es bonita Dewey

— Sí, no te lo voy a negar pero es Mikeyla —dice como si aquello resultará obvio.
— ¿Y eso qué? es divertida, carismática, bonita, inteligente —enumero uno por uno— ¿Qué esperas?
— ¿Qué espero? ¡Es Mikeyla!

Ruedo los ojos exasperada.

— ¿Y eso qué? —siseo sin comprender.

— Es una amiga, automáticamente desde que la conocí se quedó allí y eso es no sucede a menudo así que —se encoge de hombros —, es Mikeyla.

Niego con la cabeza divertida sin convencerme.

Un silencio se produce entre los dos pero no es incómodo.

— Extrañaba esto —admito sonriendo —. Deberás que te extrañaba Dewey.

— Lo sé, hace mucho no éramos tú y yo Haru —me confiesa con un tono melancólico que logro captar —. Yo también lo extrañaba.

Observo la habitación de mi hermano, no es muy grande pero es lo suficiente espaciosa para un adolescente que pasa su mayor tiempo en un instituto. Tiene un espejo de cuerpo completo a un lado de su armario el cual está con ropa esparcida en el mismo espacio. Lo más seguro es que se vea allí todos los días probándose distintas camisetas para asegurarse con cual se ve mejor sus bíceps. Y estoy segura de ello, lo he visto.

Mama solía molestarlo cada mañana por el gran tiempo que necesitaba, que incluso duraba más que ella, recuerdo que Dewey reñía en ocasiones protestando que para algo hacia ejercicio. Era cómico escucharlos en las mañanas.

— ¿Extrañas a mamá? — pregunto despacio mientras me volteo para mirarlo a la cara.

— Todos los días —asegura imitando mi posición.

— ¿Tú crees lo que decían de ella? — me atrevo a preguntar. Él no es abierto en cuanto a lo que ha pasado, era igual que conmigo, fingía no escuchar, fingía que no pasaba nada con nuestra madre.

Se encoge de hombros.

— Si tenían razón o no ya no importa, mamá no está.

— Sí, sí importa porqué aunque sé bien que eso no cambia el hecho de que está muerta, no significa que ella no se angustiara pensando que opinábamos de ella—declaro angustiada—.Sé y comprendo que a mama le bastaba con lo que escuchaba decir de personas conocidas y desconocidas sobre ella.

— Mama nunca perdió la razón sencillamente esa enfermedad la confundió — comenta por lo bajo después de un momento en silencio.

Asiento en acuerdo, no lo puedo negar ni contradecir, mama siempre fue mama pero a veces ella no estaba segura de eso, sus actos y sus palabras parecían confundirla.

— Voy a decirle buenas noches a papa —le comunico mientras me levanto de su cama —. Si sabes algo de Mikeyla me avisas por fa.

Y salgo de su habitación y me dirijo hacia la de mi padre que esta al fondo del pasillo. Toco dos veces la puerta y me abre de inmediato. Su rostro cansado me recibe con una sonrisa y me hace sentir un poco mal el hecho de que hasta ahora he venido en el día.

— Solo venía a desearte buenas noches papi — le digo abrazándolo.

— Buenas noches Haru — lo siento sonreír mientras corresponde mi abrazo.

Antes de acostarme en mi cama le envió un mensaje a Mikeyla.

Haru

Hola Mike, ¿Estas enferma? No te vimos hoy en el insti.

9:55pm

Cierro los ojos y suspiro agotada. Toda esta silencioso y es justo lo que necesito. Silencio completo.

— Eres muy aburrida — farfulla.

Me giro deprisa hacia la voz que escucho tan cerca de mí mientras pego un grito escandaloso. Unas manos me tapan la boca obligándome a callarme pero obviamente no lo logra pues sigo gritando aun con las manos en mi boca.

— Es extraño que te asuste solo porque te he hablado ¿acaso no has imaginado cosas peores?

Lo enfoco con el ceño fruncido, el cabello castaño despeinado con mechones en la frente me impide ver el verdadero color de los ojos del chico, quien mientras ríe por lo bajo produce que sus ojos tan...auténticos queden a mi vista, me miran divertidos.

— ¿Qué quieres? ¿En verdad estas aquí o te estoy imaginando Zack? — cuestiono zafándome de su agarre.



Nana Valentina

Editado: 04.02.2019

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