Realidades Difusas

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Capitulo 8

No lo volteo a mirar y me limito a negar reiteradamente que lo olvide.

— Es solo una expresión Zack—miento encogiéndome de hombros—. Olvídalo.

Un vértigo horrible me hace tambalearme en mi lugar, percibo una mano cálida sobre la mía, me giro donde esta Zack acostado. Sus ojos con heterocromia parecen perder la figura de la pupila, extendiéndose el color de ellos, aprieta mi mano otra vez pero en esta ocasión lo percibo con claridad aun cuando nunca ha sucedido así.

Está provocando que mi mente se traslade a ese lugar llamado Jazleit, a esa realidad imaginaria.

— ¿QUÉ HACES? — vocifero de igual modo alarmada.

— Algo sucedió cuando desapareciste en mis brazos, y presiento que solo tú puedes arreglarlo, tienes que hacerlo.

Me retuerzo en la cama, siento miles de punzadas en el cuerpo, el aire se me va y no puedo evitar el grito de dolor que sale desde el fondo de mi garganta.

— ¡HARU! ¿QUÉ SUCEDE? — escucho gritar a mi hermano desde el otro lado de mi puerta, imploro en silencio que no se atreva a entrar pero lo hace, sus pasos suenan contra el suelo tan deprisa que apenas registro como con fuerza quita el seguro medio puesto.

El dolor es insoportable, vuelvo a retorcerme mientras sollozo una y otra vez.

— Ve..t..e — tartamudeo.

— Lo siento Haru pero prometo que luego estarás bien — murmura quedamente Zack, quién no ha sido registrado por Dewey al entrar.

— ¿Qué sucede Haru? ¡Papa! — grita acercándose a mí.

No debe de estar aquí, no puede volver a presenciar como mi mente me juega una mala pasada, no puedo escuchar como el dolor es tan real para mí, menos mi padre que está más tranquilo pensando que nada pasa conmigo, no puede, no ahora ni nunca.

— ¡VETE! — le grito alterada, asustada.

Zack parece comprender mi desesperación ya que se para inmediatamente de la cama y se acerca a mi hermano.

— ¿Qué hago? —cuestiona frustrado sin saber cómo hacer que se largue.

Lo miro furiosa, en estos momentos no tengo cabeza para pensar, solo deseo que se largue de aquí.

— Haru ¿debo llamar una ambulancia? — pregunta Dewey y sé que lo hace porqué sospecha que tal vez solo es parte de mi enfermedad, de que si es así, no valdría de nada llevarme hasta allá.

No quiero negarlo, no quiero confirmárselo.

— ¿Puedes irte un momento? — cuestiono Zack a Dewey quien no entiende que mi hermano no lo ve.

Se ve bastante ridículo.

— Maldición — farfullo por lo bajo—. Dewey busca a papá— Le pido deprisa, no soportare más estar consciente.

Él se va corriendo hacia la dirección del cuarto de papá. Le hago señas a Zack de que cierre la puerta y es lo último que capto antes de vencerme al dolor.

**
— ¡Eres un completo estúpido, sin cerebro!— le grito golpeando su pecho tremendamente molesta.
— ¿Sólo sabes mi nombre y ya me estas insultando? —espeta frunciendo el ceño.
— Te lo mereces, me has hecho sentir como si me estuviera muriendo, agonizando— pauso—, de la peor forma.
— Lo siento, pero te he hecho venir porqué tú la jodiste aquí y por ende, tú la arreglas— exige demandante arrastrándome en algún lugar que podamos pasar desapercibidos.

Mientras soy arrastrada quien sabe a dónde, me percato de que hay un silencio sepulcral que reina en cada parte del lugar. Busco algún indicador que me señale donde estamos, las casas de colores chillones, a un lado parece haber una zona verde amplia, es la raza rosa aquí suelo caer la mayor parte del tiempo pero...no hay nadie. Me detengo.

— ¿Qué se hicieron? — cuestiono intrigada, esto no suele suceder, nunca de hecho.

Zack me sigue jalando del brazo, exigiéndome seguir.

— Camina deprisa Haru, no es seguro estar aquí— se limita a responder mientras se cerciora deprisa que no nos siguen.

— ¿Por qué no hay nadie? — vuelvo a insistir.

— Están los guardias amarillos y mucha gente a nuestro alrededor, pero no puedes verlos, aparentemente.

— ¿Y eso por qué?

—Tu eres la de las respuestas, explícame por qué aparecí en una realidad diferente a esta —cuestiona adentrándonos en un callejón un poco lejos de los demás, supuestamente.

— Yo pregunte primero—digo evitando responder, pero en realidad no entiendo como logro entrar en mi realidad.

— ¿Vamos a empezar otra vez? —dice impaciente volviéndose a mí—. No entiendo por qué tú apareces y desordenas todo, literal. Todo este pueblo, esta raza se detuvo sin explicación, todo estaba normal pero luego recordé que lo único fuera de lo común eras tú y por algo también inexplicable yo no me detuve como los demás. ¿Qué hiciste Haru? —Me apunta con el dedo, entrecerrando los ojos de manera calculadora— Sé que tú sabes más de lo que dices, los guardias amarillos andan buscándote y eso también es extraño, ellos se entretienen con algún otro que encuentren a su alcance cuando alguien normal se escapa, pero contigo han exigido saber de tu paradero.



Nana Valentina

Editado: 04.02.2019

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