Realidades Difusas

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Capitulo 11

Cruzo la puerta de mi casa unas horas más tarde, tengo miedo de cuan cierto es que ya hay fecha para que se sepa concretamente de mi enfermedad, aunque después de tremendo episodio por Zack o por mí (eso depende de qué lado lo ves) parece que mi padre se ha llevado una fuerte decepción, o la tendrá cuando me ingrese hacer esos exámenes. Subo por las escaleras sin mucha prisa, no tengo ánimos para comer hoy, apuesto toda mi mesada que habrá lasaña y eso sumado con mi experiencia, no es algo que disfrute.

Unos minutos después escucho a mi hermano Dewey, gritar desde abajo que Mikeyla está aquí, noticia que me desconcierta.

—Hola, Haru —dice entrando a mí habitación con una sonrisa que me recuerda al gato de Alicia, o tal vez yo soy que le agrega tal efecto.

—Hola —contesto por lo bajo, ¿qué le pasa?

Me observa en silencio, sin quitar su gran sonrisa que ahora me parece de loca...opps. Vaya, es tan fácil de decir cuando no es a ti quien va dirigida. Es tan sencillo decir cualquier palabra en el momento sin pensar.

— ¿Seguimos siendo amigas, verdad? —se atreve a preguntar dándome una mirada de arrepentimiento, pero no menciona lo que ha pasado, no tratar de explicar nada y eso me decepciona un poco más.

—No somos niñas Mikeyla ¿por qué vienes a preguntarme de nuestra amistad, cuando dijiste lo que dijiste? —cuestiono sin titubear.

—No inventes Haru, eso no fue nada —responde con ese tono de burla que aborrezco, que no había conocido hasta hoy—. Todo el insti lo sabe.

Tengo un nudo horrible en mi garganta, niego con la cabeza sorprendida, no ella, no la única persona que considero mi amiga.

—No me importa lo que todo el mundo comenta, no es verdad —aseguro alzando la voz molesta, con ella y conmigo por tal mentira.

—Ya...si eso quieres creer —se encoge de hombros indiferente— no me molesta, pero ¿somos amigas, cierto?

¡NO! quiero responder sin pensar ni un momento en lo que significara perder a mi única amiga ahora. Deseo echarla de mi habitación, de mi casa, de mi vida pero ¿qué haría después, sola? es sencillo decir que es mejor estar solo que mal acompañado pero es mentira, una simple compañía por más superficial que sea te llena esa soledad que sientes al estar rodeado de personas y observar como todos tiene a alguien, pero tú no.

Aprieto mis manos en puños, molesta conmigo misma, respiro hondo tratando de calmarme y dejo poco a poco que mi orgullo se largué. Ignoro lo dolida que me siento, y le sonrío de lado.

—Sí, aún somos amigas Mick —respondo por lo bajo, temerosa de que noté mi voz quebrada.

Es horrible que pensar que tienes una amiga y darte cuenta de pronto que ya no tienes nada, porque de alguna forma lo has arruinado, y estas sola y es jodidamente aterrador.

Lo siento, lo veo, todos me están mirando, ni siquiera disimulan que están susurrando de mi ¿acaso todo el mundo sabe realmente que estoy "loca" y que no es solo un chisme? desde que supe lo que Mikeyla decía, se me hace tan evidente notar como en el pasillo hay risas burlonas, de escuchar con más claridad lo que dicen.

"Estoy segura que está loca", "La semana pasada empezó a gritar en media clase ¡de la nada!", "Su hermano ni la alza a ver, seguro se avergüenza", "¿Por qué vendrá al instituto? Debería estar en un psiquiátrico", "Me siento en inglés con ella, debo buscar un nuevo lugar"

Son palabras sencillas, inocentes que son dirigidas a una chica inestable de diecisiete, la cual su madre ha muerto por causa de locura.

No lastima tanto lo que murmuran, sino la verdad detrás cada una, todo es verdad, estoy mal.

En clase de inglés sucede lo que temía, una chica llamada Wendy se cambia de asiento apenas me visualiza entrar. Trato inútilmente de esconderme o desaparecer, no estaría mal, de allí mismo. La profesora nota de inmediato al ingresar que estoy sola.

— ¿Por qué estás sola Haru? —pregunta confundida la señora Benedict, mientras coloca sus cosas sobre el escritorio.

Me encojo de hombros como respuesta sin levantar mi mirada, esto se siente sin duda estar sola, no solamente de amistades sino de compañía. Porque son dos cosas distintas.

—No puedes trabajar sola ¿algún voluntario que se una a Haru? —dice elevando la voz, ni siquiera volteo a ver como ignoran tal petición, o a mí para ser exactos—. Si nadie se ofrece ahora mismo, todos reprueban la tarea de hoy.

Y para agregar dicen tremenda advertencia, lo menos que necesito es que alguien este conmigo por mera obligación. Nadie se sienta conmigo en inglés, ni en la clase siguiente, ni la siguiente, por ello no ingreso a la última que me toca con Dewey.



Nana Valentina

Editado: 04.02.2019

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