Realidades Difusas

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Capitulo 11 parte dos

—Haru, viene por ti.

Me rio sarcásticamente rodando mis ojos ¿es en serio? no estoy para estupideces hoy.

—Aja ¿y quién viene por mí? —cuestiono a la ligera cruzándome de brazos, esta chica sin duda algo le pasa, no está en ninguna de mis clases ¿por qué me hablaría? o más bien ¿por qué me dice eso?

Su mirada inexpresiva se vuelve a cruzar con la mía.

Cuéntales a todo lo que me has dicho de mí,

que el amor no existe,

pero siempre existirá la maldad,

Y tú como la salvadora del mundo

—Detente —exijo sin dejarla acabar, su voz suena monótona, como una maquina repitiendo lo que le han dicho—, ya conozco ese poema.

Solo que en boca de tal situación, sospecho que los significados cambian.

desde mi uso de razón

[...]eres real.

Frunzo el ceño ahora desconfiada, volteo a mirar a mi alrededor, ¿acaso estoy imaginando?

Sé de lo que eres capaz Haru ¿tú lo sabes?

La empujo contra el casillero, es más baja que yo y en tal estado de trance no se resiste.

— ¿Quién te envió? ¿quién te dijo sobre eso? ¿qué significa? —la bombardeo de preguntas sin perder tiempo, es lo más cercano que he estado de volver a conseguir respuestas, pero no estoy segura de querer escucharlas.

Sus ojos azules me miran confundidos, desorientada mira hacia los lados hasta que parece caer en lo que le estoy preguntado. Unos segundos después escucho el timbre sonar y un grito ahogado, soy golpeada en el estómago dejándome sin aire, caigo al suelo como la inútil que resulto ser en esto.

La chica con suéter chillante corre tan deprisa de mí que no logro visualizar hacia donde se dirige. Me levanto retomando el aire poco a poco, hay más gente a fuera a causa de la salida para mí desgracia, están acuchilleando entre ellos mientras me señalan con aires de superiores. Me pongo más erguida cuando paso a lado de todos ellos, con mi cabeza en alto ignorando lo que dicen y manteniendo una actitud fría en mi rostro.

A las cinco y media estoy abriendo la puerta de mi hogar con un dolor de cabeza insoportable, apenas ingreso visualizo a mi padre haciendo lasaña. Suspiro agotada, el día no quiere acabar, esto es la cereza del pastel.

Subo con toda la pereza las escaleras, solo deseo tirarme en mi cama con mis audífonos y mis canciones aleatorias a todo volumen pero lo que único que hago es acostarme abrazando mi almohada.

Alguien toca a puerta sobresaltándome, abro mis ojos mientras me levanto. Me mentalizo a mí misma que debo estar tranquila y no preocupar a papá.

—Hoy hay lasaña —anuncia de inmediato Dewey, cuando abro la puerta.

—Está bien —respondo sin cerrar la puerta de una vez, porque lo conozco y sé que dirá algo más. Su expresión ida en algún punto de mi habitación, su ceño fruncido y sus manos formando un solo puño.

—Sabes Haru, aún no me explico porque sigue cocinando lasaña, era algo de mamá no de él —dice con un tono molesto, su voz grave hace eco en mi mente, recordándome al día del entierro ¿será que en realidad estaba molesta con mamá y no con la gente?

—Supongo que aún quiere recordarla, que no la olvidemos —me atrevo a decir despacio temiendo que vaya a opinar mi hermano, últimamente sospecho eso, que sabe algo de mamá que yo no. ¿por qué estaría tan molesto?

Se ríe sarcásticamente echando exageradamente su cabeza hacia atrás, como si lo que dije fuera un gran chiste. Me estremezco.

— ¿Por qué un hombre como papá querría recodar a una mujer como...esa? —escupe rechinando los dientes, dándome esa sonrisa de amargura.

— ¿Qué te pasa? no hables así de mamá, como si ella hubiera hecho algo imperdonable —la defiendo sin dudar, molesta con él ¿cómo se atreve a hablar así de nuestra madre?

—Si tú supieras lo que yo sé, no la defenderías Haru —se limita a responderme y se va tan deprisa que no me da tiempo de decir algo.

Pero él tampoco me dejara sin respuestas, corro hacia abajo buscando a Dewey.

— ¡Dewey! —grito esperando que conteste.

Ingreso a la cocina y me topo con mi padre y Dewey sacando la lasaña del horno, discutiendo.



Nana Valentina

Editado: 04.02.2019

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