Recluidos del exterior

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9. Países

Su respiración parece haberse detenido, todo a su alrededor parece estarlo, toda esperanza ya se ha disipado, cada uno se encuentra con la vista en un solo lugar; un muro. Un solo objeto que les detiene a marcharse, con una extensión que no pueden apreciar al su vista ya no permitirlo por la lejanía, con una altura de al menos seis metros, es este su fin, retenidos por un solo metal de gran grosor.

Ahora se sienten encarcelados, perdidos, engañados...

Constanza no puede creer que esto esté sucediendo, dispara al metal en un solo sitio en repetidas ocasiones sin hacer algún orificio, la frustración y confusión la gobiernan, simplemente no admite que aquello les esté ocurriendo.

     — ¿Qué se supone está pasando? —las primeras lagrimas empeñan su vista, se descompone, su futuro sea extinguido, no puede evitar mirar a José, quien hasta el momento se encuentra examinando el muro con expresión seria.

     —Vamos a morir —asegura afligidamente María, golpeando el metal con los puños.

Inexplicablemente Matías consigue reírse sin importarle la situación en la que se encuentran, cuando Daniel reclama los motivos de su risa, éste le enfrenta girando un poco la cabeza al lado derecho para mirarlo, comentándole:

     —En verdad perdóname, creí como un tonto que de alguna forma podríamos marcharnos de tu país sin tantas complicaciones. Cuando todo esto comenzó visitaba a mi hermana aprovechando mis días de vacaciones, nunca estuve enterado de que algo así ocurriría, ni siquiera entiendo cómo es que algo así se pudo poner en tan poco tiempo; por eso me rio —sonríe con tristeza, observando su mano que sostiene el arma—. Moriré sabes....

     —Vamos a escalar esto. —decide José, interrumpiéndole, hablando finalmente.

Rápidamente corre a la camioneta, sube a la caja, hurgando para encontrar cualquier herramienta que le sirva; encuentra cuerdas, dos metales similares a un arpón. El resto no comprende los planes de José, pero Daniel sin dudarlo se une a él y como buen líder pronto ordena al resto a acatar los planes del joven.

En su vida anterior José aprendió acerca de la supervivencia, a pensar más allá de sus límites y buscar soluciones aunque estas parezcan no tenerlas. Esta noche él tiene los medios para salvar al resto, sabe que regresar no es una opción cuando son perseguidos para darles muerte. Improvisa con lo que tiene, ata la cuerda al arpón, y ésta la sujeta a una de sus flechas.

     —Muchacho, ¿Estás seguro que esa flecha resistirá el peso de ese fierro? —Matías no está convencido en que funcione, simplemente ha optado por montar guardia y estar al pendiente de sus enemigos para tratar de enfrentarles y aplazar su muerte.

     —No lo sabré hasta no lanzarla, chamo —sube la vista hacia el muro, al mismo tiempo que su arco y flecha, eligiendo una posición de tiro más cómoda—. No me vayas a fallar —se lo pide a su arco al lanzar la fecha.

Se eleva milagrosamente, atravesando el muro. José sostiene el final de la cuerda y comienza a tirar de ella hasta que esta se atranca, tira varias veces con fuerza asegurándose que no se desenganche.

     —Es segura. Voy a intentar con...

     —Han llegado, maldita sea. —blasfema Daniel, uniéndose a Matías con un arma semiautomática—. ¡Ya no hay tiempo!

Hay al menos cinco luces resplandecientes de fuego entre la oscuridad acercándose, son antorchas creadas con trozos de ropas y gasolina. El grupo zuliano los ha visto, Andry va al frente seguido de Félix, sosteniéndole la antorcha, al informarle que será el primero en dispararles como advertencia.

     — ¡Se ha terminado este juego! —dispara sin apuntar a ningún integrante.

El par responde provocando que el grupo zuliano se esparza, a distintos sitios, algunos se ocultan entre las rocas, otros se echan al suelo. Andry permanece en pie, molesto por la cobardía de sus aliados.

     —Agradable bienvenida, muy agradable —asiente conforme. Pide que su equipo avance junto a él, antes de volver a disparar en esta ocasión a Daniel—. Voy a asesinarlos como bichos. —musita.

La oscuridad ciega a todos, disparan a cualquier cosa que crean moverse, José se arrastra para ocultarse detrás de una roca, pierde de vista a Constanza por unos segundos hasta encontrarle en el extremo contrario al suyo junto con Kerión, se tranquiliza un poco solo hasta que ve a María en medio de los disparos, hincada en el suelo, abrazando a su hijo, entre sollozos.

     — ¡María, ven aquí! —La mujer perdida entre tanto disparo y gritos, le es difícil escucharle—. ¡María, por Dios! —vuelve a gritar, esta vez sale de su escondite, apuntando y disparando con precisión a sus enemigos las ultimas flechas restantes.

Al llegar a ella se encarga de alejarla, siendo protegidos por Matías, y a su vez protegiendo a Daniel, quien presenta una herida en el hombro izquierdo.

     —Tienes que quedarte con Juan, estoy segura que estará mejor a tu cuidado, trata de salvarlo, ¿quieres? Sube con él y váyanse de aquí. —suplica, besando la frente de su hijo, abrazándolo como si fuese la última vez que lo hiciera.



L. Enríquez

Editado: 05.03.2019

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