Recuérdame Anita

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CAPITULO 2

Era una mañana lluviosa en aquel noviembre gris, nuestro baño se inundó porque dejé por error, una vez más, la llave de la tina abierta. Sonriendo me miraste y dijiste lo que solías decir cuando cometía un error "el día es joven" o sea, todo puede suceder.

La mañana se fue tan rápido que parecía que la luna ya besaba al sol (en realidad siempre lo hiso, de hecho, jamás estuvieron separados), siempre permaneciste entusiasta, desde el día que te dije que el viaje que habíamos planeado realizar, era un hecho. Hiciste las maletas desde hace dos días ya, y te fuiste de compra para no sentirte pasada de moda. Querías que al llegar allá todos presumieran de ti, no pude convencerte de que compraras ropa al llegar allí.

Al llegar el atardecer conduje hasta el centro comercial, te recogí, fuimos a la casa de tus padres, nos despedimos y partimos rumbo al aeropuerto, ahí nos esperaba María, tu amiga ¿te acuerdas? Esa que creció junto a ti, a la que tú y tus otras amigas apodaron ratoncita por ser tan pequeñita. Le diste las llaves a María mientras, yo sacaba del baúl nuestro equipaje, me alejé para dejarte cumplir el ritual al que se someten tú y todas tus amigas y lo hiciste, a pesar de estar acostumbrado a verte hacerlo, nunca pensé que esta vez sería difícil separarte de ellas, no entendía entonces, que presentías tu final.

En el avión, me perdí un poco de tu mirada, al encontrarme muy cómodo mirando el folleto de seguridad, me sumergí imaginando que ocurría un accidente, que caíamos en cualquier lugar de la costa, que sobrevivía a la caída, pero no te podía encontrar ¡que tonto!, una mala jugada de mi mente, una rara caricia que no dejaba de ser una posibilidad. Cuando aterrizamos, en la ciudad de Santa Martha, el sol se asomaba, me quité el abrigo que llevaba y tú solo te reías de mí, pues ya habías advertido, que era una ciudad calurosa, yo lo sabía, quería llevarte la contraria, como siempre solía hacerlo.

El hotel en el que nos hospedamos, era muy bonito, tenía una vista espectacular. El varadero, era muy comercial, fresco, moderno, se notaba que Santa Martha era una ciudad de encanto, pero que conservaba sus tradiciones como Fiesta del Mar, celebrado todos los años, fuimos cerca a la fecha, pero no nos quedamos para cuando este iniciaba. Su gente era muy amigable, siempre con una gran sonrisa, éramos recibidos en cualquier lugar que llegáramos. Fueron unas cortas vacaciones, enriquecimos nuestro espíritu, visitando muchos lugares turísticos y bañándonos en sus encantadoras y mágicas playas.

No pasó un instante en que te soltara la mano, tenía miedo Anita, de perderme en el montón y no poder encontrarte; como aquella vez, en esa discoteca en donde tuvimos nuestra primera pelea. No quería bailar, insistías hasta cansarte y mandarme a la mierda, fue tan gracioso, porque al rato regresaste diciéndome que ya no querías estar allí, que nos marcháramos, te seguí y al llegar a la salida, se formó una aglomeración. Todos corrían diciendo que había una bomba en la discoteca, aunque al final todo se trató de una farsa. En medio del caos solté tu mano y nos separamos, no fue algo intencional; sabes más que nadie, que no soy bueno huyendo en medio de los problemas. Al final de mi despiste, te encontré, recostada en nuestro auto, sonriéndome, siempre con esa palabrita que más detesté de ti "te digo que sin mí no puedes encontrar el camino de regreso, ¡eres sólo un niño!" te creías muy madura por llevarme dos años de ventaja y había otra que siempre me decías creo que era "lo sé, sabes que es cierto", "más vale que te acostumbres", " y si no ¿qué? " , entre otras...

No creo que hayas olvidado la cena de navidad con tu familia. Esa noche, no fue muy agradable para mí y lo sabes ¿verdad que la recuerdas? Llegué ese día más temprano que nunca, lo había hecho en otro lugar, tus padres me recibieron en la puerta, te vi esconderte y luego salir fingiendo estar sorprendida de mi llegada, no te imaginas lo incómodo que fue para mí, sobre todo porque mentiste, a tus padres, a los idiotas de tus primos, a tu ex y a mí, quien por cierto no dejaba de preguntarme, cuánto ganaba como dj y lo peor no acabó ahí, recuerdas cuando les conté a tus padres que era mesero del restaurante de su mejor amigo?, su reacción fue más o menos, como el de un volcán a punto de estallar ¡por Dios!, pensé que le daría un infarto y cuando le pegué a tu ex por sapo, ¡sí! él fue quien lo mencionó y me fui de allí, porque tu padre me echó. Nunca he olvidado todo lo que tuve que pasar, para hacerte mi esposa, pero nunca podré olvidar cuando me dejaste, sobre todo por la vergüenza, que tu padre me hizo pasar con sus amigos en el restaurante, por él me echaron, ¿lo recuerdas? Porque está fresco, como la lluvia en mi memoria.

Quiero que sepas que no renuncie a ti, a pesar de verte vencida, derrotada. Anita el verdadero amor no renuncia, espera como un cazador al acecho, hasta que logra por fin lo que quiere, ¡te quiero!, ¡te amo! Nadie en este mundo podrá separarme de ti, Dios me puso ahí para ti y eres para mí, no podía creer que me habías terminado, y también renuncié como dj, supe que estuviste ahí, pero jamás me buscaste; a veces dudaba de que sintieras eso tan fuerte que latía en mí.



Nani Ferrin

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En el texto hay: romance, amor doloroso, memorias

Editado: 24.11.2018

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