Recuperando a Dalton

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Capitulo 3 : El karma

Cerré la puerta y tire las llaves sobre la mesa que había al lado de ella. Un regalo de mamá para decorar el ambiente, el mueble era bonito pero me parecía absurdamente caro. Me fue imposible no notar la foto enmarcada que había a un lado, la tome y la deje sobre el sofá. Comencé a desvestirme quedando solo en ropa interior. El apartamento estaba solo, las luces estaban apagadas y había un bonito silencio que lo hacia el ambiente perfecto para mi, así que me puse cómoda. Con una botella de jugo en mano y el marco donde sale Alexis junto a mi, una Effie Borchgrevink de diecisiete pretenciosa y clasicista, me hundí en los recuerdos, parecía ser lo único que sabia hacer desde hace días.

Ese día fue dos noches antes de que Alexis partiera con su familia de viaje, dejándome por dos meses, y un par de semanas, sola. Para ese entonces mi pierna no prescindía de un yeso y aun conservaba, bien cuidado en mi armario, el vestido amarillo traído de París. Alexis nunca fue como yo, ella siempre estuvo un paso delante de mi, y hoy en día me enorgullece decir eso. Sus logros son los míos. Por muchas razones ella no era como yo, muchas cosas nos diferenciaban; nuestra personalidad, el humor, nuestros principios, pero sobre todo la forma de ver las cosas. Pero eso no impedía que se riera de algunas de mis bromas clasistas, eramos crías y algo tontas, ella sabia diferenciar el bien y el mal, merito a sus padres por una buena enseñanza y a ella por mantener su mente abierta. No era mi caso. Yo vivía en una burbuja..., que pronto seria pinchada.

Me divertía haciéndoles pasa un mal rato a otras personas, pero no en el sentido de hacer bromas pesadas y ser insoportable como cualquier adolescente. Yo lastimaba, si bien no físicamente, lo hacia con palabras, con mis acciones. A menudo tenia una charla conmigo misma para ver si en realidad estaba siendo demasiado cruel con las personas, charla que terminaba conmigo creyendo que aun no era lo suficientemente cruel con ellas. En el presente soy capaz de ver lo que en realidad era, una mocosa lastimada que deseaba lastimar a otros como manera de sanar su dolor, de hacerles sentir lo que sentía, de pedir ayuda de alguna manera. Una manera bastante nazi. Pero así pasaba mis días, pisoteando a los demás. Cuando veía que le caía mal alguien hacia lo que fuera por caerle peor, es que disfrutaba caerle mal alguien. Ser detestada.

Una, no tan grata, sorpresa me lleve cuando conocí a una niña que parecía no caer ante mis dotes naturales de ser odiada. Alexis paso un infierno conmigo hasta que me hizo aceptar que ella no se marcharía, que ella se quedaría junto a mi a pesar de que no parase de cagarla. Porque ella tenia esperanza en mi. Y mira que la he cagado bastante, hasta la he hecho llorar, —cabe recalcar que cuando la hice llorar con mi basura no pude sentirme mejor que una sanguijuela, me arrastre por su perdón, hice lo posible para que sonriera de nuevo. Era un puñal en el corazón verla llorar, pero aun peor era el dolor sabiendo que la causa de sus lágrimas era yo.— después de todo ella no se movió. No me abandonó y cumplió su promesa, ella se mantuvo conmigo.

Recuerdo que la noche que tomamos esa foto estábamos en una cena de negocios, una donde los mayores empresarios que aportaban dinero para que crezca el pueblo asistían, claro que los padres de Alexis eran adinerados, ¿Como iban mis padres a dejar juntarme con alguien pobre que no tuviera los suficiente dígitos en sus cuentas bancarias? En aquella foto salimos sonriendo, esa noche presumía mi atuendo y zapatos importados. Como siempre, tan ridícula.

—Apuesto a que con el valor de mi esmalte de uñas Ursula podría comprarse un vestido menos ridículo. —burle y reí viendo el feo vestido que la susodicha vestía, no podía entender como es que estaba en esta cena si tenia dinero pero no para tanto. Padre dijo que su familia estaba apunto de recibir una herencia, que si no fuera por ella toda la familia estaría siendo nuestros jardineros. Los chismes corrían mas rápido que la luz en este pueblo, las paredes tenían orejas y las personas, obviamente, bocas y ninguna vida de la cual preocuparse, al parecer. Suponía que ya la habían cobrado.

—No me gusta como le queda. —fue todo lo que dijo Alexis.

—Parece un vestido sacado de una feria americana, tan vulgar como algo que solo ella podría usar.

Si, hablaba de Ursula. La misma Ursula que dije que era mi amiga. Verán, la palabra amiga, que proviene de amistad, no la tenía tan estimada. Alexis era un caso aparte. Un milagro, algo especial; tal como lo era ella.

Alexis era mi cómplice en todo por más que no quisiera formar marte de lo que otros llamaban "mi burguesía nazi", pues yo la arrastraba y ella se dejaba llevar. Creo que después de todo ambas teníamos algo en común; eramos fácil de influenciar.

Después de todo las madres estaban en lo correcto de no querer que sus mugrosos engendros estuvieran en mi circulo social, tampoco es como si hubiera dejado que unos tarados sin clase formaran parte de mis amistades. Lorraine y Leondre Lombrad tuvieron que haber apartado a su hija de mi, pero si lo analizan con lujo y detalle; quizá la luz no hubiera llegado a iluminar mi oscuridad. Porque, siendo sincera, la cría de los Lombrad había llegado a mi vida para quedarse y hacer de linterna en mis noches oscuras, extendiéndome una mano cuando me hundía en arenas movedizas. Cuando sentía que un alambre de púas apretaba mi garganta; cuando mis ojos, inyectados en sangre de tanto llorar e hinchados, se sentían secos de lágrimas; cuando mi mierda me impedía seguir un rumbo; cuando mi alma caía a pedazos; cuando dolía respirar y se hacia difícil seguir, justo en esos momentos, Alexis Lombrad permanecía a mi lado.



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Editado: 08.10.2018

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