Redención

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CAPÌTULO 7

-Entonces ¿estás diciendo que has visto a ese chico y a la tierna abuelita en tus sueños? – dice Abby con su rostro muy pensativo, como si estuviera intentando descifrar un enigma muy grande.

- Sí! Es exactamente lo que te estoy diciendo – le responde moviendo apresuradamente la cabeza de arriba hacia abajo mientras caminábamos a la estación de autobuses.

Ya hace varios minutos que habíamos terminado nuestra jornada de trabajo y decidimos marcharnos rápidamente. Luego del incidente no quise salir del cuarto de empleados pues no tuve el valor suficiente para estar cerca de ellos otra vez, así que como la cobarde que era decidí  esperar a que ellos se marcharan; mientras esperaba sentada allí y con una cura en mi dedo tuve mucho tiempo para pensar y llegué a la conclusión de que Abby debía saberlo; es por eso que se lo estoy contando en este preciso momento, narrándolo todo desde el principio.

Ahora que se lo he contado todo, veo la expresión que me regala Abby y puedo notar que cree que estoy alucinando o que estoy loca.

Pero necesito que me crea y me apoye.

-Y ese chico quería asesinarte porque aparentemente tu tenías algo que le pertenecía – continua diciendo en forma de pregunta – y entonces Helena te iba a dar lo que supuestamente él buscaba – Sigue hablando con la frente muy arrugada tratando de procesar toda la información.

-No estoy segura si quería asesinarme Abby! Era un sueño – digo - ¿Y por qué estás repitiendo todo lo que te acabo de decir? – le pregunto frustrándome un poco mientras me tapo el rostro con las manos.

-Porque quiero saber si realmente entendí bien Emma – me responde – Esto que me acabas de contar no es fácil de comprender, es totalmente loco y no sé qué pensar.

Doy un largo suspiro, sabía que no me creería una vez que le contara pero pensé por un instante que aunque sea me apoyaría en esta situación. Seguimos caminando sin decir nada más hasta llegar a la parada, ambas inmersas en nuestros propios pensamientos; afortunadamente llegamos antes que el autobús y puesto que aún faltaban varios minutos para que llegara decidimos sentarnos.

Luego de otros minutos Abby rompe el hielo.

-Emma lo siento – se disculpa – tal vez no deberías preocuparte por nada de esto, mejor piensa que esto solo fue una coincidencia como creías que era.

-Lo sé, lo sé – le respondo – sé que debería hacerlo, pero al encontrarme a la anciana justo al día siguiente y que sea exactamente igual a la de mis sueños – me detengo por un momento – es imposible, no puedo creer que sea solo coincidencia – finalizo, implorándole con mi mirada que me creyera.

-Bueno, en eso tienes un poco de razón – replica.

-Lo ves! Ves que no estoy tan loca – digo agarrándola del hombro.

El autobús llegó y todas las personas que allí estábamos nos acercamos a él para subir. Ya sentadas retomamos nuevamente la conversación.

-Además – sigo insistiendo – aún sigo pensando en la manera en la que ellos se estaban mirando – le digo – parecía que ya se conocían.

Abby asiente mirando por la ventana mientras el autobús avanzaba.

-De acuerdo! Hagamos esto – me dice repentinamente – Es fin de semana y no tendremos que trabajar. ¿Por qué no tomas este tiempo para distraerte? Relájate y no pienses en nada de esto – me aconseja – Intentaré buscar algo por internet para encontrarle una explicación, tal vez  en realidad sí sea coincidencia y así podrás quedarte tranquila ¿Te parece?

-Está bien – le digo coincidiendo con ella – Tienes razón. Mañana es sábado, sería agradable llevar a David al parque y entretenernos un rato, además, mamá tendría el día libre para descansar un poco mientras estamos fuera.

-Excelente idea – apoya ella – Haz eso.

Le regalo una sonrisa y nos quedamos nuevamente en silencio, Abby vuelve a mirar por la ventana mientras yo me quedo pensativa mirando al frente cuando algo capta mi atención; a un puesto delante de mí, en el lado izquierdo del autobús estaba un chico, se veía muy joven, de unos 18 años tal vez, a pesar de estar sentado podía notar que era alto, tenía el cabello de un color caoba, largo hasta los hombros y de contextura delgada; era un chico atractivo, aunque eso no fue lo que llamó mi atención, sino el hecho de que estaba mirándome, y no solo eso, sino que también me estaba lanzando una sonrisa burlona, intrigada me quedo mirando cómo él sigue sonriendo a la vez que niega con la cabeza para luego voltear al frente.



Carmen

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En el texto hay: angelescaidos, demonios y angeles, romance

Editado: 02.03.2019

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