Redención

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CAPITULO 8

Se hallaba ahí, sentado justo en la misma banca en la que hace unos segundos me encontraba, estaba mirando en dirección donde mi hermano estaba jugando. ¿Por qué me lo tengo que encontrar aquí? ¿Y por qué, entre todos los sitios disponibles de este parque tenía que sentarse en la banca que estábamos ocupando? Creí que este fin de semana estaría tranquila y sin tener que pensar en nada de lo ocurrido, pero ahí estaba él, justo al frente, como si estuviera esperando por mí, y viéndolo de esa manera me hace pensar que lo hace como si fuera a propósito.

¿En qué momento llegó?

Fue tan repentina su llegada que no me di cuenta.

Como siempre, desde la primera vez que lo vi, los nervios comienzan a invadirme, no podía moverme de mi posición, no sabía qué hacer, lo primero que se me ocurría era que me fuera de allí, que me ocultara, pero no podía hacerlo pues todo lo que había traído para nuestro día de picnic estaba ahora mismo a su lado, sin olvidar además que David aun jugaba y no podía dejarlo solo, así que al ver que no me quedaban opciones decidí acercarme a él. Limpiándome el sudor de las manos en mis pantalones inhalé una profunda respiración y comencé a caminar; estaba tan nerviosa y temblaba tanto que a cada paso que daba pensaba que mis piernas no resistirían y desfallecería.

Cuando me acerco a él, nota mi presencia y posa sus ojos en mí; comienzo a ordenar mis cosas sin encontrar el valor de devolverle la mirada. Termino y decido sentarme lo más alejada posible que pueda de él, cruzo los dedos para que David regrese para que nos marchemos ya.

Trato de mirarlo de reojo sin que se dé cuenta y sin poder evitar admirar otra vez ese perfil tan masculino y apuesto que posee.

Luego de que pasan algunos minutos el cual para mí parecían una eternidad, el chico vuelve a mirarme y hace algo que pensé él no haría y me deja totalmente sorprendida.

-Eres la chica de aquel café ¿Cierto? – pregunta de repente.

Lo miro sin decir una palabra. Por Dios, su voz es tan gruesa y tan profunda que a pesar de haberlo escuchado antes, aunque muy poco, hace que los latidos de mi corazón comiencen a desequilibrarse y vayan a mil por hora.

Se acomoda en su puesto apoyando los brazos en sus rodillas sin quitarme la vista de encima, esperando por mi respuesta y haciéndome dar cuenta que lo he hecho esperar.

Afirmando, asiento con la cabeza pues al parecer nada quiere salir de mi boca; pero entonces, dándome fuerza de voluntad y valor carraspeo la garganta para responderle.

-Sí – respondo, reflejando en mi voz los nervios que siento – yo te atendí hace unos días.

- Mmmm. Lo recuerdo – dice aun mirándome – Emma.

Mi corazón salta de mi pecho. Recuerda mi nombre, no pensé que lo haría.

-Sí, ese es mi nombre – digo torpemente.

Volteo el rostro avergonzadamente, ¿Acaso no puede ser más tonta? ¿No tenía algo mejor que decir? Lo tengo aquí justo a mi lado, la persona que desde hace días no puedo quitar de mi mente por obvias razones y ni siquiera puedo hablar con él. Esta es la oportunidad que necesito para saber algo de él, para encontrar una razón a esta extraña situación, tengo que hacerlo. Sin que él se dé cuenta suspiro lentamente, me tomo de las manos y volteo.

-¿Y? – Comienzo a preguntarle - ¿Cómo te llamas?

Toma algunos segundos.

-Bruno – responde sin más.

¿Bruno? Hasta su nombre es perfecto. Bruno. Bruno, no puedo dejar de repetirlo, su nombre suena tan bien en mi cabeza.

-Bruno. Pues es un gusto conocerte – digo tendiéndole la mano para que la estreche.

Se queda viendo estoicamente mi mano antes de tomarla, y cuando lo hace, cuando su mano toca la mía, siento como si una fuerza eléctrica me recorriera por completo; sus manos se ven tan grandes sobre las mías y son tan suaves que no quisiera tener que soltarlo.

Lo suelto a regañadientes.

Ambos nos quedamos en silencio por un tiempo. ¿En qué estará pensando?

Decidida, intento entablar un poco más de conversación con él y lograr sacar algo de información.

-¿Eres de esta ciudad? – comienzo a preguntarle.

- No – responde sin más.

- ¿Entonces eres nuevo aquí? – vuelvo a preguntar.



Carmen

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En el texto hay: angelescaidos, demonios y angeles, romance

Editado: 02.03.2019

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