Reencarnación: El comienzo

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CAPÍTULO 2: ¿QUIÉN ERES?

– ¡Soy Alexa, mi nombre es Alexa… – Pierdo el equilibrio y salgo volando desapareciendo de ese lugar.
Escucho voces, pero no las entiendo: – ¡Alexa… ! ¡Alexa, por favor despierta… ! – Me cuesta abrir los párpados, poco a poco los abro mientras mi vista se va esclareciendo. Lo primero que veo es el techo blanco, un sonido que decía: Bip… bip… y también veo a… ¿Un médico?
– Por fin despierta Srta. Madalengoitia. – El médico es algo mayor de edad, cabello canoso, algunas arrugas.
– Do…doctor… – Me cuesta hablar.
– No se preocupe, sufrió un accidente, pero por suerte todo está bien.
– Ya veo… ¡Ah, mi madre…!
– Tranquila, están afuera, haré que pasen. – El médico sale, tarda un poco y entran mi mamá, mi abuelita y mi adorable hermana.
– ¡Mi niña! – Veo a mi madre arrodillarse con lágrimas en los ojos, de pronto se me viene a la mente la imagen de esa mujer demonio.
– Hermana…que bueno…que estás bien. – Mi hermana quiere llorar, pero se voltea y evita hacerlo.
– Estuvimos preocupados, cuando nos llamaron yo… me… me alteré, casi me vuelvo loca... – Seguía derramando lágrimas. – Pero lo bueno es que estás bien y muy pronto te darán de alta.
– No, hoy le damos de alta, se recuperó muy bien. – Decía el médico mientras revisaba unos papeles.
Pasaron 4 horas, me hicieron algunos exámenes para ver si no tengo nada más y me dieron de alta. Mi madre pidió un taxi y mientras estábamos dentro, miraba la ventana pensando en ese sueño, esa mujer era muy parecida a mi madre, no quiero creer eso, pero una parte de mi mente tiene dudas, no sé por qué.
– Alexa ¿Qué sucede? – Cariñosamente me pregunta mi abuela.
– No, nada, solo pensaba en cómo me recuperé tan rápido. – No me gusta mentirle, pero tenía que hacerlo, ya que si le digo, no me creerá.
Llegamos a casa, le dije a mi madre si puedo salir a caminar un rato, aceptó y salí. Aún pensaba en ese sueño o “recuerdo”, tal como me lo decía ese joven.
Mientras caminaba me detuve junto a un árbol, lo miro bien y lo reconozco ¡Es el árbol de mi sueño!
– Algo me decía que estarías aquí.- Esa voz, la reconozco, volteo a mirarlo y es él, no puedo creerlo, él estuvo en mi sueño ¿Qué hace aquí?
– Tú eres… – Me quedo sorprendida.
– Como te lo dije, soy el Shinigami Rinne, el que te enviaba tus recuerdos.
– ¡¿De qué hablas?! ¡Ya deja de decir esas tonterías!, no sé de qué recuerdos hablas, nunca los he vivido para estar segura de que eso pasó.
– Tú misma lo dijiste, no estás segura, pero hay una probabilidad.
– ¿Eh? ¿Y cuál sería esa?
– De que yo mismo te lo enseñe. – Terminó de decir eso y de la nada apareció una guadaña, me quedo sorprendida, porque no la he visto cuando vino. – Te haré recordar quién eres en realidad quieras o no. – Aparece otra ese viento fuerte, pero no me hace volar, más bien me da sueño, no quiero cerrar los ojos, pero no puedo evitarlo y los cierro.
Otra vez me cuesta abrir los ojos, logro abrirlos de a poco, me levanto lentamente y lo primero que veo son velas, flores e imágenes de Santos.
– Despertaste, me alegra de que el accidente que tuviste no fue grave. – Volteo a ver de quién es esa voz.
– ¡Padre Rafael! – Me pregunto que hace aquí.
– Ya despertaste al fin. – Veo al Shinigami bajar de unas escaleras. – En verdad eres perezosa. – Lo ignoro.
– Padre Rafael ¿Qué hace aquí con él? Y ¿Dónde estamos?
– No te preocupes, estamos en una vieja iglesia abandonada, tengo la llave de la puerta y también él es un amigo mío de muchos años, ya se presentó me supongo.
– Lo hice.
– De acuerdo Shinigami, por qué me trajiste aquí y por qué también está el padre Rafael.
– Dime Rinne, molesta que me digan Shinigami solamente.
– Solo respóndeme.
– Comenzaré yo primero, ya que puedo ver que ustedes dos se conocieron de mala manera. Estamos aquí para ayudarte Alexa, ya que no recuerdas quién eres.
– ¿No recuerdo quién soy? Padre, por favor, ¿Usted también va a colaborar con este loco?
– No Alexa, eres tú quien debe colaborar, por favor. – Es la primera vez que veo al padre ponerse serio. – Escucha a Rinne.
– … – Dudo. – … De acuerdo.
– Aquel “sueño” que veías toda tu vida y lo que llegaste a ver por completo son tus recuerdos. En el pasado tú eras la arcángel Angel, sucedió lo que viste y terminaste reencarnando como una humana, pero yo me encargué de que vieras lo que te pasó en realidad.
– … Entonces, si soy un arcángel que servía a Dios ¿Por qué él permitió esto? – Se quedaron callados.
– Porque Amenadiel se lo pidió, le suplicó que por favor aún no sea el Juicio Final.
– ¿Juicio… Final?, entonces, si querían rescatarme, tendría que haber el Juicio Final.
– Correcto.
– ¿Lo entiendes Alexa? ¿Entiendes el por qué soñabas eso toda tu vida?
– Lo entiendo… – Quedo pensativa y reacciono. – Pero… padre, ¿Usted cómo sabe sobre esto, por qué los apoya y cómo lo conoce?
– Bueno, los conocí después de que la iglesia se incendiara. Ellos me dijeron que no fue un accidente, lo provocó alguien, y ese alguien tú la conoces.
– ¿Yo? – Me quedo sorprendida, no tengo idea de quien está hablando el Padre. – Por favor padre, dígame quién lo provocó, a ver si conozco a la persona.
– Aún no es el momento Alexa, tú misma debes averiguarlo, si te lo decimos, sería muy fuerte todo esto.
– … Entiendo, de acuerdo.
– ¿Al fin aceptas que eres una arcángel?
– Yo no dije nada en primer lugar, segundo, aún no acepto que sea Angel o quien quiera que sea.
– … Ojalá Angel estuviera aquí.
– Pues no lo está, deja de compararme con ella.
– Era más inteligente… y más bonita.
– ¡¿Qué...?! – Me enojé.
– Bueno, es hora de irnos, tu mamá debe estar preocupada.
– Si. – No quiero irme, no sé por qué. Me despedí del padre y salí de la iglesia, él se quedó. Mientras salía, el Shinigami también lo hacía.
– Oye Rinne… entonces ¿Solo estás aquí en este mundo para qué?
– ¿Aún no lo entiendes?, para ver si recuerdas quien eres en realidad.
– ¡De acuerdo!, soy el arcángel Angel, pero reencarné como una humana por culpa de una mujer demonio que tiene el mismo nombre de mi madre ¡Feliz!
– Yo no debería estarlo. – Ninguno habló, caminamos hasta una esquina no muy lejos de esa iglesia. – Yo me voy por otro camino, ¿Allá está tu casa, verdad?
– Sí. – Antes de que empiece a caminar él me detiene poniéndose delante de mí. – ¡Qué quieres!
– Toma. – Me da un papelito con un número. – Para estar en contacto, adiós. – Se va, me quedo mirando el número escrito en el papel, después levanto la mirada y lo veo caminando, me volteo y camino también.



_Katzuma_

Editado: 14.02.2020

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