Reflet

Tamaño de fuente: - +

0.5

0.5

Destrúyeme

— ¿Podrían dejar de cuchichear allá atrás? Parecen dos pares de gallinas esperando empollar.

Lila y yo callamos en cuanto mi hermano nos dirigió una mirada corta. Su cuerpo giró y pude oler la colonia que pareció llegar hasta el punto más oscuro de su cuerpo. A veces puede pasarse de idiota. Y de colonia.

— ¿Yo me he quejado por tu molesta risa?—no dijo nada—Exacto, así que sí quiero hablar con mi amiga mientras vamos secuestradas hacía una fiesta, te aguantas.

Seguimos el camino hacia la casa extremadamente ruidosa y llena de gente. A simple vista no podría caber alguien más, pero cuando menos se pensaba, más gente entraba. Aník estacionó el auto a un lado, donde estaban otras camionetas. Me deliberé de qué hacer. Podía quedarme sentada ahí, hasta que uno de ellos decidiera regresar, pero las probabilidades de eso se daban a horas más tardes. Y no deseaba estar en el mismo entorno que Aník, ya me bastaba con respirar el mismo aire. Y me sentía sofocada.

Las fiestas jamás fueron mi mayor deseo. Y obviamente no quería estar nuevamente ahí. Sabía que no estaba bien del todo, no completamente. No dormía bien, y sentía que el ver un auto era lo suficientemente peligroso como para revivir lo que había pasado esa noche. Pero algo cambió. La llegada de Aník parecía haber cambiado un poco mi actitud, volvía a ser la misma chica energica y curiosa que solía ser. Solo por su rareza, por su manera de ser. 

 La gente atumultuada no era de mí agrado. El silencio parecía ser mi mejor compañía muchas veces, pero esta noche ese no podía ser mi plan. Pasé mis manos por mi jean, frotándolas varias veces mientras que levantando la mirada me di cuenta que los ojos grisáceos estaban fijos en mí. No sé cuánto tiempo llevaba así, pero su mirada estaba tan fija que supuse que deseaba ver algo o descifrar algo desde ahí. La picardía en su mirada junto a su mirada felina juguetona solo me hizo jadear y querer bajar más rápido.

Sí su plan era hacerme bajar por sentirme incomoda, lo logró.

Pero la incomodidad no se fue, de hecho, permaneció todo el tiempo conmigo mientras decidí quedarme en el jardín del lugar. La casa sobresalía entre las demás, tenía ese aire moderno especial pero clásico al tiempo, la piscina; la parte más llamativa del lugar era mi compañía. Las luces a su alrededor y la gente caminando de un lado a otro decidiéndose entre tirarse o permanecer en la orilla tal y como yo lo estaba haciendo.

Mi mirada viajó por cada parte del lugar, indecisa de qué podía hacer. Aburrida, soñolienta y con mucha hambre. Lila parecía estar disfrutando como siempre de las fiestas, a duras penas había conseguido más información sobre ellos. Simplemente nada los catalogaba como asesinos o algo que los conectara con el cuerpo que había visto ese día. Mucho menos explicaba la razón de su desaparición.

Quizá ya me estaba volviendo loca.

Mi vida siempre se basó en el sueño, la comida y la lectura. ¿Qué otra cosa se podría esperar de mí? ¿Qué quiere de mí este mundo cruel cuando solo estoy pensando en pizza?

Ese no era mi momento, la noche estaba dispuesta a hacerle perder el conocimiento a varios, o dejarme en la vergüenza al encontrar a mi hermano parado en una de las mesas haciendo prácticamente estriptis.

Desastroso, mucho más que eso. La noche podía haber empeorado sí le hubiesen dado un micrófono a mi hermano, así empezaría con Grease 2.0 y todos le hubieran seguido el rollo. Tenemos la misma edad, pero siempre quedó en claro quién era el más maduro de los dos. De eso nunca hubo duda.

— ¡Hey! Menealo, paralo, bien duro... háganlo, paraíto, el meniaíto, paradito y solito... ¡Eh!  —empezó a cantar, reprimí una sonrisa e intenté mantener el equilibrio. Se removió de un lado a otro, haciéndome tambalear junto a Aník quien parecía estar ayudándome en un momento como ese.

Lo observé, aun sintiendo que en algún momento caería como un dominó. Él caía, yo caía, Aník caía.

Diuk y Lila ya no habían dejado rastro alguno, estaban demasiado ocupados con tener la atención de la mayoría de los ebrios en la casa mientras celebraban la victoria que a duras penas logré encontrar a Kayne, con la mirada perdida y balbuceando cosas sin sentido.

Estaba sola, bueno, no del todo, cuando estaba a punto de saludar el piso junto al ebrio de mi hermano, las manos de Aník agarraron el cuerpo de mi hermano me ayudó a mantenerlo de pie.

—Sabes que te amo, ¿no hermanita?—susurró cerca mientras intentaba sentarlo en la parte trasera del auto. –Joder, ¡Mi hermanita ha crecido! ¿Sabes Aník? Ella estuvo preguntando por ti.

Mierda

Solo miles de muertes accidentales y catastróficas podían pasar por mi mente. Mi cara de auxilio y desespero no parecían suficientes para mi hermano, no cuando abría y cerraba la boca como si masticase las palabras, pensando y no pensando al mismo tiempo por tener su culo ebrio.



BlondeSecret

Editado: 03.01.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar