Reflet

Tamaño de fuente: - +

0.9

0.9

Fuego

El color fuerte y reluciente del cielo se fue despidiendo, realmente no supe cuánto tiempo pasó cuando salí corriendo de ese callejón, pero al llegar a la fogata descubrí que muchos de los habitantes del pueblo estaban gozando del calor y la reunión que solían hacer cada año. Me percaté de la oscuridad que estaba poseyendo el cielo. El sol se despedía, y las estrellas aparecían dispuestas a danzar alrededor de la luna.

Lila estaba disfrutando de los malvaviscos, un par de galletas y la compañía del chico de ojos azules que al parecer, fue eterna. No había podido hablar con ella, no cuando había llegado con él.  Ambos no paraban de hablar, y a diferencia de Aník, Diuk reía cada cuánto. No de manera sonora como lo hacía Lila, pero el leve sonido ronco se escapaba de su voz, y no reaccionaba de la manera en la que el chico gris lo hizo. El calor de la fogata era el momento perfecto para disfrutar de la calidad del momento; varios hablaba, otros se besaban, bebían, y bailaban un poco.

Nunca esperé estar en cada fiesta, o alguna celebración. Hacía poco que había pasado por algo trágico, que me seguía revolviendo la cabeza. Supongo que el no haber quedado con alguna cicatriz o dolor en mi cuerpo me ayudaba, pero no del todo. No cuando cada mañana me levantaba y me daba cuenta que la oscuridad de mis sueños a veces ni siquiera se hacía presente en la noche, sino que poseía cada parte de mí día. 

Así que había decidido quedarme, todos estábamos ahí, incluso mi madre estaba hablando con algunos. El  hecho de regresar a casa me resultaba ya...tedioso. Podía regresar y encontrarme con mi hermano Kein, recién llegado durmiendo, con una chica en bragas. O simplemente recordar la soledad que abundaba en la casa. Una de dos. Y ambas no eran lo primero que mis ojos gustasen ver al llegar a casa.

Saqué mi celular, con la esperanza de leer un rato. Seguramente me veía como la chica aislada del momento, asocial quizá. Pero no me apetecía establecer conversación con alguien, o supongo que nadie se me acercaba por esa misma razón. Me castigué en mi mente por no traer conmigo mis preciados audífonos, pero eso no me impidió proseguir a mi lectura. El sonido de la leña calentándose al igual que los demás adolescentes hormonales era...no el ambiente indicado para leer una escena hot, pero era lo que tenía.

Alcé la mirada, no sé realmente con qué fin. Supongo que con el temor de que alguien se acercara y notara que uno de los personajes estaba teniendo un buen orgasmo. Aník estaba hablando con varias chicas; se le veía radiante, sonriente, no de la manera...natural, pero tampoco se veía forzado. Él sin duda no era el chico malo, no, era el chico de la sonrisa agradable y sociable, dispuesto a la conversación con todos. Excepto conmigo.

No sabía el por qué, pero con Aník era más que imposible mantener una conversación, me hacía detestarlo, cada momento lleno de intriga, porque de alguna manera, sentía que cuando pasaba insípidos segundos conmigo, una parte de él era genuina; nada de sonrisa falsa, una parte de él, era él.

— ¿Apreciando la vista?

Salté espantada, y de consecuencia, mi celular cayó al suelo.

Perfecto.

Las mangas negras, cubriendo sus brazos se hicieron visibles, tomó el celular, lo limpió y quedó a la vista.

El orgasmo de la chica.

—Excelente...lectura—sostuvo el celular por unos segundos, no sabía cómo reaccionar. Alcé la mirada para encontrarme con él y ahí fue lo peor. Me detuve abruptamente, quedando ahí a plena vista con la baba tendida.

Sus ojos avellana observándome y brillando gracias al fuego, sus manos sosteniendo el celular del demonio, en gritos hacia satán y lujuriosas palabras. ¡La condenación plasmada en un celular! ¡Entre sus manos!

Noté algo similar en él, su rostro era peculiar, atractivo, atrayente, con un brillo singular que le daba, no solo la fogata, sino su actitud. A pesar de ir vestido de manera informal, las mujeres del lugar disfrutaban verlo. Se veía joven, pulcro y con buen porte.

— ¿Te molesta sí me quedo aquí?—negué.

Joder, la pena podía ser la palabra correcta. No lo conocía, pero eso no lo hacía menos vergonzoso. El era atractivo, de hecho, era de los chicos que te dejaban sonrojada con solo mirarlo. Sus ojos grandes, cabello castaño, algo largo, no le llegaba a los hombros pero si lo suficiente como para llegar a sus orejas y, a pesar de estar sentado, se notaba su altura. Y posible que estuviera buen cuerpo oculto detrás de la camisa de algodón de mangas largas.

—Eres la hermana del loco Kayne, ¿no?—asentí.

Su nariz era precisa y característica, podría permitirme a decir que parecía un chico sacado de alguna clase de anime, pero eso sería muy apresurado. Una invisible barba se posaba en sus mejillas, y sus labios algo pálidos por el frío le daban un toque diverso. Él era atractivo, soltando un aire cálido y amigable. No era como Aník, en definitiva nadie podría compararse a él. Aník tenía esa destreza de hacerse notar sin siquiera hablar, el aire que él respiraba parecía tan solo...mágico.



BlondeSecret

Editado: 03.01.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar