Reflet

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0.32

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La oscuridad del túnel cedió

Pronto lo que oculto estaba, visto por todos era

Y uno solo iba a ser el salvador 

Esa, sin duda alguna, era una de las peticiones más delicadas, estúpidas y locas que existieran.

"¡¿Cómo se le ocurría pedirme algo como eso?!", el grito en mi mente hizo eco.

Para él quizá esas palabras no significaban un carajo. Pero para mí, era como entrar al infierno de aguas de fuego hirviendo. Y me quemaba. Sin duda lo hacía. Porque él me había tomado de la cintura y esbozando una sonrisa simple, que provocó que más de una emoción explotara, hizo que el volcán hiciera erupción. GIGANTE.

Empecé con los nervios, las emociones corriendo en una maratón sin fin. Recorriendo cada parte de mí, dejándome saber lo viva que estaba, pero también, entendiendo que, lo único que necesitaba para morir, era estar viva. Y sentir, claro, eso era excepcional para los reflejos.

Ni siquiera me giré a verlo de nuevo porque sabía lo que podía haber ocurrido en el caso en el que lo hiciera. Y era obvia cuál sería mi reacción. Por más que sabía que él estaba, respirando y al mismo tiempo saboreando por el aire tantas emociones que volaban a mí alrededor, como lienzos coloridos haciendo una pintura extraña, eso no lo detuvo.

A Aník nada lo detenía.

Nada

—Exiges mucho—mascullé, mientras él deslizaba una de sus manos por mi cadera y, nos posicionábamos para deslizarnos por las aguas cristalinas.

Él sonrió. Sencillamente pero, lo suficiente como para que sus dos comisuras se elevaran y dejaran a la vista una pequeña pizca de, quizá no solo picardía, sino satisfacción. Pero eso era demasiado raro para alguien, un ser como él que, no podía sentir.

Para mi sorpresa, llevaba varios minutos con una actitud extraña, casi natural. Los reflejos no sentían y, sí lograban saber qué era el sentimiento, era cuando consumían. Así que eso solo me llevaba a tener una respuesta: Él lo único que hacía era saborearme de un modo, bastante extraño. Y así, expresaba lo que yo tenía en mi interior.

El agua cada vez se oía calmada, como una corriente tranquila, cada gota de agua recorriendo aquel túnel, como cada sueño desvaneciéndose, o las lágrimas de miles de almas perdidas entre pequeñas gotas que se desvanecían entre otras. Imaginé que nos esperaba un hermoso paisaje que, sin duda, me hubiese encantado ver. Pero era todo lo contrario.

—No te estoy exigiendo nada.

— ¿Ah, no?—indagué, frunciendo el ceño—. ¿Entonces qué se supone que es eso?

Sin responder y, sentándonos mientras él parecía revisar todo su alrededor, tocando el agua y pasando algunas gotas por su palma, dejó que éstas mismas empezaran a brillar; eran como pequeñas luciérnagas que buscaban salir de la palma de su mano pero que, al tiempo se entretenían ante su tacto. Los destellos iban de opacos, a fuertes. Pero lo maravilloso, era que al caer por el aire, regresaban a ser lo de antes, gotas de agua cristalinas. Perdían su brillo.

Como las personas. En ciertos momentos podemos brillar lo que más podemos, dejando una huella, marcando la diferencia en la vida de los demás o, también a nosotros mismos. Pero, solo falta una caída, unas palabras lo suficientemente duras o dolorosas, para que perdamos aquel fulgor y luz que antes, nos hacía brillar entre los demás.

Entretenida con el agua que, era completamente diferente a lo que hubiera visto alguna vez, Aník me ubicó entre sus piernas, listo para que nos soltáramos a lo que fuese que nos esperaba allá abajo.

Porque no tenía ni idea de qué nos esperaba.

—A veces siento que no se te da bien el hablar, ¿sabes?—empecé a decir, como si no pudiera mantener la boca cerrada, y era obvio, yo no podía hacerlo, menos teniendo tal oportunidad de, no solo tenerlo cerca, sino alejado de cualquier otra dirección—. ¿Has tenido problemas de socialización?

—No que yo sepa—sentí que negó, detrás de mí, serio—. Pero tú aparentemente has estado alejada de las personas, porque no paras de hablar.

No pensé en lo que podía suceder y, girándome un poco, encarándolo, le golpeé el hombro, en un gesto de una típica adolescente normal. El problema era que yo no era normal, y nada en mi mundo lo era. No desde aquel accidente.

Todo había cambiado y, recordando las palabras de Lila, no me molestaba en absoluta. Era una aventura que esperaba que siguiese, que, aunque solía doler en ciertos aspectos, me permitía conocerme más a mí misma y, descubrir al tiempo cosas que en mi vida hubiese visto antes que me fascinaban en todo sentido.

Quizá si era cierto. A lo mejor sí pertenecía a ese mundo, y apenas lo había estado descubriendo. 



BlondeSecret

Editado: 10.02.2020

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