Reflet

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0.34

Y aunque pensaba saber mucho, la verdad era poca. Frente a sus ojos estaba la respuesta que buscaba.

El destino aflige, pero poco dice.

— ¿Están todos bien?

La pregunta de Diuk, aunque me tomó por sorpresa, la acepté como una parte cortés y educada de su parte, aunque no sabía que, en realidad, él lo preguntaba por el gran efecto que habían tenido aquellos espejos en cada uno de nosotros.

Porque los espejos, no eran simples como en nuestro mundo, eran de su mundo y traigan consigo, todo lo desconocido por nosotros.

—Todo eso...—tragó en seco mi hermano, levantándose poco a poco. Estaba mal, bastante mal. Sus piernas aún flaqueaban, el sudor presente en su camisa y la inseguridad entre sus palabras, me dejó claro que no había sido fácil para él pasar esa parte del túnel—. ¿Qué ha sido...? ¿Todo eso qué ha sido?

No sabía a qué se refería, qué había visto, o qué había vivido. En parte, me cuestioné si, por alguna casualidad, él hubiese vivido lo mismo que yo, pero las heridas de todos eran diferentes o, en mi caso, que no tenía ninguna.

—Se enfrentaron a sí mismos—respondió Shenie, quitándose las vendas que, fijándome bien, estaban repletas de sangre. ¿Qué le había ocurrido?—. Todo lo que podía ser usado en tú contra; fuesen miedos, tristezas, episodios de odio, traumas, amores...

—Cualquier cosa, pudo aparecer. Es su poder, algo único que, solo se encuentra pocas veces y que existe en éste lugar—completó su hermano, haciendo lo mismo que ella, pero, la diferencia era que Diuk no tenía sangre, no, él tenía residuos de algo color negro.

>>Se enfrentaron a lo que más temían, y era verse a sí mismos en diversas situaciones, fuesen reales o no. Al igual que nosotros, solo que...

—Es como si sintiéramos, como ustedes—Por primera vez, en mucho tiempo, me mantuve en silencio, sabiendo que ellos estaban dándonos una parte de sí, explicando algo sobre su especie—, como si todos los sentimientos y emociones de algunos cercanos viviesen dentro de nosotros y se reprodujeran, al punto de permitir que nuestra parte humana crezca, y eso...hay que vencerlo, o sí no, pues...

— ¿Qué? ¿Qué ocurriría?

No pude evitar preguntar. Sabiendo que, en ese pequeño especio en el que nos encontrábamos, tan cerrado y alejado de todo, nos dejaba solo a cinco de nosotros dentro y a uno fuera. A un reflejo que me empezó a preocupar.

Una parte de mí se sintió vacía sin su presencia.

Sin saber qué le había ocurrido.

— ¿Dónde está Aník? –preguntó Lila, diciendo en voz alta mi mayor interrogante, mientras observábamos a nuestro alrededor.

Pero nadie dijo nada.

Sus hermanos no emitieron sonido alguno, mucho menos alguna expresión que me dijese que estaban preocupados. Fueron indiferentes ante el hecho de que Aník ya no estaba con nosotros. A comparación de mi persona, que me sentía más que vacía, dudosa, insegura, perdida y con la tristeza amenazante en mi garganta.

Y por más que quise decir algo, quejarme, luchar no solo con palabras, el sonido de una puerta de metal abriéndose me impidió soltar, aunque fuese, una sola lágrima.

Abrieron una puerta.

Dos figuras que, a simple vista se veían oscuras por la luz cegadora detrás de ellos, fue lo que primero logré divisar. Y siendo sincera, en ese momento no entendía nada.

El nudo en mi garganta persistía, el frío que me arrinconaba a la soledad no se alejaba de mí en ningún segundo, y el ardor que intentaba aliviar pellizcando el alrededor de mi estómago, no desaparecía, dejándome como marca otro dolor que, aparentemente, Aník ya no podía quitarme.

Porque no sabía dónde estaba. No sabía qué le había ocurrido. No sabía dónde estaba.

Si estaba bien, si estaba, muerto...

—Tardaron ésta vez—pronunció en un tono grave, con peculiar acento, una de las figuras, dándole la mano a Shenie que, se encontraba sentada en el suelo.

—Puedes hablarnos en ruso, que no lo hemos olvidado, ¿eh?—reprochó Shenie, con su típica actitud, dándole un golpe en el hombre a una de las figuras, demostrando cierta confianza.

¿Dónde estábamos? ¿Qué era todo eso? ¿Quiénes eran ellos?

Esas eran de las preguntas que volaban y daban un salto como una pelota de ping pong a nuestro alrededor, mientras los humanos, medio normales que nos hallábamos en peligro, intercambiábamos miradas. Porque no entendíamos ni un pepino.

Aun así, sin agregar nada más y, ganándonos una mirada de parte de Diuk, les seguimos.

El largo pasillo de luces blancas recibiéndonos en una especie de lugar nuevo y con el conocido aroma de frutas tropicales me permitió, por segundos, sentirme desconcertada. No se veía una aparente salida, por lo cual, nuestra única opción era seguirlos, sin saber a dónde íbamos.



BlondeSecret

Editado: 10.02.2020

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