Regresa, Amor

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Capítulo 1: La mansión Bradford

 


 


2012, quince años de edad

Balanceo mis piernas de lado a lado, sosteniendo sobre mi regazo un maletín de gruesa tela oscura, repleta de ropa y zapatos. Estoy nerviosa, con el rostro pálido y la respiración entrecortada, siento mi corazón palpitar frenético, doloroso contra el pecho. Inspiro profundo, intento calmar el barullo que atormentan mis pensamientos a cada segundo que transcurre en ese silencioso auto.

—No quiero ir, no quiero ir allí sin ustedes —murmuro de manera atropellada, incómoda, mientras me aferro a la pequeña foto de mi familia entre los dedos, como si fuera esa energía vital que necesito para darme fuerzas y no saltar del auto. Es todo cuanto tengo—. Quiero quedarme con ustedes en casa.

—Es lo mejor, hija. No tienes de qué preocuparte, conoces a la familia Bradford, serán muy amables contigo todo el tiempo. Son mis amigos, ¿recuerdas? —Mi madre me acaricia la palma de la mano y me da esa dulce sonrisa que logra hacerme sentir mejor—. Y tu mejor amigo también estará allí. Si necesitas algo sabes que sólo deberás llamarme y estaré allí por ti.

Oigo una risa fuerte delante, burlesca, y levanto la cabeza para observar los ojos oscuros de mi hermano desde el espejo retrovisor, me daba una mirada fuerte. Puedo sentir incluso una sacudida ardiente de dolor que quema en él cuando dice en voz baja y queda—: Si fuera tú estaría feliz. Vivir en casa es un infierno.

—Bastien, cállate, Emma vivirá este año con la familia Bradford porque es lo mejor para sus estudios. Ellos tienen mucha influencia en este país, y estudiar el último año en la academia de elite es una buena oportunidad para tu vida —Madre me acarica nuevamente la cabeza, en los asientos traseros mientras mi hermano conduce hastiado, agotado, y me abraza con fuerza—. Eres una niña muy inteligente, ¿ves todo lo que has logrado? No todos consiguen una beca completa en esa escuela.

—Vaya, y yo que creía que Emma se iba por los problemas que hay en casa —Suelta mi hermano mayor con dureza, alzando la ceja hacia mí desde el espejo antes de volver a fijar la atención sobre la carretera—. Esa es la verdad, Emma, pero tú sé una chica buena y no causes problemas en la casa de los Bradford. Los señores están muy entusiasmados en recibirte con ellos, así que estudia mucho y si tienes algún problema, sólo debes escribirme.

Conozco a esa familia, la más adinerada de la que tenía conocimiento. Recuerdo, mientras el auto ingresa entre las enormes puertas de la mansión, haber ido allí innumerables veces. Mis padres y los Bradford eran amigos de muchísimos años, de la infancia, de estudios. Solía ir tantas veces allí años atrás que una cálida sensación abriga mi pecho al ver el enorme jardín, precioso y decorado con flores de muchos colores, ante los innumerables recuerdos de preciosas memorias Me gustaba jugar allí con Taylor, mi mejor amigo de la vida. Adoraba tanto ese lugar que recuerdo aún cuando pedía a mis padres visitarlo para pasar infinitas horas perdida en ese maravilloso castillo.

Pero era diferente ir allí un par de horas que quedarme como huésped un año entero.

El auto se detiene finalmente frente a la fachada, descomunal, y un hombre uniformado de fina tela negra abre la puerta trasera del auto. Sonríe, agachando ligeramente la cabeza con la mano escondida detrás de la espalda.

—La familia Bradford les da la bienvenida de antemano a los DesLaurier —Extiende la mano hacia la puerta principal—. Sírvanse pasar, ellos estarán esperándolos dentro. Nosotros bajaremos las maletas.

Me quedo sin respiración mirando la mansión como si fuese la primera vez, siempre bello, tan lleno de vida y colorido que contrastaba de una manera dolorosa con la mía. Inspiro fuerte y giro hacia mi madre sin encontrarme muy segura de cómo empezar de nuevo, sin ellos en mi vida y ahora tan lejos. No puedo evitar que la culpabilidad me sacuda. Ella me necesita realmente y yo debería estar allí con ella. No quiero dejarla así, sola con mis hermanos en el desastre que ocurría en casa, todo cuanto puedo desear es ir con ella y ayudarla. Ellos lo son todo para mí, y aunque no voy a irme tan lejos de ellos, parece que realmente están echándome de casa. Porque así es. Madre no me quería en casa.

—No quiero dejarte sola, conmigo estarás acompañada, no tendrás que pasar por eso.

—Ya hablamos de esto, Emma —Madre me dá un beso en la frente y esbozo una sonrisa suave—. Vamos.

La sigo, sujetando su bolso, y tomo una inspiración profunda antes de adentrarme a aquel lugar que tantos problemas me daría. El salón estaba igual, salvo por algunas decoraciones y muebles modernos, todo permanecía impecable y brillante, iluminado.

—¡Amiga, qué gusto! —Suelta una mujer enfundada en un vestido largo, azul y hermoso. Camina hacia mi madre con los abrazos abiertos, el porte elegante y recto, antes de abrazarla con cariño. Siempre sonriente, mantiene el rostro armonioso, radiante de tranquilidad y paz, de belleza, tan perfecta como lo era siempre—. Tanto tiempo sin verte. ¿Dónde está la pequeña Emma?

—Buenas tardes, señora Scarlett, es un gusto volver a verla —Sonrío ampliamente cuando los ojos brillantes de la mujer se colocan sobre mí.

—¡Emma, cariño, cuánto ha crecido! —La señora Bradford presiona las manos sobre mis hombros y me mira sorprendida. Es incómodo, sentirme observada de aquella manera, cerca y fijamente—. Has crecido muchísimo, qué linda estás, pequeña. ¿Por qué no vas a ver a Taylor? Ha estado preguntando por ti todo el día, ya sabes dónde es su habitación.

—Gracias, iré ahora mismo.

Avanzo un par de pasos, emocionada por ver de nuevo a mi mejor amigo, y me detengo un momento para girar. Abrazo a mi madre con fuerza y le susurro un par de palabras. Le doy muchos besos y voy hasta Bastien para abrazarlo aún más fuerte.

—Cuida de mamá.

—Estará bien, Emma, cuídate tú. Vendremos a verte.



TRomaldo

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En el texto hay: pasion, adolescente, amor

Editado: 06.12.2019

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