Regresa, Amor

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Capítulo 10: Deseos de un Bradford

Deseos de un Bradford

Trent.

La sueño todas las noches. Veo entre sueños y delirios aquel precioso rostro sonriéndome. La veo cada vez que cierra los ojos y de alguna manera se me hace imposible olvidarla. Cada vez resulta incluso peor, la veo y rememoro aquel rostro, a esa chica de cabellos dorados que remece mi mundo onírico. Y perdido en mis pensamientos, deslizo el lápiz lentamente, de manera inconsciente, sobre la hoja de papel sin prestar atención a nada más.

No es nada normal.

Sería algo común si sólo se tratase de una vez, porque, ¿quién recordaba su propio sueño con tanta nitidez? Después de todo solo se trata de eso, sueños que recrea mi propia mente tras un largo día. Pero no era ni la segunda, la tercera ni mucho menos la sexta.

Llevo semanas viéndola en las noches, aveces días seguidos y otros de manera esporádica pero siempre la recuerdo. Es radiante y tiene unos increíbles ojos que transmiten tranquilidad y pureza, tan fascinante que de haber estado consiente, habría perdido el habla. Y no sé si es mi propia mente que exagera todo, o la hace tan interesante, pero así es. No recuerdo nada de mis sueños, ni qué sucede en ellos. Lo único de lo que soy consciente es que despierto con la imagen de una joven rubia en mi cabeza. Y cuando la pienso, cuando desperdicio mi tiempo pensando en sucesos y en ella, me es inevitable sentir un increíble desasosiego en el alma, como si hubiese perdido una parte de su propio ser, algo que tanto adoro.

Es Emma.

He limpiado toda la mañana, aunque quizá no debiera, pero tengo en la cabeza recuerdos y pinceladas de lo que sucedió ayer. Sería muy cínico de mi parte decir que no lo recuerdo, porque lo hago bien. Mi pecho me duele cuando recuerdo una y otra vez todas las estupideces que le dije a ella. Quiero que la tierra se abra y me trague antes de que baje las escaleras y me vea. Nunca me había sentido tan avergonzado hasta ahora. Me siento demasiado nervioso y no he dejado dar vueltas por todas partes.

Dije que moría por besarla, ¿cómo pude haber sido tan imbécil? Bueno, sí, quiero comérmela a besos, quiero devorármela entera y de pies a cabeza, pero no es algo que ella deba saber. Porque ni siquiera yo lo entiendo. De alguna manera tengo deseos encontraos dentro de mí, porque aún la detestó. Aún quiero que se vaya de mi mansión, que abandone la casa porque su familia se aprovecha de la nuestra, siempre lo han hecho. Aún la aborrezco, por mucho que quiera besarla.

No se supone que esté sucediendo. La detesto aún, pero hay algo diferente que está creciendo en mí y no puedo detener. Doy un largo sorbo de agua porque estoy sediento, tan rápido que me atraganto abruptamente cuando veo a Emma aparecer al frente mío. Mis ojos se abren rojizos y empiezo a toser por la impresión, porque soy demasiado torpe a su lado como ahogarme con un poco de agua mineral. Ella solo se gira un poco hacia mí y me da una sonrisa apenas perceptible, y entiendo que es todo lo que me dará como saludo.

Arrastro la mirada encima ella sin discreción y suelto un suspiro contenido cuando le veo de espaldas a mí, de puntillas e intentando alcanzar algo con lo pequeña que es. Ella continúa estirándose y yo estoy mirándola muy embobado como para poder reaccionar.

Emma consigue atrapar la caja de cereales y está muy sonrojada. Me da miradas sutiles y cada vez más impacientes. Debiera ser más discreto pero no es algo que me quite el sueño.

—Tengo que hablar contigo —digo directamente—. Ayer te dije muchas cosas y, realmente, sólo quiero aclarar que... —Ni siquiera sé qué debería decirle— yo estaba...

—No importa, sé que estabas muy borracho y por eso dijiste todo eso —Emma se encoge de hombros y toma un puñado de cereal, no parece importarle mucho esa situación—. Sé que se lo hubieras dicho a cualquier otra chica que tuvieras en frente, no es como si realmente quisieras besarme o pensaras que soy linda —sonríe ampliamente y empieza a reír.

Río con ella sin muchas ganas, siguiéndole y sintiéndome aliviado como el cobarde que soy. Pero prefiero que piense eso a tener que explicarle con detalles todo lo que pienso. Lo más probable es que la asuste si llega a enterarse todo eso.
He perdido la cordura, lo sé. ¿Yo, Trenton Bradford, soñando con alguien tan insignificante como ella? Es ridículo y patético, también lo sé.

—¿A dónde vas? —pregunto con la voz demasiado ronca y lenta.

—Voy a estudiar a mi habitación. No soy precisamente buena en matemáticas, pero lo intento. Quiero las mejores notas, mamá estará contenta.

Mi vista está fija en su trasero mientras la veo caminar directamente a las escaleras. No sé de dónde obtengo la respiración para decir—: Yo puedo darte clases.

"Y sí que quiero darte..."

Emma frunce el ceño y me mira confundida.

—¿Qué dijiste?

—Que me gustaría darte clases, así te recompenso por todos los problemas que he causado, como una ofrenda de paz.

—No estaría mal, ¿pero qué tan bueno eres? —me dice desconfiada.



TRomaldo

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En el texto hay: pasion, adolescente, amor

Editado: 08.12.2019

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