Regrésame la vida

Tamaño de fuente: - +

Capítulo IV

¡Hola! Espero estén disfrutando esta historia hasta ahora. Me gustaría saber lo que piensan sobre ella, así que por favor dejen sus opiniones y reseñas en la sección de comentarios, lo agradecería mucho :)

¡Hasta pronto!

Love,

NG

Capítulo IV:

Donde Nicolas aprende a no juzgar un libro por su portada:

La vampira se había levantado más temprano, pero nunca lo supo. El aguacero que había comenzado a las cuatro y media de la mañana se había extendido hasta la noche, impidiendo la salida del sol en todo el día.

Había caminado unos metros fuera de su escondite cuando lo vio.

Ella, con el tiempo, había desarrollado el reflejo casi instantáneo de esconderse ante cualquier humano, pero, movida por una curiosidad que pudo más que cualquier instinto, se acercó al cuerpo que yacía inmóvil.

En un principio le extrañó su presencia -hacía tiempo que los humanos no se adentraban tanto el bosque-, y pensó que quizás era algún forastero que no había escuchado la leyenda, o que por el contrario, sí lo había hecho, y había entrado, o para buscar a la “bella doncella prisionera”, o para demostrar su hombría ante los demás.

Luego vio la estaca en su cinto, y supo quién era. Sintió el impulso de salir corriendo, pero, de nuevo, la curiosidad, ahora mezclada con un extraño interés, pudo más que cualquier reflejo adquirido con el tiempo. No era como si tuviera ganas de morderlo ni nada por el estilo. Se sentía motivada por algo muy antiguo, que se remontaba a los tiempos en que aún era humana y actuaba guiada por los impulsos del corazón.

Era muy joven, tendría la misma edad que había tenido ella en aquella época distante. Desvió la mirada hacia el despeñadero, y dedujo lo que había ocurrido. El muchacho se había fracturado la columna en la caída, se había roto varias costillas y sangraba profusamente por una herida que se había hecho en la pierna, por encima de la rodilla. Jadeaba, como si le costara llenar de aire sus pulmones.

No sobreviría mucho tiempo.

Se preguntó si debía dejarlo allí. Después de todo, ella no le había hecho nada, y estaba completamente segura de que él intentaría matarla tan pronto se recuperara. Además, una muerte humana sin duda ayudaría a mantener viva la leyenda, y de una vez se desharía de los príncipes azules de pacotilla que se internaban al bosque para después salir corriendo como niñas al oír el aullido de un lobo distante, igual de solos que al principio –sin mencionar que su peor amenaza era aquella que, de querer hacerlo, podría matarlos sin hacer un solo ruido.

Por otra parte, no era el tipo de persona que abandonaba a un ser agonizante. Había tenido que tragarse la humanidad para poder alimentarse de los venados, y él se veía tan indefenso…

Entonces abrió los ojos, la miró, y todas sus dudas se desvanecieron. Supo que, ni por  la ancestral rivalidad que los separaba, podría dejarlo morir. Luego afrontaría las consecuencias.

Él volvió a cerrar los ojos, inconsciente. Tenía que darse prisa, o no habría ninguna vida que salvar. Con el aplomo que los años de aventuras le habían otorgado, buscó una roca filosa y se cortó con ella la palma de la mano.

La sangre salió casi al instante, manchando sus dedos y goteando en el suelo. No estaba segura si el beberla lo curaría, o lo convertiría directamente en vampiro –sonrió con picardía al imaginarse la cara del joven cazador, al despertar convertido en lo que mataba- pero pensó que, dada la situación, tendría que arriesgarse.

-Bueno, matón, bebe- susurró, acercando la palma herida a su boca. Luego de unos minutos, la piel del muchacho comenzó a recuperar el color, y la herida en su pierna se cerró- Veamos si terminas con colmillos…

Pero no le salieron colmillos, ni despertó convertido en una creatura de la noche. Ella, por impulso, había descubierto lo que los asesinos de su especie habían tardado siglos en descubrir: La sangre de vampiro cura todas las heridas.

El joven abrió los ojos de golpe como si nunca hubiera estado inconsciente, y la vampira, presa del miedo, salió corriendo y fue a esconderse detrás de un arbusto, a la espera de que se fuera.

Pero él la encontró.

Nicolas jamás supo explicar lo que vio mientras yacía sin sentido en el suelo. Las imágenes se mezclaban, los sonidos se confundían, los olores se parecían… Más si recordaba con toda claridad el momento en que volvió.



Nikky Grey

Editado: 15.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar