Regrésame la vida

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Capítulo X

Capítulo X:

Donde los villanos se vuelven héroes:

Nicolas trató de ignorar el olor a sangre mientras, contradictoriamente, lo seguía. Se dijo a sí mismo que eran los restos de los cadáveres lo que lo causaba, o que era algún animal muerto en proceso de descomposición.

Cualquier cosa, menos que se trataba de la sangre de su hermano.

A medida que se adentraba más hacia el suroeste del bosque, el olor iba aumentando, así como una extraña sensación de déjà vu, que no era por mucho menos perturbadora. Había estado allí antes, en aquel terreno adyacente al río. Varios kilómetros a la izquierda, a unos veinte minutos de caminata, se encontraba el cauce, y el acantilado por el que había caído hacía apenas unos días.

Lo que significaba que ella también debía de estar por allí. La idea de encontrarse con la persona que había organizado el ataque –porque no le cabía la menor duda de que había sido ella- hizo que le hirviera la sangre, y por un momento consideró la idea, tal como había hecho hacia apenas unas horas, de perseguirla y hacerla pagar.

-¿Estamos cerca? –preguntó Guillaume, recorriendo la oscuridad sin bajar la pistola, en caso de que alguien se les acercara. Su brazo izquierdo colgaba inerte a un lado de su cuerpo, por lo que el muchacho supuso que debía de habérselo roto durante la pelea.

Nicolas asintió, y siguió el camino que le indicaba su sentido vampírico. Para su suerte, el olor a sangre no provenía de esa dirección, sino de la derecha, y el joven sintió un escalofrío.

Podía escuchar su respiración. Tan débil, que incluso para él sonaba baja.

Una parte de él (la única porción de su mente que actuaba de manera racional en ese momento) se dio cuenta de que, en efecto, era sólo UNA persona. El resto hizo que saliera corriendo en esa dirección, cortando la distancia en menos de dos segundos, luchando por no pensar en lo peor.

Y no estaba preparado para lo que vio.

Había ido a parar a uno de los muchos claros del bosque, tan idénticos que casi parecían haber sido medidos todos para que tuvieran el mismo tamaño y la misma cantidad de árboles alrededor. El suelo estaba cubierto de hojas secas, que crujieron bajo sus pies cuando, vacilante, salió a la luz, acercándose más y más al bulto ensangrentado y magullado que yacía en el suelo. Irreconocible, excepto por el cabello castaño cobrizo, despeinado y sucio, que le enmarcaba el rostro y le caía sobre los hombros, Tristan parecía no tener una parte de su cuerpo que no hubiera sido golpeada, fracturada, mordida o rasgada, y su ropa no se distinguía entre el desorden de hojas, sangre y tierra.

De nuevo, todo le pareció demasiado real. El olor a sangre, su respiración entrecortada, los latidos cada vez más lentos de su corazón, opacado sólo por el suyo propio, que parecía querer salírsele del pecho y saltar al de su hermano para devolverle la vida que estaba perdiendo. Estaba temblando, lo sabía, y las lágrimas ya habían comenzado a arderle en los ojos.

El muchacho temió que no llegaran a tiempo, y a la vez temió que despertara, sintiendo en sus huesos el dolor que le esperaba. A sus espaldas, alguien soltó una exclamación, y supo que Gil lo había alcanzado finalmente.

-¿Está…?- preguntó, incapaz de terminar la frase.

-No- se apresuró a añadir, tratando de calmarse, y fue a arrodillarse al lado de Tristan, preguntándose si sería buena idea moverlo en ese estado- Pero…

 Guillaume no necesitaba que lo dijera en voz alta para comprender a qué se refería.

-Tenemos que darnos prisa - fue todo lo que dijo, y el castaño asintió.

Ya que su hermano mayor, por mucho que no lo admitiera, estaba herido también, Nicolas se cargó el cuerpo de Tristan al hombro de la manera más delicada que pudo, tratando de ignorar el hecho de que este no había emitido el menor quejido al hacerlo.

-Adelántate- indicó Guillaume, y el chico lo miró a los ojos, preocupado.

-No voy a dejarte atrás. No así, y menos cuando los vampiros podrían volver en cualquier momento.

-Estaré bien, -replicó él, apartando su protesta- y Tristan no tiene el tiempo- Iba a protestar otra vez, pero la decisión en el rostro de su hermano lo hizo enmudecer.

Además, tenía razón.

-Toma. En caso de que necesites más balas- dijo en su lugar, entregándole la pistola. Estaba a punto de marcharse, cuando recordó algo. Giró la cabeza por encima del hombro, de nuevo con aquella extraña sensación de déjà vu.- Sigue el curso del río para salir- explicó.



Nikky Grey

Editado: 15.10.2019

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