Regrésame la vida

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Capítulo XII

¡Hola! Regreso con más capítulos. Espero estén disfrutando la novela :) No olviden dejar sus comentarios y críticas después de leer.

¡Hasta pronto!

Love,

NG

 

Capítulo XII:

Donde el cielo espera y los crímenes se cometen por misericordia:

-¿Quién de los dos va a hacerlo? –preguntó Nicolas esa misma madrugada, una vez hubieron conseguido que Claire se fuera a dormir (Lo que no había sido fácil, tomando en cuenta que la chica no parecía capaz de quedarse quieta, y sólo el cansancio los había salvado de ponerle algo en la comida.)

Ambos estaban de pie ante la mesa, uno frente al otro. En el centro de esta, inocentemente colocada a igual distancia de  los dos, yacía la pistola que perpetraría el crimen.

-¿Cara o sello? –preguntó Guillaume, sosteniendo entre sus dedos algo redondo y dorado. Nicolas abrió mucho los ojos y sus cejas se perdieron bajo su cabello, la confusión y la ira oscureciendo el brillo sobrenatural de sus irises.

-¿Una moneda? ¿Vamos a decidir quién será el asesino de Tristan con una moneda?

-A menos que tú tengas una idea mejor- cortó el otro con seriedad, fulminándolo con la mirada.

Suspiró. Quizás dejarlo al azar era lo mejor. Al menos así no tendría que esperar que Guillaume quisiera hacerlo.

-Cara.

-Bien- la moneda voló por los aires, girando rápidamente, y cayó finalmente en la palma expectante de su hermano, que la cerró al momento- Cuando tú quieras- indicó.

-Sólo dime que salió- replicó, consciente de que esperar sólo iba a empeorar las cosas. El rubio asintió, estirando sus dedos, y bajó la mirada sólo un momento, como si ver el resultado por más de dos segundos pudiera dejarlo ciego.

La expresión de Guillaume al levantar la cabeza respondió a su interrogante. Era casi como si le dijera “lo siento” con la mirada.

-Bien- dijo, ignorando el apretado nudo en su estómago. Respiró profundo varias veces, apretó los puños… Y eso fue todo lo que hizo falta para que dejara de lado incluso el miedo, y volviera a convertirse en el cazador de vampiros de mente fría que su padre le había metido por la fuerza en la cabeza.

Aunque ahora le pareció como si ese otro hombre estuviera desvaneciéndose, como si se hubiera dignado a salir una última vez, para irse para siempre después de eso. De lo siguiente que fue consciente fue de estar frente al lecho de su hermano, apuntando la pistola a su corazón. Su dedo se posó sobre el gatillo, preparado para disparar, y su mano libre se apretó en un puño. Miró el rostro cansado de Tristan, y pensó en algo que decir, en alguna manera de despedirse de él, pero la idea se le hizo cursi, dramática y exagerada, y se dijo que de poder oírlo ya lo habría golpeado.

No, no hacían falta últimas palabras, ni siquiera para darle estilo a la cosa. Iba a disparar y punto.

Iba a hacerlo.

Tenía que hacerlo.

Entonces ¿por qué no lo hacía?

-¿Algún problema, Nick? –preguntó Guillaume detrás de él, luego de que se quedara congelado varios minutos, su mano completamente quieta y estirada en todo su largo a unos centímetros de Tristan.

Nicolas giró la cabeza hacia él, su cerebro funcionando increíblemente lento. Parpadeó varias veces, y sus ojos fueron de Gil, que había hallado la manera de cruzarse de brazos con el cabestrillo, sus ojos vacíos y su expresión completamente circunspecta, a Tristan, que probablemente no sobreviría mucho tiempo más, y finalmente a la pistola en su mano. Su brazo se le hacía ajeno, como si perteneciera a otro, como si no fuera él el que estuviera a punto de matarlo.

Sí, era lo más misericordioso, acabar el trabajo que los vampiros desgraciados no tuvieron la decencia de terminar, en vez de dejar seguir su sufrimiento por otro día, sus energías acabándose poco a poco hasta su inminente extinción.

Pero Nicolas se encontró por primera vez en su vida siendo egoísta, y ese ser egoísta le estaba impidiendo presionar el gatillo. Quería quedarse con su hermano, quería creer que despertaría y que esa no era la única opción que le quedaba.

-No puedo hacerlo- admitió, bajando la pistola, y sintió una mano en su hombro. Giró la cabeza, atónito, pues no había oído a Guillaume caminar hasta él.

-Yo lo haré- musitó, extendiendo la mano para recibir el arma. Bajó la mirada, sintiéndose como un cobarde, e hizo lo que le pedía. No se había equivocado, el cazador dentro de él había desaparecido.



Nikky Grey

Editado: 15.10.2019

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