Regrésame la vida

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Capítulo XVII

La verdad comienza a salir a la luz... ¿O quizás no? Ya veremos ;)

Espero estén disfrutando la historia. Los dejo para que lean. ¡Hasta pronto!

Love,

NG

Capítulo XVII:

Donde el final del laberinto es sólo un laberinto nuevo:

Tristan golpeó la puerta con la cabeza cuando el vampiro lo empujó por los hombros. No iba a matarlo, lo sabía. Si “su señora” le había pedido que lo buscara, significaba que era ella la que planeaba tenerlo de cena, y Bruno no podía desobedecer las órdenes del líder del grupo, sin importar su evidente complejo de suficiencia.

Ahora, que tan literal se tomara aquel intento de gitano el concepto de “seguir con vida” podría significar un problema para el Letour.

No supo cómo lo hizo, pero en algún momento entre que era lanzado con fuerza hacia atrás y que el vampiro inclinaba el rostro a su cuello para beber su sangre, Tristan lo sujetó por los brazos, levantándolo en vilo, para la evidente estupefacción del otro, que no tuvo tiempo de reaccionar antes de que el cazador lo lanzara al reloj de la pared, rompiéndolo en pedazos en un revoltijo de astillas. Vagamente, pasó por su cabeza la certeza de que Claire lo mataría cuando se enterara de que acababa de destruir una de sus más antiguas reliquias familiares.

Claro, si los amigos del cíngaro no lo hacían primero. Aproximadamente una decena de vampiros acababa de aparecer frente a él, entrando cuando… Lo que sea que fuera abriera la ventana. Algunos ofrecían el mismo aspecto de Bruno, otros parecían de diversas partes de Europa, quizá de más lejos. No recordaba haber visto nunca un clan tan diverso.

Pero eso sólo pasó por su mente una milésima de segundo, mientras cambiaba la estaca por la pistola –mucho más práctica para casos como ese- y corría para esquivar a la vampira pelirroja que había tratado de morderlo.

Típico de los de su especie, pensó, contando rápidamente el número preciso, doce contra uno.

Lo pequeño de la habitación fue más notable que nunca. Los vampiros lo rodeaban, y cualquier intento de ganar distancia para apuntar se veía reducido a retroceder unos metros y encontrarse con la pared.

Menos mal que nos vamos de aquí, pensó, sonriendo. Porque sí, Tristan sonreía, a pesar de encontrarse en una situación como esa, y sintió como el torrente de adrenalina corría por todo su cuerpo. Iba a vengarse de las abominaciones que lo habían hecho perder una semana entera de su vida en cama.

La pelirroja volvió a intentar atacarlo, pero lo había estado esperando. Su pistola llevaba rato apuntada a su corazón, y el estruendo fue suficiente para despistar al vampiro que se le había acercado en la dirección contraria. Otro disparo, y aunque menos preciso que el otro, hizo que el gitano de nombre desconocido retrocediera aullando de dolor.

Sin embargo, eran demasiados. Cada vez que uno caía, otro salía en su lugar, cerrándole el paso, y Tristan se vio acorralado contra la pared, las sombras sigilosas acercándose cada vez más. Alguien lo tomó del brazo, impidiéndole dispararle, y tiró como si quisiera arrancárselo del cuerpo. Dio una patada, buscando el cuchillo, y comprendió demasiado tarde de qué se trataba.

En una ráfaga de viento, otro de los vampiros lo levantó en el aire, lanzándolo contra el caldero de peltre que sonó como un gong al recibir el impacto.

Entre las luces de colores, vio a Bruno acercarse a él.

-No es una sensación muy gratificante ¿verdad?- musitó, su tono de voz poético alterado en gran medida por la cólera.

-Debería de saberlo- gruñó, ignorando las punzadas en su cabeza al ponerse en pie- van dos veces que me hacen lo mismo- Arrastraba las palabras como si estuviera borracho, y Bruno rió al ver como se tambaleaba. Parecía estar esperando a que se desmayara.

Un ruido de disparo resonó en la habitación, seguido de un grito, y Tristan sonrió al ver como Guillaume y Claire salían a su encuentro.

-Maravilloso- gruñó el gitano, elevando fugazmente las cejas en señal de fastidio- ahora tendremos que llevarlos a los tres.

La pausa terminó, y en un acopio de todas sus fuerzas, Tristan saltó sobre Bruno, cuchillo en mano. Los dos dieron vueltas por el suelo, el vampiro tratando de apartarlo de sí, y el cazador luchando con su borrosa vista para inmovilizarlo. Blandía el cuchillo a ciegas, atascándosele más de una vez en el suelo de madera.

Una patada en el estómago, demasiado rápida para haberla prevenido, lo mandó volando a la pared, y habría significado otro golpe de no ser porque había conseguido asirse a la encimera en el momento justo. Bruno sangraba, lo que significaba que tenía que haberlo golpeado en alguna parte. No en el corazón, pero quizás, si tenía suerte, lo suficientemente cerca como para inmovilizarlo.



Nikky Grey

Editado: 15.10.2019

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