Regrésame la vida

Tamaño de fuente: - +

Capítulo XXVI

Capítulo XXVI:

Donde la lealtad y el amor se ponen a prueba:

Santiago quería decir algo.

Bruno siempre se jactaba de ser bueno interpretando las emociones de la gente, pero sabía que en ese caso no podía tomar crédito por algo tan obvio. Bastaba en ver cómo paseaba la mirada inquieto por cada rincón observable del salón del trono, cómo sus manos se retorcían inconscientemente mientras caminaba, sus pasos tan distraídos que cuando Rosa se detuvo casi choca con ella.

-Lo siento, mi señora- musitó, recomponiéndose un poco. Esta no le prestó atención. Parecía incluso más inquieta que él, aunque por razones diferentes.

-¿Dijiste que mi hermana y su novio siguen con vida? –preguntó.

-La última vez que vi era así.

-Nueva idea entonces. Reúnan a los demás y tráiganlos a los dos aquí- Bruno asintió, pero Santiago no se movió, y Rosa lo miró, impaciente- ¿Qué?

-Me preguntaba qué íbamos a hacer con los cuerpos- dijo sencillamente.

-¿De quienes? ¿De los cazadores humanos?

-De los nuestros, mi señora. Maia, Daniel y Cerdic, los vampiros que murieron afuera- A pesar de que la tensión en su voz y en sus hombros era obvia, no parecía asustado de ella.

-Oh, eso- calló, aunque al trovador le dio la impresión de que sólo fingía pensar la cuestión-. El sol se encargará, no hay tiempo.

-Pero, mi señora, son parte de nuestro clan. Familia, podría decirse- la tensión fue reemplazada con estupefacción- ¿No le importa?

Rosa suspiró, y de nuevo, el gesto dio la impresión de ser meticulosamente elaborado.

-Claro que me importa, querido. Todos ustedes me importan, y por eso precisamente no puedo dejar que se arriesguen a salir con un posible psicópata afuera, así se trate de algo tan importante como llorar nuestras pérdidas.

Bruno se dijo que si hubiera un premio a la mejor actriz, no se lo habrían dado a ella. Como sea, el chico pareció conforme- O quizás, sabía que no le convenía meterse con ella.

-Por supuesto. Tiene razón.

-Bien. Ahora, hagan lo que les—

Un chillido y un potente ruido cargado con eco hicieron que los tres giraran la cabeza hacia la puerta más cercana.

-¿Qué fue e—

Rosa hizo un ademán con la mano a Santiago para que se callara, y dio dos quedos y cautelosos pasos al frente, casi con paranoia. Lentamente, una sonrisa se formó en sus labios, reemplazando al miedo que por poco toma lugar.

-Parece que van a facilitarnos las cosas- susurró-. Santiago, llama a los demás, diles que los prisioneros se escapan. Bruno, ve a buscar lo que te dije.

Sin vacilar, el muchacho salió corriendo, y en segundos los vampiros se precipitaban a las mazmorras, comenzando la persecución. Bruno contuvo las ganas de poner los ojos en blanco. Les había dicho que tuvieran cuidado, que hicieran silencio y sobre todas las cosas, que partieran cuando no podían ser encontrados…

Bueno, no había dicho la mayoría de esas cosas, pero había supuesto que lo sobreentenderían.

-¿Estás oyéndome?- preguntó Rosa, y trató (sin éxito) de no parecer tan despistado como se sentía- Decía que es sorprendente que hayan conseguido salir, siendo los dos vampiros y siendo las rejas de silverina.

-El chico no es un vampiro…

-Da igual. No hay manera de que abrieran la celda. No sin una llave.

-¿Insinúa que de alguna manera consiguieron una llave para escapar, a pesar de que sólo hay una existente?

-Es exactamente lo que—

Calló, pues los vampiros volvían a escucharse, y esta vez traían a alguien consigo. Dos personas, para ser específicos, pero sólo una de los dos gritaba desesperadamente en un intento de soltarse.

-Discutiremos esto después, vete ya- Rosa, impaciente, esperó que entraran, y Bruno casi suspira de alivio, de no ser algo que raras veces hacía.

Lo dejaron en el suelo con brusquedad, y Nicolas se puso en pie de un salto, mirando frenéticamente en todas direcciones en caso de que fueran a atacarlo. Estaban en una sala grande, compuesta por arcos que curvaban el techo y las paredes, cortinas de terciopelo desteñido y un trono destartalado en un extremo. A su alrededor había unos diez vampiros.



Nikky Grey

Editado: 15.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar