Reina Efímera ©

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Huida o Rapto

 

"Dios creo al hombre para que no pereciera y lo hizo inmortal como es Él"  (Sb. 2, 23)
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Me encontraba en mi habitación, había mucho frio me vestí y tan pronto como pude y me acosté. Esperé un momento, pero Sarbelia no llegó a mi habitación como de costumbre, solía llegar todas las noches a cerrar las cortinas de las enormes ventanas de mi habitación, acostumbraba arroparme y con un beso me deseaba las buenas noches y después me quedaba profundamente dormida. 


Esperé un momento, pero al pasar un rato el sueño comenzó hacer su efecto y estaba sintiendo esa tranquilidad que se percibe luego de estar acostado y relajado.


De pronto escuché un horrible estruendo, sonó como si algo muy firme se hubiera roto en mil pedazos. El estallido hizo que brincara, abrí los ojos sin creer en lo que había escuchado, mi reacción fue bajarme de la cama para poder ver desde la ventana lo que podría haber ocurrido, al poner mis pies en el suelo lo primero que me sorprendió fue ver la puerta abierta sin darme cuenta en que momento, alguien podría haber ingresado.


Quizá por el ensordecedor estallido, me sentía alarmada, traté de calmarme y de no darle rienda suelta a mis pensamientos negativos, me acomodé el cabello sentándome en la cama y me convencí de que se trataba de Sarbelia, quizá ella habría abierto la puerta sin entrar. Sin embargo, esa sensación de temor no desapareció. Me recosté en la cama desacomodando las cobijas, respiré profundamente observando decididamente hacia la puerta. 


La noche no era profunda en su oscuridad, la tenue luz de la luna se deslizaba por las ventanas, iluminándola opacamente. Pero de pronto, mis ojos parecían engañarme, a la distancia en una de las ventanas vi algo moverse. 


Me estaba volviendo un tanto desesperada, el miedo aumentaba a gran escala dentro de mí. Esperé a escuchar la voz de Sarbelia, aun a pesar de haber visto a alguien, mantenía la esperanza de que se tratara de Sarbelia. 


Pero en cuanto más me dedicaba en observar hacia ese lado de la ventana, mayor temor me suscitaba. Pero luego de un breve momento esperando, llegué a la conclusión de que si hubiera sido Sarbelia no me hubiera causado miedo sino inmediatamente la habría reconocido. No había ningún objeto cerca de esa ventana que hiciera que mi imaginación me engañara. 


La luz de la luna me mostró lo que tanto temía, no era Sarbelia, era alguien más, todos mis pensamientos quedaron frustrados, mis ojos se clavaron en esa dirección al percibir que ese alguien se iba acercando, fue inútil consolar mi temor, me horroricé fue mayor a mi propia voluntad, mi instinto me obligó a huir.


Me moví sigilosamente de la cama, pero ni siquiera pude tocar el suelo con mis pies, y me tenía sujetada con gran fuerza, hice movimientos bruscos tratando de que me soltara, pero fue peor aún, me sujetó enérgicamente sin darme oportunidad a nada. Me lanzó bruscamente sobre la cama y cubrió mi boca con una de sus manos.


Inequívocamente era una persona y por su fuerza era evidente que esta persona era un hombre, estaba cubierto de modo que no podía ver quien era. En toda mi angustia, mis ojos se clavaron en su rostro con el deseo de identificarlo, pero en la oscuridad que había en esa parte de mi habitación era imposible. En mi agonía solo quería que me soltara. No podía creer como había llegado así, sin que nadie se lo impidiera, todo el castillo estaba escoltado de día y de noche, pero se volvió a escuchar un escandaloso estallido una vez más y posteriormente se oían muchas voces gritar provenientes de las afueras de mi habitación. El ruido era tal que era muy probable que se tratara de una guerra o algo similar. En mi interior aun no salía de mi asombro, jamás en el tiempo que tenía de vida había sucedido algo parecido. 


El tipo me sujetó con fuerza deslizando mi cuerpo hacia donde estaba la cabecera de mi cama, me movió con gran facilidad, su mano continuaba en mi boca obstaculizando los gritos despavoridos que hacía mientras que con la otra mano jalaba una de las cobijas. Fácilmente me envolvió con ella mientras impidiéndome que me moviera quedé cubierta totalmente en instantes, fue así como manipularme se le hizo más fácil, porque a pesar de su fuerza yo seguía luchando, aunque fuera inútil, ni esforzándome al máximo logré impedir que me sujetara y me cargara en sus hombros, me sentía agotada, él era muy fuerte.


No tenía puesto mi vestuario habitual sino un fino camisón de seda el cual era escotado y corto, usualmente me vestía hasta tarde pero ese día en especial me había ido a la cama temprano. Cuanto me arrepentía de haberlo hecho. 


Cuando tuve oportunidad de pedir ayuda sin que él cubriera mi boca, fue casi imposible, por más que lo intenté ya envuelta mi voz no era capaz de hacer algún sonido audible, estaba totalmente afónica, aunque de todos modos todo el ruido que hacia afuera también enmudecía en gran parte mi voz. 



Sunny Black

Editado: 05.06.2018

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