Reina Efímera ©

Tamaño de fuente: - +

Vuelve

Su magnífica presencia estaba ante mí, en la oscuridad, cautivándome con esa mirada impávida, fuerte y profunda. En sus apetitosos labios se mostraba una sonrisa preciosa, con esa capa oscura cubriendo su cabeza, ondeándose ante el viento, mostrándome esa escultural figura, ese precioso torso bien esculpido, en toda la oscuridad solo él se enfocaba perfectamente ante mí, y sentía el viento soplar en mi rostro también, en cuanto oí mi voz mencionarlo, abrí los ojos, con varias lágrimas y me respiración agitada.

Me volví al lado para ver a Joaquín, pero no estaba en la tienda. Estaba sola, me puse de pie.

—¡Joaquín!

Lo llamé varias veces, pero la vela que iluminaba la habitación se apagó. En la oscuridad preferí salir de la tienda. Trataba de convencerme de que quizá Joaquín estaba afuera. Al salir todo estaba oscuro, la fogata estaba apagada, y lo único que se podía ver era lo que la luna iluminaba con su suave luz. 
Vi a la distancia a varios hombres asomarse de la frondosidad del bosque, quizá a una distancia de unos cincuenta pasos.

Todos llevaban algo en manos. Eran hombres muy altos y corpulentos, y llevaban en manos armas filosas en forma de hachas. 

No quería asustarme y llamar la atención en vano, no quería meterme en más problemas. Preferí pensar que simplemente pertenecían al campamento y habían regresado de hacer algo.

Esa vocecita dentro de mí me avisaba «huye Alexia, huye». Sentía mis manos sudar, luchaba por no darle rienda a mis malos presentimientos, pero toda lucha contra sí misma quedó frustrada en cuanto vi que se acercaban cada vez más y uno que otro me señalaba. Sentí el pánico apoderarse de mí y sin dudar salí corriendo de prisa en busca de ayuda. Corría tan velozmente como podía, pero absolutamente todos estaban durmiendo en sus tiendas, comprendí que, en vez de ayudarme, tan solo provocaría que todas aquellas personas me capturaran y quizá me mataran. 

Al ver del otro lado el bosque expandirse preferí seguir en mi escapatoria.  

Del otro lado, el bosque se extendía una vez más y parecía ser más denso, me adentré en la maleza. Escuchaba sus pesados pasos correr, siguiéndome. Mi mente estaba hecha un nudo, no sabía qué hacer, todo estaba muy oscuro, y mis pasos delataban mi ubicación cada vez que avanzaba y el follaje y las ramas tronaban con fuerza, buscaba la oscuridad para esconderme. preferí acurrucarme debajo de algo que parecía ser un arbusto grueso, a tientas lo toqué y estaba húmedo. 

—Niña linda, ¿Dónde te escondes? — Oí una voz masculina ronca con claridad no muy lejos de mí.

Gateé un poco hasta darme cuenta que podía pasar entre las ramas del arbusto, me recosté en lo que parecía ser un tronco viejo y vacío. Inmediatamente frente a mí cara vi una mano, clavé mi vista muy asustada moviéndome como loca para atrás, esa mano fuerte estaba cubierta por guantes oscuros, me sujetó con fuerza del rostro cubriéndome la boca. 

—¡Cálmese! — 

Identifiqué su voz al instante. Me quedé quieta, sintiéndome dichosa, nerviosa y asustada al mismo tiempo. Al quedarme tranquila me soltó con cuidado.

—¿Jon? —Pregunté sin creerlo volviéndome para verlo.

Estaba acuclillado por detrás de mí, no estaba cubierto del rostro, parecía ser un sueño volverlo a ver.

—Sí, pero si sigue hablando, atraerá a esos tipos— Susurró en voz casi inaudible.

— ¡Dios mío! Jon creí que había muerto. 

No entendía cómo podía verlo claramente en la oscuridad. Colocó su dedo índice en sus labios, y sopló suavemente, señal de que no hablará más. Le obedecí.  En mi interior una luz se encendió, era una dicha inmensa tenerlo de nuevo tan cerca, todo el temor retrocedió súbitamente.

Observó con cautela a su alrededor, luego se quedó como una estatua por un momento. Con gran facilidad como cargar nada, me tomó en brazos. Caminaba en la espesa maleza, sin hacer algún ruido que nos delatara.

—Jon ¿qué hay de ellos?? —

No me contestó hasta después de un momento.

—No debe preocuparse por ellos, están a salvo. No pueden regresar a su hogar, no quedó nada.

—No puedo creerlo, ¿quiénes nos atacaron? ¿Por qué? — Quise saber, mientras mis ojos se perdían en su preciosa faz.

—Invasores. Ahora ya no pregunte—

—Es que, Jon, si Joaquín no me hubiera traído quizá no estaría viva, además tratará de buscarme— Le respondí haciendo énfasis en mi desacuerdo, hablando lo más quedito posible.
Escuchaba a las cigarras y a los grillos cantar. 

—Quédese aquí, tenemos compañía—

Me acomodó sobre una rama gruesa de un árbol. Se quedó tras ese árbol, por suerte a un lado del tronco la luna se asomaba y alumbraba, vi a Jon a propósito pisar varias ramas, su sonido fue estrepitoso. En seguida escuché que entre la maleza varios pasos se acercaban. Jon se trepó a la rama donde estaba yo, cargándome en sus fuertes brazos de nuevo, se balanceó con éxito, subiendo hasta lo más alto donde la rama se lo permitió. En la parte más alta volvió a buscar otro tronco igual de ancho y grande me acomodó allí de nuevo. 



Sunny Black

Editado: 05.06.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar