Reina Efímera ©

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J. Y A.

Abrí mis ojos y una vez más me sentía muy cómoda acostada sobre algo firme que me sostenía con fuerza de la cintura y de la cabeza, veía el cielo nublado menearse mientras avanzaba sin hacer ningún movimiento propio. Alcé la cabeza y me encontré con su pecho fornido, y sus ojos firmes observándome, no tenía su abrigo de cuero puesto.

—Hola, Jon—Saludé con un bostezo.

—Hola, Princesa—

Su contestación fue muy cordial. 

—¿Dónde estamos? — 

Me reincorporé sentándome bien sobre su caballo, hasta entonces me soltó.

—Tiene el sueño muy pesado, ya no estamos en los dominios de Anaul y Borias, desde hace mucho, mucho. 

Observaba a mi alrededor, avanzábamos por colinas altas y grandes peñascos. Seguía bostezando, había dormido muy bien en sus brazos.

El caballo avanzó por largo rato, el caballo se asomó hasta una arboleda, no parecía ser tan frondosa y espesa como los anteriores bosques que habíamos recorrido. Con facilidad el caballo avanzaba entre los gruesos árboles y escasa maleza, había una sensación fuerte de temor al cruzarlo, era como si algún peligro asechara, en sus frondas, bejucos y enredaderas.

—Jon, ¿este lugar es seguro? —Pregunté sin dejar de ver a mi alrededor.

—Claro, tan seguro que no encontraremos a ninguna persona rondando—

Me volví a él horrorizada al escuchar un tono más grave del habitual en su voz.

—¿Por qué dice eso? —

—Ninguna persona se asoma por estos lugares, ya sabe, hay historias muy feas de este bosque, yo que usted no me preocupaba por la habladuría de algunos miedosos.

Sentí un escalofrió recorrerme.

—Jon, no diga eso, ¿atravesamos un bosque prohibido? Eso me dice.

Me sobresalté. Una sonrisa maléfica apareció en su rostro.

—Si todo el mundo lo evita, ¿Porque no hicimos lo mismo?

—Princesa, inclínese— Susurró sin dejar ese gesto divertido en su semblante.

Fruncí el ceño. Sus ojos se posaron al frente y con una sonrisa traviesa inclinó medio cuerpo, me volví y fue entonces que sentí una rama darme en la coronilla de la cabeza.

—Creo que hubiera sido más amable decir “una rama al frente”

Me sobaba la cabeza, mientras él reía aún como nunca antes lo había visto, y eso que algunas veces esa preciosa sonrisa se asomaba. Valía el golpe, para contemplar esa risa. Veía como intentaba reprimir esa risa, sin poder conseguirlo. 

—De acuerdo, la próxima vez, diré “rama al frente”

Fue imposible no alegrarse al verlo tan contento, le sonreí.

Este bosque era más abierto, pero con más lianas, y bejucos, se extendían alrededor de todo el bosque, haciendo un poco más corta la visión. Esa sensación de estar en un lugar prohibido volvió a preocuparme.

—¿Tiene miedo Princesa?

Me observaba con una expresión divertida, no tenía idea de que cara había puesto.

—Bueno, no, pero por algo la mayoría no ingresa a este bosque. Si fuera por mí no habría entrado ni, aunque me pagaran para hacerlo.

Para mi suerte seguía de buen humor, por primera vez desde que lo había conocido esa seriedad no hacía parte de él.

—No hay nada de que temer, es más, estoy convencido de que aquí correremos menos peligro que en cualquier otro lugar.

—Y ¿Cómo lo sabe?

Tragué saliva con dificultad. No contestó su vista se fijó al frente, seguía tranquilo y sereno sin molestarle mis obvias muestras de miedo.

—Jon ¿Qué habladurías hay de este lugar?

—Es muy curiosa Princesa, no entiendo porque le gusta darle vueltas a un asunto que no entenderá y que le causa temor.

—Pues no sé si sea bueno, pero soy así, prefiero saber la verdad.

Se puso serio, pero no como solía ser. Solo estaba inexpresivo observando al frente.

—Hace mucho que dicen que en este lugar hay criaturas y seres que asechan a los seres vivos, es como si tuviera una vida consciente, dicen que el bosque no deja que cualquiera encuentre la salida, que incluso muchos guerreros que han querido cruzarlo han desaparecido, al igual el bosque atrae a muchas doncellas, quienes también nunca vuelven a aparecer. 

Aún tenía la boca abierta mientras sentía el horror a flor de piel.

—Jon, creo que esto es una locura, deberíamos regresar.

—Usted me dijo que quería saber lo que la mayoría de viajeros cuentan de este bosque, así que fue eso lo que le respondí.

—¿Qué quiere decir con eso?

Fruncí el ceño, sin dejar de ver su rostro.

— Que la verdad, bueno a mí parecer, exageran.

Se volvió a mí sonriendo. Me asombró ver que ese buen humor seguía en él.

—¿Exageran? ¿Cómo está tan seguro? Vea a su alrededor Jon, parece sombrío, y vea cuanta neblina, a duras penas se ve algo, cualquiera diría que no es correcto caminar por aquí.



Sunny Black

Editado: 05.06.2018

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