Reina Efímera ©

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Embrujada

Al estar en la cima de una ancha colina, la vista era despampanante, el cielo inmenso, aunque estuviera nublado.

Me quedé maravillada contemplando tan linda vista, se podía mirar el extenso bosque que acabábamos de atravesar como si no tuviera fin. Ninguno de los dos dijimos algo hasta que vi a una distancia no muy lejana, una pequeña casa, por su apariencia se veía abandonada. Mi mayor desconcierto fue que nos detuvimos justo enfrente de la puerta.

—¡Sígame! — Dijo Jon desmontándose del caballo.

Lo vi perpleja. Abrió por la fuerza la puerta y al entrar me di cuenta que efectivamente estaba abandonada.
Jon entró a la casa, revisando habitación por habitación, mientras yo estaba en el pequeño pórtico viendo con horror el interior de la casa, solo con verla me daba una muy mala impresión.

—Es ideal, nos quedaremos. Hay tres habitaciones pequeñas usted dormirá en la del fondo mientras yo estaré en esta—
Dijo señalando una habitación que tenía la puerta entrecerrada.

Por más que quise no pude responderle nada. Entré viendo todo para no caerme pues estaba lleno de telarañas y muy sucio, evidentemente no había habido un aseo en mucho tiempo. Me recorrió un frio muy extraño, un frio que me llegó hasta los huesos, fue una sensación similar a la que sentí en el bosque. No pude contenerme y sin desearlo las palabras comenzaron a fluir.

—Jon, no cree que es un poco irracional, dormir separados, después de todo estamos solos en esta casa, además a noche…

—Insinúa que ¿quiere que durmamos juntos en la misma habitación? —
Alzó una de sus cejas al hablar.

—Bueno, ¿Porque no? Al cabo que usted está aquí para cuidar de mí— Mi tono de voz era suplicante.

—No lo creo princesa— Agregó sin dudar.

No pude entender su respuesta.

—Jon, pero…

—No, Princesa, ya hemos faltado a algunas cosas, es mejor resguardarnos—

Fruncí el ceño. Por un momento tuve la idea de que quizá Jon no estaba muy bien de la cabeza ¿cómo era posible que hubiéramos dormido juntos y ahora no? 

Él se dio la vuelta, yendo al fondo donde había un fogón, algunos recipientes, bueno y eso que solo di un vistazo.

Deambulé por la casa intentando no pensar en nada que me causará temor. Al igual que aquel bosque, la casa me daba una sensación rara, más allá de lo que podía explicar. 
En cuanto sentí el miedo abrazarme preferí salir al pórtico de la entrada para calmarme. Jon ni siquiera se asomó hasta un buen rato después. 

—No hay nada de valor, más que unos sacos de harina y una vasija con aceite, ¿no me diga que les tiene miedo?

Reí a carcajadas con sátira. Me puse de pie observándolo con los ojos achiquitados. 

—¡Que gracioso, Jon!

Me echó la mirada y volvió a entrar a la casa. Lo seguí, y con un nudo en mi garganta aún, me encaminé hasta aquel lugar que sería mi habitación. Empujé la puerta y ésta rechinó. Entré y después de cerciorarme que no había nadie me senté en la cama sigilosamente, la cama era muy cómoda, había pasado mucho tiempo desde que no sentía una cama así de agradable.  Respiré profundamente tratando de armonizar todo lo positivo en mi mente.

Había un pequeño guardarropa, al lado de la cama, lo esculqué, y solo había unas viejas cortinas y dos cobijas. Estaban limpias, las tomé y las coloqué respectivamente en los ventanales y en la cama, sin que esa sensación rara me dejara. Me entretuve limpiando a como mejor pude, al terminar me agaché para acomodar unos almohadones viejos y descoloridos, cuando algo cayó al suelo.

—¡Dios mío! — 

El raro amuleto estaba en el suelo. Tomé el bolso y saqué el pequeño talismán que en el yacía, no se veía desagradable tenía la apariencia de una medalla, pero en el centro era como hecho de tela, y tenía y un cinto obscuro largo.

"¿Tener que poner sangre? ¡Qué absurdo!"
Sentí a alguien observarme fijamente, se erizó mi piel de inmediato mientras una sensación de frio recorría mi espalda.

La habitación era amplia con una gran ventana al frente de la cama, no sabía si era producto de mi mente asustadiza, pero vi alguien asomándose a la ventana, en cuanto fijé mi vista allí, fue como sí una sombra hubiera corrido a toda prisa. 
Quería gritar del susto, pero me intentaba convencerme de que quizá todo aquel miedo me había hecho ver algo que se reflejó desde mi imaginación. Apreté el talismán con fuerza con mis dedos temblorosos.

Sentía la necesidad de sentirme protegida, pero que ridículo era creer que cortándome podría dejar de sentir miedo. Respiré profundamente, necesitaba beber algo de agua.

Estaba tan ensimismada en lo ocurrido que cuando me di cuenta ya había caminado hasta lo que parecía ser la cocina. Con mucho cuidado buscaba algún recipiente. Al lado del fogón vi un jarrón, lo sujeté sin que hubiera en su interior ni siquiera una gota.



Sunny Black

Editado: 05.06.2018

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