Reina Efímera ©

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¡Lo sabía!

El cielo se había despejado, apenas unas nubes negras se aparecían alrededor de la hermosa luna en forma de una sonrisa.

Aun no podía creer que estuviera con vida después de ese salto suicida al acantilado. Aparte de la bella luna, el caballo fuliginoso me hacía compañía, me encontraba a un lado de sus patas, no había otro como él, negro como la noche, enorme y ya lo sentía mi amigo, siempre acompañando a mi dulce tormento al rescatarme. Había aparecido en la orilla de la corriente, cuando me sacó del agua. Al dejarme a salvo volvió a zambullirse en el agua.

Veía hacia todas direcciones, mientras el aire frío me hizo volver en sí, el enigmático hombre salió del agua, apretando en la boca la daga de Tamira y en las manos llevando el talismán. Se dirigió hacia mí, mientras aún veía ese destello en sus ojos. Su figura era preciosa ya tenía más forma humana, la ropa mojada se había ajustado a su buen cuerpo.

Me quedé petrificada mientras que el pecho me brincaba como loco. El enigmático ser se colocó el talismán al cuello y luego envainó la daga en el respaldo de cuero de su bota, me tomó en brazos y me cargó con una simplicidad sorprendente. Estaba más helado que yo, parecía un tempano de hielo. Me dejó sobre el caballo, y de manera cuidadosa se trepó él, no era capaz de verlo a la cara, no de nuevo, aunque su apariencia era fantasmal y sombría, muy dentro de mi corazón sabía que no me haría daño. 

El caballo trotó y gradualmente avanzo hasta ir velozmente. Al sentir la ventisca, se agarrotaron todas mis extremidades. Pensaba en Jon, y la posibilidad que alguien más me hubiera rescatado, muy dentro de mí me negaba a creer que ese ser fuera Jon, y menos que me hubiera dejado a mi suerte con otro extraño, aunque lo viera llevar las riendas del caballo y verlo actuar como solo Jon solía.

El caballo avanzaba de tal modo que parecía que volábamos, iba sentada sobre el lomo del caballo mientras mi espalda descansaba en su cuerpo congelado. Oscilaba de pies a cabeza, sin poder respirar bien por la velocidad, mientras mi mente buscaba cualquier excusa para evitar la aceptación de lo que había visto en el agua. Avanzamos así hasta sentir que se me dormía todo el cuerpo a causa del frío intenso, la ropa mojada, su cuerpo, y el aire dándome con toda su energía.
Alcé mi vista luego de recitar algunas oraciones, se iluminó una planicie hermosa dividida por un cercado, de un salto el enorme potro, lo dejó de un lado, adentrándonos a una granja donde había un enorme granero. Ingresamos al granero, no sabía si por suerte, pero estaba con las puertas abiertas. 

El caballo trotó hasta llegar donde había mucha broza y algunas vacas de lado. Se detuvo por completo frente a unas pacas de broza apiladas y mucha más en el suelo. El hombre se desmontó increíblemente rápido y una vez más me tomó en brazos con un cuidado hasta dejarme sobre varios rastrojos y broza. Los animales seguían en total calma, a pesar de haber irrumpido en su lugar de descanso. No quise verlo a la cara, aunque estaba oscuro pude darme cuenta que se había dado la vuelta yendo hacia el caballo. 

Aunque su presencia era escalofriante, no sentía miedo ni desconfianza, cierta parte mía estaba convencida que ese ser que me había rescatado, no podía ser nadie más que Jon. Mi cuerpo seguía temblando de modo involuntario, divisé su sombra alejarse al dejar al caballo a mi lado.

Antes de que se marchara lo único que pude hacer fue preguntar por Jon sin dejar de tiritar de pies a cabeza exageradamente, aunque muy dentro de mí ya sabía la respuesta.

—¿Jon?

—Estoy aquí— 

Al escuchar su voz, un alivio precedió desde el fondo de mi alma. Indudablemente solo podía ser él quien estaba a mi lado, y si bien tenía mil dudas en mi interior sobre lo que había visto al salir del precipicio, daba gracias al cielo que fuera él.
Se adosó a mi lado y pasó a mis manos ropa seca.  Se lo recibí de inmediato, mientras mis manos seguían temblando. Tocaba la ropa sin creer cómo la había conseguido tan rápido.

—Le parecerá bastante atrevido por parte mía, pero es necesario que se desvista y se cambie de ropa—

Jon, estaba cerca de mí, ya no tenía esa apariencia aterradora. Ni siquiera lo veía en la oscuridad claramente, solo su silueta ante mí. Se me escapó una sonrisita, su propuesta me hizo sentir una pervertida. Sabía que estaba al lado de un caballero con una dignidad inconmovible por lo que no dudé en seguir su mandato, sin embargo, en la oscuridad y mis manos entumecidas me impedían hacer algo tan sencillo como encontrar los cierres del vestido para poder ponérmelo.

—¿Me permite? —Preguntó gentilmente.

—Sí, por favor—

Mis palabras eran apenas audibles, tomando en cuenta mi tartamudeo y castañeo de dientes.

Sus manos estaban tibias de pronto, pude sentir sus dedos tocando mi piel de modo inocente ayudándome simplemente a poder descubrirme, pero mi corazón parecía retozar cada vez más. No fue nada difícil para él quitar el cierre de mi vestido, y por un momento dudé, si solo deseaba que se apartara cuando el vestido no estuviera cubriéndome. Casi fue a la velocidad de un relámpago, no tardé ni siquiera en pensar, y él se había apartado de mí. Estaba completamente desvestida y solo quería tenerlo justo a mi lado, pero no tuve más que vestirme nuevamente. El frio aún me seguía afectando, me entumecía y seguía temblando como si no tuviera control de sí misma. Para mi sorpresa él logró darse cuenta, el cielo se volvió más claro vi su suave luz deslizarse desde una enorme ventana del granero, pude verlo a una distancia prudente viéndome fijamente.



Sunny Black

Editado: 05.06.2018

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