Reina Efímera ©

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Problemas

—¿Porque nos detuvimos, aquí? —Volví a preguntar.

Me hizo señas de que no siguiera hablando, parecía atento a algo, algo que no podía escuchar ni entender.  Esperó un momento antes de seguir.

—Princesa, sé que no se debe interferir en el camino de nadie, pero en esta ocasión haré una excepción.

—¿De qué habla Jon?

Me sentí tan confundida y asustada. No me contestó, avanzó más de prisa haciendo que Bruno corriera como si volará, cambiamos de rumbo dirigiéndonos a la parte más espesa del bosque, Bruno daba de saltos entre troncos y ramas que bloqueaban de vez en cuando el camino.

—Quédese aquí—ordenó amablemente al desmontarse.

Escuchaba gritos y lamentos de alguna mujer a una distancia no muy lejana, ¿Cómo Jon la había escuchado a un alcance inhumano? 

—Jon tengo la impresión de que se trata de algo muy peligroso…

Evidentemente la mujer pedía auxilio. Jon me ignoró, se desmontó y de una de las bolsas de cuero sujetas al lomo de Bruno tomó varias piezas raras, las unió de manera increíblemente rápido y se formó un arco. Tomó otro bolso similar al que contenía su espada, se colocó el cinto del mismo modo, sobre el pecho. Tenía varias flechas, se puso su pesado abrigo con la capilla a la cabeza y se cubrió media cara, sigilosamente fue acercándose hasta la espesura de varios matorrales y maleza, hasta que no lo vi entre tanta espesura.

De verdad que quería quedarme y obedecerle, esperé un momento, pero me venció la curiosidad. Me desmonté de Bruno, y silenciosamente o lo más que pude seguí sus pasos.

Me costó atravesar tanta maleza, pero cuando lo logré tuve que ponerme de rodillas, para no ser vista fácilmente por nadie. Del otro lado de tanta maraña, había una chica asustada tirada en el suelo, tenía el cabello corto y muchas flores adornando su cabeza. Sus ojos estaban mojados por haber derramado tantas lágrimas. Aún seguía atada por las manos y por los pies. No veía a Jon por ningún lado, solo a varios hombres vestidos con grandes capas y con las cabezas cubiertas, hablando al unísono palabras inentendibles, al lado de la chica había una hoguera inmensa. 

Su voz suplicante volvió a ser entonada, pidiendo auxilio, varios hombres la sujetaron con fuerza colocándola sobre mucha madera que estaba sobre la hoguera, que aún no se había consumido, lograron subirla entre varios.

Me cubría lo boca con las manos, para que no se me escapara un grito, estaba a punto de ver un sacrificio. La apoyaron a un inmenso tronco que estaba también bien apoyado en tierra dentro la fogata, la amordazaron al tronco. Parecía que se quedaría sin voz de tanto gritar y suplicar, fue así hasta que uno de los hombres que la había subido, tomó en sus manos un puñal que estaba cerca de la hoguera, veía varias gotas de sudor recorrer la frente de aquella pobre chica, el fuego cada vez consumía más la leña. El hombre hizo un recital, cuando estaba a punto de clavársela en la garganta, una flecha se incrustó en la mano. La jovencita quien tenía los ojos cerrados, lloraba más amargamente.

Todos se aturdieron quietándose aquellas capillas de la cabeza. Se veían unos a otros confundidos. Luego otra flecha se incrustó con precisión en la atadura que había en los brazos de la chica sostenidos al tronco sus manos por encima de la cabeza, se aflojaron hasta entonces, abrió los ojos muy sorprendida. Varios tomaron algunas espadas y observaban a todos lados horrorizados. La chica muy animada, pegó un brinco de donde estaba, pero su salto fue tan corto, que sentí que caería en la hoguera. En ese instante Jon apareció de la nada sujetándola en brazos evitándole que cayera al fuego.

Los ojos de Jon brillaban como aquella ocasión en el acantilado, la soltó dejándola ilesa, mientras todos los demás corrían despavoridos. Jon parecía ser un ser de otro mundo, si asustaba. La chica se quedó tirada en el suelo petrificada. 

—Nunca vuelva a jugar con eso, porque es real, ¡No querrá ser consumida por el fuego eternamente!

Su voz era irreconocible, parecía alguien muy distinto al Jon que conocía. Se apartó de ella de inmediato, mientras gruesas lágrimas se derramaban por las mejillas coloradas una vez más, una mirada de profundo agradecimiento fue precedida por esos arroyos en su rostro, seguía impactada observando la silueta de Jon, que se difuminaba entre la maleza. Hasta yo, que conocía más quien era Jon estaba tan afectada como aquella pobre muchacha.
 

Tuve que volver en sí al pensar que Jon estaría muy pronto a mi lado y lo había desobedecido. Me puse de pie, observando por doquier hasta que lo vi junto a mí, parado totalmente circunspecto con los brazos cruzados, clavándome la mirada, la cual describía mucha inconformidad. 

—Dije que se quedara allí— Profirió señalando hacia la dirección donde se había quedado el caballo.

— Es que, temía que le sucediera algo— Dije sin saber cómo justificarme.



Sunny Black

Editado: 05.06.2018

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