Reina Efímera ©

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Hechicero

Jon parecía guiar el camino. Nigromante nos seguía, iba con Jon, pero no podía dejar de echar de vez en cuando un vistazo atrás y cuando lo hacía, Nigromante alzaba la vista y me sonreía. Mi conclusión fue rara, Nigromante era un hechicero, aunque ni yo misma sabía bien que era realmente.

—¿Jon en realidad conoce a ese tipo? — Dije tan quedito como pude.

—Sí y muy bien— Respondió sin darle mucha importancia. 

—¿Cómo es eso posible? Parece un hechicero.
Sonrió ampliamente.

—Muchos le dirían brujo, mago, adivino, de todas las maneras posibles de definirlo, me gusta la suya, yo le digo Nigromante. Es muy bueno en lo que hace, aunque no lo parezca así.

—¿Y qué hace? —Pregunté aun desconcertada.

—Conoce mucho de la energía del Universo y sus secretos, así le llama él, sabe muchas tradiciones y es un excelente guerrero.

—Jamás imaginé que tenía amigos y menos que fueran tan especiales— No supe definirlo de otro modo.

—Esto de encontrarnos se dio por casualidad, además su padre estará fascinado de que ayude en el Reino.

—¿Lo llevará con mi padre? — Aún no lo podía creer, mi padre me había dicho siempre que las brujas y hechiceros eran seres siniestros que hacían pacto con el diablo y sacrificaban personas, mi padre no lo recibiría, estaba segura.

—Sé que parece absurdo, pero al conocerlo mejor comprenderá, será de mucha ayuda y no solo para mí ahora, sino para todos—Parecía haber adivinado mis pensamientos.
Siseaba para que no me escuchara, pero brinqué en cuanto oí su voz cerca de mí.

—¿Cuánto tiempo llevan sin comer?

En cuanto dijo comer, mi estómago rugió, me volví a él apenada. 

—Mucho, quizá desde ayer por la noche—Contestó Jon sin dejar de ver al frente.

Podía ver al frente el cielo en tonos rosas y naranjas, el sol se escondía entre los pinos más altos que quedaban del lado izquierdo.

—Dale de comer Jon, necesita alimentarse, se ve hambrienta—

Nigromante le pasó una alforja con agua a Jon, quien a su vez me la dio a mí, de la nada aparecieron en sus manos unas mantas pequeñas, hizo lo mismo se las pasó a Jon, y después las recibí.

Jon asintió con la cabeza en señal de que comiera. Las desdoblé y vi pan de maíz, parecía caído del cielo, ¡Cuánto tiempo de no probarlo! Comí tan feliz hasta saciarme, los trozos eran grandes. Llegó la noche y nos encontrábamos aun cabalgando. No entendía cómo hacían ambos para ver con claridad en la oscuridad (ya me había quedado claro que no eran tan normales). En momentos se podía distinguir algunas ramas o árboles, pero rara vez. Me adormecía una y otra vez, abría los ojos en cuanto sentía irme al frente. Esperé hasta darme cuenta que no nos detendríamos.

—¿Jon no descansaremos?

—No, me temo que no.

—Jon no puedo más, tengo mucho sueño.

—Lo sé, Princesa, pero no podemos detenernos ahora, ni toda la noche. Sé que suena raro, pero acomódese, no dejaré que algo malo le pasé—

Me quedé en silencio, me sobé la cara un par de veces, quizá ya estaba soñando.

—¿Princesa?

Sentía sus brazos extendidos a mi alrededor, pero no me sujetaba, esperaba mi aprobación.

—Sí, está bien— Mi voz parecía temblar.

Me recosté y sentí su pecho firme como piedra sosteniendo mi espalda, moví una pierna quedando de lado. Hasta entonces sentí sus manos y brazos fuertes sujetarme con toda caballerosidad, pasó un rato para que aceptara en mi interior lo que acaba de ocurrir. Con mucha delicadeza apoyé una de mis mejillas en su pecho, mientras todo mi cuerpo temblaba y mi corazón se había acelerado. Ese aroma tan suyo, tan exquisito me hechizaba, aún no creía ir así y en sus brazos. No pasó mucho para que el sueño me venciera y me quedara profundamente dormida.

Abrí los ojos al sentir el sol darme en la cara. Nigromante y Jon conversaban, quería moverme y saludarlos, pero me sentí muy tentada a seguir con los ojos cerrados, Jon me tenía sujetada del mismo modo que cuando me había quedado dormida por la noche, me apenó mucho darme cuenta que mis mejillas estaba secas a causa de mi saliva, había babeado toda la noche, quizá por la posición en la que había pasado por tanto tiempo. Me venció la pena y la tentación de oír su conversación, fingí seguir dormida. 

—¡Vaya! Que mal, te compadezco—Exclamó Nigromante, su voz parecía sorprendida.

—Sí es una pena—

—Oye, Jon, sé que no quieres hablar de eso, pero debo decírtelo. Ella es muy diferente a cualquier otra, me refiero a que es hermosa, creo que ella duda mucho de sí misma, pero es fuerte y me parece muy atractiva en todos los sentidos, ¿tú que dices?

—Nadie niega que sea hermosa— Su voz parecía un dulce murmullo—no digas más cosas como esas, ¿Qué pretendes? Quieres que te oiga, tu no conoces lo curiosa que es esta mujer, además mal entenderá tus halagos y mis palabras.



Sunny Black

Editado: 05.06.2018

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