Reina Efímera ©

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Ante ellos


Todas aquellas jovencitas ingresaron con intención de ayudarme a vestirme y darme un baño. Tuve que decirles que no era necesario que por favor me dejaran a solas en esa inmensa habitación. Me obedecieron con tan solo pedírselo.
Al instante oí a alguien llamar a la puerta. 

—Adelante— 

Hasta mi voz logró sorprenderme con ese tono melancólico y vacío de alegría.

En cuanto lo vi entrar, no supe que sentir, al comienzo de mi viaje soñaba con el día de volverlo a ver, pero justo en el instante que estaba frente a mí, solo deseaba que desapareciera. Estaba confundida, enfadada y muy incómoda.

—¡Hija, mi amada hija, es una bendición que estés de nuevo con nosotros! — Vociferó lleno de alegría abrazándome efusivamente.

—¡Padre, te vuelvo ver! — Lo saludé tratando de disimular lo mal que me sentía.

—¡Quiero que te vistas de fiesta! Todo el Reino ansía con verte, ¡imagina cuan feliz está tu futuro suegro y no digamos Esteban! Organizaron un banquete de bienvenida. Sarbelia vendrá por ti en un momento, todos celebraremos nuestra unión como una familia, juntos de nuevo, hija, por fin.

Luego de eso me echó un vistazo de pies a cabeza.

—¿Y ese atuendo? —

Lo vi perpleja sintiéndome tan vacía y frustrada. Ni siquiera me preguntó algo del viaje, o cómo me había tratado Jon, si estábamos bien ambos o si habíamos pasado penas, nada, tan solo era importante porque era nuera del soberano de esas tierras. Me partió el corazón por completo, me sentí como un simple objeto, tan solo deseaba huir.

—No es nada malo si eso es lo que te preocupa padre— Contesté sin describir nada más.

Mi rostro estaba tenso y serio como nunca antes.

—Te veo cariño estás frente a mí, sana y salva eso es lo único que me importa. Te amo hija—
 Me dio un beso en la frente y grandes pasos se encaminó a la puerta.

—No me ves a mi padre, ves tu propia alegría— 

Tan solo me ignoró, se marchó sin darle importancia a nada más que a un estúpido banquete.

En la enorme habitación había tantos muebles, alfombras, cortinas, y sobre todo demasiada elegancia, algo que me parecía demasiado pesado y ostentoso. Me recosté sobre la cama sintiéndome tan vacía, lloraba desconsoladamente. Jon había cumplido, ¿para esto?

Sarbelia entró a la habitación con una prisa que había visto tan solo en Jon.

—Mi niña, el joven quiere hablar con usted—
De un salto me puse de pie y me limpié las lágrimas.

—¿De quién hablas, Sarbelia?

—Hija, me da mucha pena, pero él insiste. Esperó hasta que su padre se marchara para poder verla.

—¡Dios mío! Bien, entiendo, dile que pase, pero antes Sarbelia, no debes decirle nada a mi padre.

—Si mi niña, él no se enterará. 

Salió de la habitación, sin hacer ningún ruido y velozmente. Me sentía nerviosa, pero después de un momento la puerta se abrió. Al asomarse era un joven de cabello rubio, de piel tersa y bien vestido, se veía tenso y nervioso también. Ciertamente esperaba ver a otra persona, pero traté de disimular la enorme desilusión que sentí.

—¡Alexia, que alegría! ¡Eres tú! Perdona, en verdad, no quería ser atrevido ni irrespetuoso contigo, pero necesitaba verte y saber que estabas bien— Saludó con gran afecto, se sentó sobre la cama, justo al lado mío, sus ojos color miel me veían con una alegría indescriptible.

—¡Hola Esteban! ¡Cuánto tiempo!  No por favor, despreocúpate, estoy bien.

Había sido el único que me había hecho sentir querida, después de tanto tiempo. Me abrazó dulcemente, me agradó volver a verlo. Su saludo me confortó, con dulzura sujetó mis dos manos.

—¡Pareces otra! El atuendo es….

Parecía confundido y emocionado ante mis extrañas ropas. Con suavidad quité una de mis manos.

—…un poco revelador, pero es cómodo— Contesté terminando la frase que él había empezado, poniendo mi mano en el pecho.

Sonrió tímidamente.

—Bueno, siendo así, es mejor que salga o corro el riesgo que tu padre si me haga algo, pero me da mucho gusto verte Alexia, no sabes cuánto me he preocupado por ti. Después de las locuras de nuestros padres creo que podremos conversar tranquilamente— Indicó mientras sostenía aun una de mis manos —Te veré en un momento.

Le dio un beso suave a mi mano, se alejó sin apartarme la mirada, hasta que se marchó.
Verlo fue algo bastante diferente a lo que había sentido con mi padre, sabía que Esteban era inocente a cualquier arreglo que mi padre hubiera hecho y en realidad había algo en él que me hizo sentir bien. Pero al tocarme, no lo sé, quizá me perturbo en nada se parecía a la piel de Jon.

Sarbelia entró como flecha y llevaba algo en las manos.



Sunny Black

Editado: 05.06.2018

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