Reina Efímera ©

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Su vida, mi vida

Al amanecer, pedí que me llevaran ante el consejo, y en una audiencia, tratamos de consensar algún tipo de acuerdo para aplazar la ceremonia de coronación, les hice ver lo mal del estado de mi padre. No estuvieron de acuerdo muchos sin embargo la mayoría emitieron su apoyo a mi prórroga.

Había pasado la noche en mi habitación, y no quería ver a Esteban, lo evitaba todo el tiempo. Pero cuando iba de camino a las caballerizas él estaba con Galimatías.

—No te he visto desde anoche— Reprochó algo enfadado.

—Lo siento, he estado ocupada. 

—Tanto que no puedas decirme que haces, te he buscado por doquier. Creí que estabas en peligro.

—Te repito que disculpes, pero tenía cosas que hacer.

—¿Cómo cuáles?

—Si no te habías dado cuenta, mi padre está muy enfermo y unas de mis responsabilidades es hacerme cargo cuando él no está.

—¿Y atender a tu esposo, eso no es una de tus responsabilidades?

—Sí, quizá, pero tengo prioridades, y para una reina primero es su reino y luego los sentimientos. Tengo mucho que hacer, y la verdad lo quieras o no, tendrás que esperar al menos hasta que sea la ceremonia de coronación, y como te conozco mejor, sé que trataras de vengarte y no lo permitiré, dormiré en otra habitación hasta entonces tú y yo arreglaremos nuestras diferencias.

—¿Según tú, cuando es la coronación?

—Aproximadamente en cuatro días. Si me disculpas— Dije yéndome a toda prisa.

Me sentía muy mal, y no estaba como para pensar en Esteban y sus argumentos pasionales. Tenía mucho trabajo sin mi padre todo parecía muy diferente. Para mi desgracia mi padre solo empeoraba. Pasaron dos días desde el día que hablé con el consejo, y mi padre estaba todo el tiempo dormido, ya no comía y pocas veces bebía algo.

Me sentía muy triste no quería ver a mi padre morir no aún. Lo necesitaba conmigo. Fui a su alcoba se encontraba acostado, dormido, estaba más pálido y su rostro era tétrico. Tomé su mano, mientras las lágrimas se desbordaban de mis mejías.

—Cariño, ¿por qué estás triste?

—Padre, no te dejaré morir.

—Hija no voy a morir, solo soy un viejito es la edad, no es para tanto, no es una tragedia— Dijo sosteniendo mi mano.

—Padre, tan solo una vez, debes confiar en mí. Sé que te dará desconfianza mi propuesta, pero es la única forma. No te dejaré partir, me rehusó totalmente.

Mi padre no podía abrir muy bien sus ojos. Se veía cansado.

—Quiero que traigas a Jon devuelta, necesito de su ayuda por última vez, debes estar en la coronación ya mejorado faltan dos días. Debo hacerlo a escondidas de Esteban, no deberán verme los guardias, ni empleados porque corremos el riesgo que me denigren. Pero lo haré padre, y tú vivirás.

—Hija, todo saldrá bien, no es necesario, tú estás lista para hacerte cargo.

—Padre te lo suplico, por favor Jon debe llegar a mi alcoba no a la habitación donde estamos ahora Esteban y yo. “La magia es real”.

Mi padre tomó fuertemente mi mano y le dio un beso.

—Hija dile a Sarbelia que venga necesito hablar con ella.

—Pero, padre.

—No, cariño ahora por favor déjame conversar con ella.

Entre lágrimas y suspiros dejé a mi padre. En mi habitación no encontraba consuelo. En las ventanas observaba las estrellas y por vez primera pude apreciar a Dios en la belleza de la noche y logré entender lo que Jon sentía por él. Era agradecimiento, un profundo agradecimiento por saber que algo más poderoso me veía.

 Es asombroso saber lo pequeña que me sentía al ver algo creado por sus manos, era amor, porque solo eso podría justificar cuanto nos regalaba. Allí ante mí estaba la estrella del Norte.

Sentía que alguien me veía, fue una sensación que no se puede ignorar, voltee a ver a mi cama y Jon estaba parado junto a ella, tenía los brazos cruzados recostado sobre la pared.

—¿Jon?

Me echó la mirada, la cual parecía animada al verme.

—Princesa, disculpe mi atrevimiento de ingresar así a su alcoba, no quería incomodarla, pero su padre me pidió que viniera, en secreto.

No podía creer que mi padre me hubiera escuchado, no sabía de qué manera lo iba lograr, pero sabía que lo conseguiría al lado de Jon, cada vez que lo veía, no podía contener nada de lo que sentía, era imposible entender a mi mente, aunque tenerlo cerca de algún modo me causaba mortificación amaba poder respirar al menos su mismo aire. Todo aquel dolor de sus palabras ya no existía cuando lo tenía ante mí, era como si su presencia y su mirada lo contradijeran todo el tiempo.

—Jon, se trata de mi padre, temo que no vivirá, es su corazón el que está fallando, a menos de que me ayude— Me asomé a la puerta para asegurarme de que nadie pudiera entrar. Jon me veía detenidamente.

—No tema, no permitiré que nos vean.
Asentí con la cabeza.



Sunny Black

Editado: 05.06.2018

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