Reina (soy del Alfa)

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XXXIX.

No sabía si estaba soñando o aquello era real. Los ojos dorados de Axel seguían clavados en los míos y su mano acariciaba con delicadeza mi mejilla mientras con la otra me agarraba la cintura. Él me había dicho que estaba enamorado de mí y me estaba tocando. ¿Qué se suponía que tenía que hacer yo? Yo quería a mi lobo, deseaba volver con él. No tenerlo a mi lado me estaba matando. Sentía un cariño especial por Axel y puede que quizás un poco de atracción, pero nada más.

—Pareces sorprendida, cazadora —susurró, acercándose más a mí—. ¿De verdad no te lo esperabas?

—No —musité—. ¿Cómo iba a esperarme algo así, Axel?

—Quizás debiste suponerlo cuando me sentí celoso de Alec. Él sí podía tocarte y tú parecías tan ...feliz. Él te hacía feliz. Y cuando he visto hoy a Kendall bailar contigo, yo... —suspiró—. Debería controlar mejor mis emociones, pero hoy no he podido hacerlo. Quizás mañana podamos fingir que nada de esto ha pasado, pero esta noche pienso aprovechar cada minuto que pueda contigo... hasta que amanezca.

—¿Y si no quiero fingir que esto no ha pasado? —inquirí—. Prefiero que estés así siempre a que sigas siendo tan frío conmigo.

Axel sonrió con dulzura.

—Me temo que eso no lo decides tú, mi Reina. Debes entender que me dieron una educación y tengo que ser como todos esperan que sea. Hay unas expectativas que cumplir. No te merezco. Nadie te merece ni te merecerá nunca.

No iba a decirle que sí me merecía porque no lo veía apropiado. Yo quería a Eiden y darle esperanzas tontas a Axel no me parecía bien.

—Creo que esas expectativas ya las has cumplido todas y con creces, Axel. No tienes que demostrarle nada a nadie.

—Lo sé. Pero si no soy un cazador, ¿qué soy entonces?

No sabía qué responder a eso, pero al parecer Axel no esperaba una respuesta. Siguió mirándome a los ojos y acariciando mi mejilla, como si no quisiera que acabase jamás aquel momento... y la verdad es que yo tampoco quería. Me sentía bien allí con Axel y quería aprovechar ese pequeño momento porque sabía que al día siguiente todo seguiría igual. No más caricias. No más miradas tiernas. No más sentimientos profundos.

Poco a poco, temiendo su reacción, rodeé el cuello del cazador con mis brazos, salvando la poca distancia que había entre nosotros. Él me abrazó por la cintura, atrayéndome más hacia él. En aquellos momentos mi corazón latía a mil por hora y mi cabeza había dejado de tener el control. Estábamos más cerca que nunca y mi piel tocaba la suya. Era algo extraño, pero mágico.

No voy a negar que sentí la enorme tentación de besarlo, de unir sus labios con los míos aunque solo fuera por unos segundos, pero tenía miedo. Sin embargo, parecía que Axel había pensado lo mismo que yo y él, bajo los efectos del alcohol, no pensaba dejar pasar la ocasión.

Me pegó más a él (si es que eso era posible) y colocó una de sus manos en mi nuca, quizás pensando que yo evitaría aquello a toda costa, algo que quizás debería haber hecho. Sus ojos se desviaron hacia mis labios y mi corazón comenzó a latir aún más rápido. No sabía qué me estaba pasando, pero me daba igual. En aquellos momentos no quería pensar.

Axel acercó mi cara a la suya, haciendo que nuestros labios se rozaran en apenas una caricia que me hizo estremecer de los pies a la cabeza. No pude resistir más, así que lo atraje hacia mí y uní mi boca con la suya en un beso lento y cálido, que poco a poco fue subiendo de tono mientras Axel intentaba cubrir mi cuerpo con el suyo.

Pero todo acaba y aquel beso no podía durar eternamente. Axel me miró a los ojos y deslizó sus dedos por mi mejilla en una suave caricia. Se estaba despidiendo.

—¿Cómo quieres que olvide esto? —le pregunté en apenas un susurro.

—Olvidándolo —me respondió en el mismo tono.

Y después de unos segundos, Axel se fue, dejándome sola con la cabeza hecha un lío y una sensación dolorosa en el pecho.

—Yo no quiero olvidar —musité.

Esperé unos minutos allí fuera antes de entrar de nuevo en la mansión. No quería que todos notaran mis mejillas rojas y mi corazón acelerado, a parte de la expresión dolida en mi rostro. Debía ser fuerte si quería convertirme en la Reina de los cazadores y terminar de una vez por todas con aquellas matanzas sin sentido. Quizás entonces Eiden entendiera por qué me había ido de su lado y por qué tenía que permanecer en aquel lugar. Tenía que salvar a Axel de sí mismo.



La Guardiana

Editado: 01.02.2019

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