Reinos Contiguos

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Primer Día

~Resurrección~

 

 

            «¿Dónde estoy?... ¿Qué hago aquí?... ¿Cómo llegué aquí?... ¿Quiénes son…?». Esas fueron unas de las pocas preguntas que cruzaron rápidamente la mente de un joven blanco de ojos azules y largo cabello rubio que recién se levantaba, ensangrentado, en un extenso campo de batalla, para luego ser repentinamente atravesado por la espalda con una larga y filosa lanza metálica oxidada en la punta. Y tras sentir con mucho dolor como su agresor recuperaba rápidamente su lanza empujándolo hacia delante con su pierna para extraerla, todo le dio vueltas. Al instante un frio intenso le recorrió todo el cuerpo haciéndolo temblar sin control, su visión falló, cegándolo, y fue envuelto sin piedad con el abrazo innegable de la muerte.

 

 

            No podía respirar, pero no lo necesitaba. Sentía sensaciones extrañas e inusuales, pero no sabía qué eran o qué iban a ser. Retomó el conocimiento, pero ahora no podía controlar su cuerpo a conveniencia. Se encontraba ahí, flotando en la nada, en el espacio más oscuro y frío que pudo imaginarse, y en un intento por recuperarse de su inconsciencia intentó una y otra vez abrir sus ojos. Y al comprender que no tenía la capacidad de liberarse de las garras de la muerte, desistió.

            En un momento de su vago e inútil esfuerzo por comprender dónde se encontraba y/o qué le había pasado, una minúscula luz blanca apareció lejos en el vacío, y con extrema rapidez se fue expandiendo hacia él a través del oscuro espacio, llenándolo casi por completo con un tono blanco brillante.

            Ahora también gracias a esa energía podía sentir; comprobó al fin que flotaba. Que lentamente se movía hacia arriba, hacia abajo, de izquierda a derecha, hacia atrás, hacia adelante o verticalmente; a todos lados casi a la par, pero sin rumbo reconocible…

            La pequeña luz que ahora cubría todo el espacio le atravesó al fin los párpados con su inmenso blanco, pero luego le mostró una cantidad incontable de colores. Luego tomó una forma física irregular cuadrada, luego una imperfecta triangular y terminó con una figura esférica visualmente perfecta, y trajo consigo el calor que tanto añora el hombre en los días de invierno.

            El joven agudizó sus sentidos y comprendió que ahora algo le mostraba el camino, mientras que, inconscientemente, lo atraía hacia la luz. Cuando intentó alcanzar la extraña y requerida presencia, tras forzar sus brazos a estirarse y aún con los ojos casi cegados, comenzaron a aparecer detrás de él miles de burbujas casi transparentes que lo sobrepasaban rápidamente una tras otra intentando llegar primero a la brillante y cálida sensación que les brindaba el lejano pero constante resplandor; una que a duras penas él podía sentir, pero que lentamente y de igual forma, lo guiaba ahora conscientemente a su calor.

            Nuevamente se sentía vivo ―y quería pensar en que así lo estaba―, y al haberse acostumbrado a todo lo que no realmente le rodeaba, escuchó la voz de una mujer en su cabeza que como un susurro le dijo; Despierta Héroe, ya es hora.

            La voz comenzó a hacer eco una y otra vez sin cesar haciéndose más y más fuerte a medida que su cuerpo flotaba incontrolable y directamente hacia la luz, y volviéndose luego como repeticiones incesantes las palabras le produjeron un fuerte dolor de cabeza, lo que le obligó a abrir sus ojos de golpe para observar difusamente a una mujer que se encontraba de lado y frente a sus ojos.

            ―Despierta… Héroe…, ya es hora… ―repitió por última vez la mujer antes de caer exhausta de rodillas a su lado, donde él tendía su cuerpo.

            El joven la observó sorprendido y procedió sin reparos a observarla con suma rapidez.

            «Blanca, rubia y de ojos azules, que cliché. Es alta y de contextura  promedio, buena figura… supongo. Que cabello tan arreglado…, está dividido hacia los lados y solo unos mechones sobresalen hacia el frente, y es tan largo que llega hasta el final de su blanca y decorada indumentaria... Una fina y linda vestimenta, ¿Será una monja?... Detrás de ella se encuentran un par de inmensas… ¿alas blancas…?. Sobre sí se posa un doble halo blanco conformado por dos perfectos círculos semitransparentes muy juntos que giran visualmente hacia lados opuestos y de arriba hacia abajo… ¿Qué es todo esto?» pensó descriptivamente, para luego observar a su alrededor girando su cuello y pasando de un lado a otro. «También hay… flores, de muchos tipos, velas inmensas de hasta más de treinta centímetros seguramente, candelabros de cobre cerca de las entradas, de plata en los costados y oro sólido por aquí, crucifijos… tanto de madera como metálicos. Bancas de madera, y un gran círculo alrededor de este… ¡¿estoy en un altar?! Que está hecho de piedra de mármol. ¿Es una iglesia?». Analizó rápidamente, pero siguió pensativo, perdido, y cada vez más confuso por todo lo que veía. Su corazón comenzó a latir cada vez más rápido por comprender que seguía vivo, pero más que nada por la incertidumbre de los acontecimientos. Se vio forzado a girar nuevamente la cabeza hacia la mujer, que otra vez volvió a llamarlo por el nombre que le había dado, para que reaccionara a su nueva realidad.



Lyonel Kingston

Editado: 02.07.2019

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