Relatos de Muerte con Sabor a Vida

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INCOMPRENDIDA (PRIMERA PARTE)

ESTE RELATO E UN POCO LARGO, Y UNO DE LOS MAS RAROS DE LOS QUE HE ESCRITO. ESPERO QUE LOS MENSAJES DENTRO DE ESTAS LLEGUEN A SER ESCUCHADOS, QUIEREN SER ESCUCHADOS. 

ESTE RELATO ESTA DEDIACADO A ANA, UNA GRAN ESCRITORA. NUNCA DEJEN DE SOÑAR .

 

1

El romántico olor de las rosas perduran todo el día pero su perfume se siente con más fuerza por las mañanas.

Unas hábiles manos trabajan en un precioso jardín, en él se puede encontrar gran variedad de flores y helechos, sin embargo en el centro de todo ese verdor se alzan como arcoíris un grupo rebosante de rosas, desde el blanco más pálido hasta el negro más profundo pasando por supuesto por el apasionado rojo y el esperanzador amarillo. Es difícil no perder los ojos en aquel encantador paraje, de a poco se han convertido en el centro de atención del barrio y también en parte de las habladurías ególatras de mujeres que no tienen actividad más interesante que el chisme.

El teléfono de la sala retumba tras el primer timbrazo, Isabela deja los guantes de jardinería sobre una pequeña silla y corre serpenteando las plantas. Contesta con voz fatigada, abriendo los ojos hasta el tope al escuchar la noticia.

Resignada cuelga el teléfono, dirigiéndose luego a la cocina para beber un vaso de jugo. Se deja caer en una silla, pensativa y extrañada, sierra lentamente los ojos.

— “¡cómo es posible mandar a su hijo a la escuela sin nada de comer! ¿Qué clase de negligente madre es usted?”

La extraña pregunta del director causo un nudo en su garganta imposibilitándole poder contestar en ese momento

Recuerda perfectamente como horas antes envolvía en papel aluminio dos emparedados de pavo colocándolos después en la lonchera de su pequeño. ¿Negligente? Su orgullo queda aplastado bajo el peso de una palabra, más aun cuando presume ser la mejor madre entre sus hermanas y amigas.

Abre los ojos lentamente parándose con cuidado, el moretón en su abdomen todavía está fresco y emite una punzada con cualquier apresurado movimiento. Pone a hervir agua en una olla, sacando de la nevera algunos vegetales. Mientras se cocina el estofado también prepara el regaño a su hijo, una pregunta también se va cocinando en su mente ¿Qué paso con la comida que le envió?  

Las cautelosas pisadas de Adrián son casi imperceptibles en la sala, Intuye una posible llamada del director a casa cuando en el recreo descubrieron por primera vez una parte de su secreto, necesita tiempo para pensar en una respuesta inteligente.

Toca con la punta del pie el primer escalón pero es detenido por una voz proveniente de la cocina

— Adrián, ven un momento.

La voz trata de ser dulce.

Cuando abre la puerta encuentra a su madre de brazos cruzados. Adrián baja inconscientemente la cabeza esperando el regaño. Recibe a cambio una pregunta.

— ¿Qué paso con la comida que te envié?

Incapaz de responder, cabizbajo, comienza a juguetear con los dedos. No se le ocurre ninguna excusa.

Isabela repite la pregunta. No recibe respuesta  

— Hasta que no me lo cuentes estas prohibido de ver la televisión, ahora ve y lávate las manos…

Comen en silencio. El tercer plato en la mesa ya está frio cuando ambos se levantan a fregar los cubiertos. El padre de Adrián aún no ha llegado cuando este se encierra en su cuarto.

Una ráfaga de frio viento se cola en la sala junto a una gran sombra. Este se deja caer en el sofá prendiendo la televisión sin notar la presencia de un ente que a lo lejos lo observa.

— ¿Dónde estuviste? Son más de las ocho de la noche.

— déjame tranquilo mujer. Hubo una reunión de última hora en la compañía.

— Últimamente hay muchas reuniones de última hora. Javier no debe participar en ellas ya que siempre llega antes a casa.

La pantalla de la televisión se apaga. El hombre abandona el sofá y pasa cerca de Isabela, sin mirarla, se detiene un momento.

— recuerda quien trae el dinero a esta casa, no metas tus narices en cosas que no entiendes. ¿De acuerdo?

Espera hasta el “si” de su esposa para pasar al comedor y calentar su comida.

A la mañana siguiente cuando la soledad resonaba en las paredes, las noticias en la televisión relataban otro caso de feminicidio: El conviviente de una chica de dieciocho años la había asesinado en un ataque de celos.

“otro más, ya nada me sorprende”

Pensó mientras tomaba el mando y apagaba el equipo.



fenix azabache

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En el texto hay: desamor, amor, esperanza y conflictos

Editado: 30.09.2019

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